La escritora Cristina Rivera Garza. Foto: Marta Calvo

La escritora Cristina Rivera Garza. Foto: Marta Calvo

Letras

Cristina Rivera Garza, escritora: "La guerra contra el narco en México es hoy una guerra contra los pobres"

La autora ganadora del Pulitzer con 'El invencible verano de Liliana' reedita en España la novela que la consagró como escritora, 'Nadie me verá llorar', sobre una mujer encerrada más de 30 años en un manicomio.

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En 1999, Cristina Rivera Garza (Matamoros, Tamaulipas, 1964) publicó Nadie me verá llorar. La novela fue definida por Carlos Fuentes como "una de las obras de ficción más notables de la literatura en castellano de la vuelta de siglo". La ganadora del Premio Pulitzer en 2024 con El invencible verano de Liliana narra aquí la historia de Modesta Burgos, una mujer encerrada más de 30 años en un manicomio.

Ahora Random House recupera el libro en España, con los escritos que muestran la incontenible rabia de Modesta ante un tiempo incierto, cruel e inicuo que, de alguna manera, sigue siendo el nuestro.

Tras el éxito de El invencible verano de Liliana, Rivera Garza ha abandonado temporalmente su cátedra en la Universidad de Houston para disfrutar de un año sabático que ahora la encuentra en Ciudad de México, megalópolis que ama. Allí, vía "zoom", conversa con El Cultural sobre Nadie me verá llorar, aprovechando el relanzamiento en España de la novela que la hizo escritora: aunque antes había publicado un libro de cuentos y escrito dos novelas primerizas "que jamás verán la luz", en 1999 Nadie me verá llorar cambió su vida.

Pregunta. ¿Es cierto que sus investigaciones sobre Modesta Burgos, la protagonista de la novela, comenzaron mientras preparaba su tesis doctoral?

Respuesta. Sí, la escribí tras una investigación muy larga y minuciosa de los expedientes médicos del inmenso manicomio La Castañeda, fundado en 1910. Así encontré el expediente de Modesta Burgos, que contenía veintidós páginas con su letra manuscrita, escritas mientras estuvo internada en el psiquiátrico.

»Eran páginas que contenían un lenguaje incendiario, muy crítico ante la sociedad, y en especial ante las condiciones del establecimiento, y me parecía que tras esa rabia, esa conciencia crítica de su tiempo, estaba alguien muy alerta y para quien el mundo en el que fue creciendo, que es el mundo de la Revolución mexicana, representó un montón de riesgos y de peligros.

P. Además de su lenguaje, ¿qué fue lo que le atrajo más?

R. Sobre todo que una supuesta enferma mental de principios del siglo XX, que además había ejercido la prostitución, supiera escribir. Me conmovió su asombrosa insistencia en expresarse, su certeza de que su voz era importante y debía de ser escuchada. Una vez que leí sus notas no pude escapar, me sedujo. Además, sus escritos nos ayudan a entender las relaciones de poder en el México de esa época.

P. Han pasado veintiséis años de la publicación del libro: ¿cuál es el secreto de su asombrosa actualidad?

R. Fíjese que Modesta y el otro gran protagonista del relato, Joaquín Buitrago, se encuentran en un momento clave, de gran transformación, en la vida de México. Creo que cuando estas vidas cotidianas se enfrentan al reto de transformaciones tan profundas nos hablan de manera muy cercana a lo que estamos viviendo.

»Me refiero a la vida de sus cuerpos y de sus emociones, y a su mirada sobre las desigualdades de género, sobre la capacidad del cuerpo para resistir y para incluso proponer otras formas de vida. Una cosa interesante del libro es que ahora hablamos más de la enfermedad mental, pero en 1999 todavía era casi un tabú. En ese sentido, creo que este puede ser el mejor momento para la novela.

P. También le impresionó su rabia.

R. Sí, estoy convencida de que la rabia de Modesta, su manera de interpelar a los médicos, a los generales, a la gente en el poder, se parece mucho a la rabia de las movilizaciones feministas de la época contemporánea. Incluso me resultaría fácil imaginar a Modesta en alguna marcha del 8 de marzo, en Madrid o en la Ciudad de México. Tanto en la forma como en el contenido, es un libro que se comunica muy bien con el presente.

P. Habla de la furia de Modesta. ¿De dónde nacen su altivez y su ira, sus ansias de libertad? ¿Cree que ahora las lectoras más jóvenes pueden identificarse mejor con ella, y con su búsqueda de amor y de sentido?

R. Sí, y con su búsqueda de autonomía y de libertad. Yo creo que el manicomio exacerba condiciones de falta de poder, de desigualdad intrínseca y estructural, las pone muy a la vista, y Modesta respondía ante esas limitaciones. Era además una migrante que venía de Veracruz, que llegó muy joven a la gran ciudad, y que intentó sobrevivir en un mundo muy hostil y muy cambiante.

"Uno de los logros de este siglo ha sido la producción de un lenguaje del que antes carecíamos para hablar del feminicidio"

P. El libro se sitúa a principios del siglo XX, en vísperas de la revolución de Pancho Villa y Zapata. ¿Qué tiene que ver ese momento con México actual?

