László Krasznahorkai. Foto: Acantilado

László Krasznahorkai. Foto: Acantilado

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Crítica de 'Herscht 07769': el nobel Krasznahorkai alerta del regreso de los lobos nazis en su nueva novela

El escritor húngaro se sirve de una tragedia local para subrayar la creciente amenaza global en su primera obra tras la concesión del Nobel.

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Los excelentes narradores, y entre ellos figura sin duda el premio nobel húngaro László Krasznahorkai (Gyula, 1954), son capaces de retratar un micromundo que refleje o entregue el mundo entero. Eso es precisamente lo que hace el autor en Herscht 07769, que lleva por subtítulo La novela bachiana de Florian Herscht. En este caso, el micromundo es un pequeño pueblo de la Turingia alemana, Kana, un lugar imaginario cercano a localidades tan reales como Jena, Erfurt o Leipzig.

Cubierta de 'Herscht 07769' (Acantilado)

Cubierta de 'Herscht 07769' (Acantilado)

Herscht 07769

László Krasznahorkai

Traducción de Adan Kovacsics
Acantilado, 2026
424 páginas. 26,60 €

La narración transcurre durante los últimos años de gobierno de la canciller Angela Merkel. La cita inicial afirma que "la esperanza es un error", por mucho que en la página 269 la señora Ingrid se empeñe en decirle a una amiga: "El ser humano es así, las personas confían mientras viven".

Lo cierto es que Kana es, en el momento de la acción, una pequeña ciudad desesperanzada y asustada, un espacio donde, como en muchos otros lugares de la antigua Alemania del Este, se da un resurgimiento de grupos neonazis escudados en las condiciones laborales, económicas, sociales... No son pocos los que salen adelante trampeando con trabajos ocasionales y recibiendo el célebre subsidio Hartz 4.

El protagonista, Florian Herscht, es en principio un joven ingenuo, enorme y de gran fortaleza física, que trabaja para un personaje, "el Jefe", que lo rescató de un centro de menores y le proporcionó una vivienda y un empleo en tareas de limpieza urbana (retirada de grafitis, reparaciones…).

La fidelidad y el agradecimiento de Florian son incondicionales, por mucho que "el Jefe" sea a la vez un tipo tiránico de ideología neonazi, que todo lo ve y todo lo sabe y que se reúne en un local con su grupo, "el batallón", preparando el momento de entrar en acción, pues vive obsesionado con el desmoronamiento de los sagrados valores alemanes y la necesidad de retornar a tiempos pasados, cuando los trenes eran puntuales y todo tenía sentido salvo las malas carreteras.

En su Opel, mientras van y vienen a limpiar grafitis de los muros, hace a Florian aprenderse y cantar el viejo himno nacional, las tres estrofas, y no solo la última y única que hoy en día se considera constitucional.

Si la novela lleva por título Herscht 07769 es porque ese es el número del apartado de correos de Florian, que asustado por una posible catástrofe planetaria escribe sucesivas cartas a la canciller Merkel, que envía desde la estafeta de correos de Kana, esperando una respuesta política e incluso una convocatoria del Consejo de Seguridad Mundial y, sobre todo, que sus cartas no se pierdan en el laberinto burocrático.

Un profesor de física y meteorólogo, el señor Köhler, a cuyas clases asiste Florian en la escuela para adultos, le ha explicado la paradoja de que el universo surgiese desde una gran explosión después de que la lucha entre partículas de materia y de antimateria se desempatase a favor de las primeras, algo inesperado, originado desde una especie de vacío.

La física de partículas, la posibilidad de que ahora o en el futuro ocurra lo contrario y triunfe la antimateria y todo salte por los aires, es el móvil para que el protagonista inicie su desesperada correspondencia con Merkel (doctora en Físicas) e incluso un viaje a Berlín con la esperanza de ser recibido por la canciller.

Krasznahorkai traza una gran sátira social y denuncia el posible regreso de los "patriotas" tatuados con cruces de hierro

Hay toda una metáfora que subyace en el libro entre la oscuridad que puede cernirse sobre todos a nivel planetario (por la "indefensión y absurdo del universo") y la amenaza real, la "gran fuerza destructiva" de estos nuevos lobos que reaparecen para acabar con el sistema y con las libertades.

Los lobos reales de los montes discurren aquí en paralelo con estos otros lobos de ciudad, una peligrosa manada de descerebrados (Fritz, Karin, Jürgen, Gerhard, Andreas…) que esperan "el día X" para manifestarse plenamente ("no querían circo, querían guerra"). Diferentes atentados contra edificios que tienen en común la figura de Bach, grafitis sobre muros de museos, iglesias, molinos o en la fachada de la casa natal del gran músico… suponen el detonante.

Krasznahorkai traza una gran caricatura y una sátira social, pero también expresa con seriedad la necesaria denuncia del posible regreso de estos "patriotas" tatuados en el pecho con águilas y cruces de hierro. Al leer esta novela vienen a la memoria otros libros-advertencia, como aquel A paso del cangrejo, de Günter Grass, en el que la tercera generación, después de dos guerras mundiales y de la caída del Muro, repetía los errores del pasado.

En un principio, el gigantesco Florian, el "huérfano zumbado", es un joven pacífico que acepta el carácter violento del Jefe como "destino", como mal menor de un hombre generoso. Krasznahorkai retrata a la perfección esta ciudad del Este de Alemania, con "los peligros de enrocarse en una explicación simplificada del mundo" y de sustituir el pensamiento por los meros instintos.

En el microespacio de Kana los habitantes no van mucho más allá de la estafeta de correos, del bar de la gasolinera, el café Herbst o el Grill de Ilona, y las diversiones se agotan en mirar el río, tomar un bockwurst con la cerveza o el refresco, o celebrar el uno de mayo con una orquestina.

Hay en esta obra un gran manejo del ritmo narrativo, un oído afinado para el lenguaje coloquial y los modos de hablar cotidianos, un excelente retrato de la manera de ser y de pensar de los atemorizados miembros de la pequeña comunidad, con sus hipótesis, sus secretos, sus silencios: el señor Köhler, los Ringer, los Feldmann, Nadir, la señora Hopf, el Encargado, el agente forestal, las vecinas Schneider y Burgmüller …

La música de Bach aparece como consuelo, como reino y camino hacia el reino, como estructura estable y eterna, "sin mácula", frente a la inestabilidad general de los seres humanos. El autor se vale del buen suspense (la desaparición de ciudadanos, una serie de atentados y asesinatos…) para agilizar el conjunto y sumergirnos en esta tragedia local e individual que a la vez quiere alertarnos de la creciente amenaza global y del horror de vivir en el miedo.

Cotidianidad y misterio se entrelazan hacia un crescendo final tan desbocado como la propia violencia que estaba en germen desde el inicio, aquella que reside siempre en las "ideas inhumanas". László Krasznahorkai plantea una seria cuestión de fondo, si bastan el Estado de Derecho, los gobiernos federales o locales para impedir el resurgimiento de los extremismos.