John Irving. Foto: Katherine Holland

John Irving. Foto: Katherine Holland

Letras

John Irving, escritor: "Netanyahu se aprovecha de la estupidez de Trump para su guerra en Oriente Medio"

El autor de 'Las normas de la casa de la sidra' reconstruye la creación del estado de Israel a través de la protagonista de su nueva novela, 'La reina Esther'.

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John Irving (Exeter, New Hampshire, Estados Unidos, 1942) fue estudiante en la convulsa Viena de los años 60. Su compañero de habitación era judío y fue quien le abrió los ojos del antisemitismo, que él mismo sufría en sus carnes. Desde entonces, no ha tenido reparos en reivindicar "el derecho de Israel a defenderse".

"Mientras estaba escribiendo esta novela, siempre pensé que para este querido amigo sería su novela preferida. Sin embargo, cuando volví a Jerusalén en 2024 a constatar los hechos, él ya había fallecido", ha relatado el autor de El mundo según Garp (1976) en una rueda de prensa concedida a los medios de comunicación españoles.

La novela que nos ocupa, a la que se refiere, es La reina Esther, recién publicada en Tusquets, en la que su protagonista es una huérfana, adoptada por una familia de New Hampshire, que acaba siendo determinante en la creación del estado de Israel. Jimmy, su hijo, estudia en Viena, como Irving, y también acaba siendo abandonado por su madre.

"La novela había preexistido a los acontecimientos del 7 de octubre de 2023", desvela Irving, en alusión a los ataques de Hamás en territorio israelí, detonante de la guerra que Netanyahu libra en Gaza. "No es una novela contemporánea, pero lo que cuenta es efectivamente una premonición de lo que realmente acaba pasando, y por eso la escribí", aclara el autor del guion de Las normas de la casa de la sidra (1999), protagonizada por Michael Caine y basada en su propia novela Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra (1985).

"No escribo sobre temas contemporáneos –aclara Irving–, pero escribiendo sobre la historia, es bastante posible que esté pasando o esté a punto de pasar". Y es que, en el momento en el que acaba esta novela, en 1981, el autor estuvo en Israel. "Tenía toda la simpatía hacia esos primeros sionistas que se vieron con la necesidad de fundar el estado de Israel", confiesa.

Irving entonces estaba "en compañía de editores europeos con vínculos con el judaísmo y de judíos no practicantes de izquierdas que ya eran críticos con la presencia de judíos en Gaza y Cisjordania". Ya atisbaban que aquello "podía contradecir las posibilidades de coexistir en dos estados", explica el escritor, que volvió a Israel en 2024 y comprobó, a través de los lectores israelíes y los editores judíos que tenían vínculos con Israel, que "ese conflicto permanente" que él ya había intuido "ya era una realidad".

A pesar de su inclinación al sionismo, Irving es consciente de que "la guerra actual en Oriente Medio es la guerra de Netanyahu". "Es la guerra que ese torpe de Trump ha alentado", matiza, pero "Netanyahu ha utilizado a Trump en su beneficio, se ha aprovechado de su estupidez y de su tendencia autoritaria". Ahora bien, no piensa derramar "lágrimas de cocodrilo respecto al régimen iraní o Hezbolá, otro grupo terrorista fundado y armado por Irán", señala.

"Hay gente en Estados Unidos que no está formada para reconocer el fascismo de Trump"

Con el presidente de Estados Unidos, cuya llegada al poder en 2016 propició su traslado a Canadá, se muestra inclemente. "Es un fascista y me perturba decir que hay gente en mi país que no está formada para reconocer el fascismo".

No obstante, los ataques más demoledores están dirigidos a los legisladores "cobardes" que ocupan sus tribunas en el Congreso y el Senado en Estados Unidos y "permiten a esos fascistas, con ese autoritarismo propio del fascismo, todos sus excesos". "Espero que los legisladores hagan su trabajo, pero les falta el valor y la moralidad para hacer eso para lo que fueron elegidos", lamenta.

A Irving le preocupa, además, "que el fascismo esté volviendo a Europa", aunque no le sorprende que Orban y Trump sean amigos. "Führer Trump ha abusado de sus prerrogativas y de los aliados en mi amado país de origen. Los Estados Unidos ya no es un país democrático, sino autoritario en manos de Trump", ha sentenciado.

A sus 84 años, era inevitable preguntarle por el futuro de su narrativa. "Me gustaría pensar que las novelas, a medida que me voy haciendo mayor, van a ser cada vez más cortas", ha vaticinado. Él, que ha emprendido no hace tanto historias que superan las mil páginas –El último telesilla (Tusquets, 2023)–, confiesa que escribe el final antes de empezar. "Y esa parte requiere mucho tiempo", apunta.