R. La novela plantea cómo lo hacemos la gente de a pie, no los generales, ni los empresarios o los poderosos, para sobrevivir en circunstancias extraordinarias, y creo que es una pregunta que sigue siendo importantísima hoy en un mundo en el que cada día resulta más difícil entender incluso qué es real y qué no lo es.

P. El libro es muy sensorial y tiene una gran carga poética. ¿Se trata de un efecto perseguido o es que en el fondo es una poeta y no puede evitarlo?

R. ¡Qué bonito! Ojalá, sí, fíjate que me gustaría pensar que son las dos cosas. Creo que una de las cosas que la literatura le ofrece a la conversación contemporánea es su énfasis en el detalle concreto, aquel que apela a nuestros sentidos, a tu cuerpo de lector, de lectora, y de transportarte, de hacerte sentir que tú eres parte de otro. Esta capacidad es una de las muchas virtudes, tal vez la más poderosa, de la literatura.

»Y por otra parte, yo leo mucha poesía, me encanta, me problematiza, me obliga a hacer preguntas para las que con gran frecuencia no tengo respuestas, pero sobre todo lo que me atrae es esa capacidad de incidir, de investigar en el lenguaje, en sus límites, y en la manera de transgredirlos.

P. ¿Por qué parece que tantos crímenes contra las mujeres siguen quedando impunes en México?

R. En México y en el mundo. Yo creo que en eso la pensadora argentina Rita Segato tiene razón cuando asegura que hemos vivido por generaciones una guerra desatada en contra de las mujeres. Por eso creo que las palabras de Modesta Burgos me resultaron a mí muy interesantes y atrayentes, porque contestan, porque retan a esa visión reducida de la violencia acerca de las mujeres. Y yo creo que esa es otra liga que trae la novela muy directamente hasta el presente.

P. Sí, pero ¿por qué?

R. Las respuestas son muchas y muy variadas, pero están en la misma estructura patriarcal que nos rige en cosas tan básicas como la explotación del trabajo doméstico, la falta de oportunidades de educación, aunque creo que en la actualidad esta violencia se traduce de manera muy palpable en una agresión que explota esas desigualdades de género que están en la base misma de los casos de violencia extrema feminicida.

»Creo que hemos logrado mucho en lo que llevamos del siglo, que los movimientos feministas han logrado, al menos en México, poner en el centro de la conversación pública la violencia de género, pero que se hayan logrado tantas cosas nos indica también lo mucho que todavía hay por hacer.

Cristina Rivera Garza. Foto: Marta Calvo

Cristina Rivera Garza. Foto: Marta Calvo

P. ¿Cree que, si su hermana Liliana hubiese sido asesinada por su exnovio ahora y no hace 30 años, este habría entrado en la cárcel para pagar su crimen?

R. Bueno, creo que uno de los grandes logros de este siglo ha sido la producción de un lenguaje del que antes carecíamos y con el que podemos compartir historias de violencia. La misma creación de un término como feminicidio, que es un concepto legal en algunos países, no en todos, nos ha ayudado a identificar el mal y a protegernos.

»Yo también me pregunto si este tipo de violencia es la que seguramente le tocó sufrir a Modesta Burgos a inicios del siglo XX. Claro que no había este tipo de lenguaje que aludiera a las tremendas desigualdades de género. Y creo que igual su manera de ir detectando esa violencia era esta rabia crítica con la que veía el mundo constantemente.

»Este nuevo lenguaje no implica que haya más justicia, pero al menos hay una manera más evidente, más clara, en la que podemos trabajar todos juntos para poder detener la violencia.

"Yo veo en Estados Unidos más violencia y más corrupción que en México. Es un mundo que se vuelve fanático y oscuro"

P. Ahora que está en México, ¿tiene la sensación de que ha disminuido algo la corrupción y el imperio de los narcos?

R. Es interesante que mencione mi año sabático, porque donde yo veo más violencia y más corrupción y un mundo que se vuelve más oscuro y fanático y con una crueldad sin límites es en los Estados Unidos. De hecho, pedí mi sabático porque creo que muy pronto van a dejar de existir los sabáticos y otro tipo de garantías y de libertades que un país que se supone que responde a los valores democráticos tendría que garantizar, pero yo creo que cada vez lo hace menos y me preocupa y me asusta.

»También creo que México tiene una tarea pendiente muy grande respecto a esto que se dio por mal llamar la guerra contra el narco y que, con los años, se convirtió en una guerra contra los más pobres. Por eso va a requerir la voluntad transtemporal, para poder acabar con una violencia que es endémica y que está tan relacionada con los patrones de adicción del vecino del norte, de Estados Unidos, y también con sus patrones de explotación económica, con la exportación y venta ilegal de armamento que también viene de Estados Unidos.

P. Nadie me verá llorar aborda también el tema de la salud mental. En España fuimos especialmente conscientes durante la pandemia. ¿Reconocen en México la vulnerabilidad de tantos, cuentan con medidas eficaces para tratar estos problemas?

R. Lo cierto es que ha habido una tendencia a patologizar y a criminalizar al paciente diagnosticado con enfermedades mentales. Otra cosa es que estas enfermedades se han transformado mucho. Por ejemplo, a finales del siglo XIX, inicios del XX, a una mujer como Modesta Burgos, que trabajaba en la calle sola, que no vivía en una familia nuclear heterosexual, resultaba muy fácil diagnosticarla con todo tipo de achaques mentales. De hecho, su propio diagnóstico, se transformó varias veces, pasando de la "locura moral" a la esquizofrenia.

»Sin embargo, estos diagnósticos nos hablan más de la sociedad que hace el diagnóstico que del paciente en sí, y en el caso de mi lectura de los documentos de Modesta era claro que esos diagnósticos pasaban por consideraciones de género evidentes. Creo que, en general, en nuestro mundo contemporáneo tenemos una crisis enorme y la necesidad de entender de maneras, digamos, críticas y sensibles, el rango tan amplio de afecciones mentales que padecemos.

»Ahora por lo menos las nombramos de manera clara y ya han dejado de ser tabúes, pero sigue requiriendo de una voluntad real del Estado para hacerles frente, de financiamiento y también de un pensamiento cada vez más amplio, más flexible, más crítico, de qué es salud mental.

P. Hace casi dos años recibió el Pulitzer por El invencible verano... ¿Ha cambiado mucho su vida, su estrategia como escritora? ¿Ha sentido quizás el abrazo de lectores inesperados, mientras a su vez abrazaba a tantas familias que han vivido dramas como el de Liliana?

R. Me gusta mucho que utilice la palabra 'abrazo'. ¡Ojalá este Pulitzer ayude a hacer más presente una conversación muy necesaria sobre esta violencia letal de género que es el feminicidio! Y ojalá también que las familias que han perdido mujeres queridas debido a casos de violencia de género, se sientan acompañadas con el libro.

»Que Liliana haya sido tan bien acogida, tan bienvenida a las familias, a los corazones de tantas personas, me emociona y me conmueve, es un regalo muy grande. Y sobre el premio, lo que ocurre es que te echa mucho trabajo encima, y hay un montón de compromisos que espero que disminuyan con el tiempo para poder regresar a mis hábitos de escritura, que, por otra parte, no han cambiado mucho.

"A lo ancho y amplio del habla hispana hay nuevas generaciones de escritoras que nos llenan de emoción por otro futuro"

P. Usted es catedrática en la Universidad de Houston. ¿Esperaba que el presidente Trump llegase tan lejos en su política contra la migración latina?

R. Mis peores expectativas se han visto sinceramente rebasadas. Pero no ha sido una sorpresa, esa fue la plataforma con la que ganó la presidencia la primera y la segunda vez: el racismo, el aislamiento, el rechazo radical y violento hacia el otro, el antifeminismo, el antimujer. Digamos que no es nada que no nos haya dicho. Lo que me ha asombrado es su falta de límites, el hecho de que ni el Congreso ni el Senado le hayan frenado.

P. Claro, porque, paradójicamente, el presidente que quería el Nobel de la Paz ha incendiado Oriente Medio.

R. Creo que la razón de tanta violencia es que su popularidad va de bajada y las elecciones de medio mandato se avecinan en noviembre. Yo miro con asombro la fuerza de la crueldad desatada tanto en la política interna como externa de Estados Unidos, y estoy tratando de entender. Vivimos un momento que exige mucha responsabilidad y mucha solidaridad con todos los que sufrimos el ataque de las políticas estadounidenses no solo dentro de ese país, sino en Palestina y ahora en Irán.

P. Afortunadamente, existe una promoción de jóvenes narradoras mexicanas, y latinoamericanas, de asombroso talento. ¿Con quiénes se identifica (Guadalupe Nettel, Fernanda Melchor, Brenda Lozano, Valeria Luiselli...)?

R. ¡Qué bueno que me haga esta pregunta, después de conversar de tantas cosas negativas, para poder hablarte de cosas emocionantes que nos hacen ver con esperanza el futuro! A lo largo de América Latina y del mundo en español hay escritoras de una gran valía y diversidad. Fíjese que ahorita me pongo a pensar en las escritoras tan jóvenes que ha congregado Gabriela Wiener en el sello Yegua de Troya, con una gran capacidad de expresión y con temas que van directos al corazón del presente de Sudamérica.

»También me interesa muchísimo lo que hacen colegas como Cabezón Cámara, pero además hay autoras mucho más jóvenes que son grandiosas, como Marina Azahua, que acaba de publicar una novela que se llama Archivo Agonía, Daniela Herrera, y, bueno, está una poeta sensacional que acaba de publicar su primera novela, Malacría, Elisa Díaz Castelo.

»Estamos viendo esta continua y diversa producción de nuevas generaciones en todo lo ancho y amplio del habla hispana, y eso sí nos debe llenar de esperanza y de emoción por otro futuro posible.