Juan Gómez Bárcena. Foto: Sara Fernández

Juan Gómez Bárcena. Foto: Sara Fernández

Letras

Juan Gómez Bárcena: "Nunca me conoceré del todo, solo entiendo plenamente las cosas cuando las escribo"

El escritor publica 'Abril o nada', la historia de un hombre que intenta viajar en el tiempo para volver al día en que enseñó a su hija a bucear.

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Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) llega casi corriendo al castizo bar Muñiz, donde hemos quedado para la entrevista. Sonriente, callejea contento por un Madrid que ya ha hecho suyo.

Está feliz, a punto de iniciar la promoción de su nueva novela, Abril o nunca (Seix Barral), que nace, nos cuenta, "de llevar un poco más allá el accidente que Marta [Jiménez Serrano] y yo vivimos: preguntarme qué habría pasado si esa negligencia absurda se hubiera llevado la vida de una persona. Hubo un tiempo en que tanto Marta como yo coqueteamos con la idea de escribir sobre la experiencia del accidente, pero en algún momento creí que era una historia que estaba más en sintonía con sus herramientas narrativas que con las mías".

Pregunta. Es inevitable al leer esta novela recordar su libro anterior, Mapa de soledades, un ensayo en el que retrató la epidemia del siglo XX.

Respuesta. Daniel, el protagonista de Abril o nunca, podría ser perfectamente un personaje de Mapa de soledades. Un integrante de esa comunidad de solitarios que se sienten desconectados del mundo que los rodea y buscan desesperadamente recuperar el vínculo con los otros.

P. Aunque evidentemente no es un relato autobiográfico, ¿qué le ha prestado de sí mismo a su protagonista?

R. Le he prestado casi todos los detalles insignificantes, desde la marca de tabaco que fuma o el videojuego con el que se entretiene, y también ciertos rasgos de carácter más transversales, como la dificultad de habitar el presente. Y pese a ello, Daniel y yo somos muy diferentes. Afortunadamente. Si nos pareciéramos demasiado, no habría sido capaz de entender a mi personaje tan bien como le entiendo, porque no hay nada tan difícil como entenderse a uno mismo.

P. ¿Cómo surgió la idea de convertir en relato el drama de aquellos a quienes Sergio del Molino denomina "huérfilos"?

R. Nunca creí que escribiría sobre la paternidad. Mucho menos sobre el duelo de un padre que pierde a su hija. Lo que me llevó a esta cuestión no fue tanto un interés temático como una exigencia narrativa: necesitaba que mi personaje pasara por una experiencia límite para examinar qué es lo que sucede en nuestra percepción del tiempo durante el duelo. Por alguna razón, pronto tuve claro que el trauma de Daniel estaba relacionado con una niña que había dejado de estar a su lado.

P. De todos los problemas que angustian a Daniel sin ser demasiado consciente (la crisis de los 40, la culpa, la imposibilidad de llorar, el duelo paralizante), ¿cuál es el que más condiciona su evolución en la novela?

R. Creo que precisamente el problema que señalas en tu pregunta: su mayor tragedia es ese no ser consciente. Huye de un complejo de culpa, sin comprenderlo del todo, y vive una suerte de depresión o de parálisis emocional, sin identificar de dónde procede. Pienso que muchas personas, y en concreto muchos varones, viven experiencias similares. Estamos desacostumbrados a expresar nuestras emociones, y cuando necesitamos hacerlo, a menudo guardamos silencio.

P. Uno de los personajes clave del relato, John1419, cuestiona las fronteras entre realidad y ficción ("preguntaos qué es más real, si los días que soñasteis o los días que vivisteis"). ¿Usted qué le respondería?

R. Lacan decía que un rey que soñara doce horas ser un mendigo no se diferenciaría en nada de un mendigo que soñara doce horas al día ser rey. Es una frase bonita y parcialmente cierta. Puede que ellos –el rey, el mendigo– no vieran ninguna diferencia en sus conciencias o en sus espíritus: pero sus cuerpos serían muy diferentes.

»Uno se alimentaría bien y gozaría de buena salud, mientras que el otro tal vez moriría de desnutrición antes de llegar a la edad adulta. He ahí una prueba de que, por bonitos que sean ciertos juegos de palabras, la realidad física siempre acaba imponiéndose, tozuda.

P. Y como narrador, ¿cuál es su fórmula para traspasar esas fronteras, como hizo en Mapa de soledades y hace también aquí?

R. Siempre parto de la realidad para luego permitirme jugar con ella, introduciendo elementos ficcionales o incluso fantásticos. Pero el objetivo es siempre el mismo: emplear la ficción como una estrategia para comprender mejor la realidad.

P. ¿Tienen algo en común la mística, la escritura y los viajes en el tiempo?

R. Desde luego: al menos tal y como entiendo los viajes en el tiempo en mi novela. Porque en Abril o nunca no hay máquinas sofisticadas para viajar al pasado, ni complejas teorías físicas. El viaje en el tiempo lo hacemos en nuestra cabeza, tan pronto como somos capaces de olvidar nuestros recuerdos y regresar a nuestra experiencia psicológica de un día y una hora precisa. Y para ello necesitamos alcanzar ese estado de desapego y abandono de nosotros mismos que la mística –y a menudo también la escritura– consiguen.

P. ¿Por qué, como piensa Daniel, habría que tener cuidado con el deseo?

R. Porque el deseo nos esclaviza al presente. Sucede con el místico que busca la unión con la divinidad: si sigue deseando las cosas mundanas, significa que es incapaz de alcanzar el estado propicio para esa unificación. Y sucede también con el viajero en el tiempo en mi novela: si sigues deseando aquello que conociste en 2025, ¿cómo podrías convencerte de que todavía estás en 2024?

"La IA jamás podrá crear verdaderas obras artísticas. Podrá reproducir fórmulas pero no generar nuevos patrones"

P. ¿Qué piensa de la IA? Como autor, ¿le preocupa, piensa que puede serle útil?

R. He de decir que la inteligencia artificial me parece extremadamente útil, incluso para el trabajo creativo. Estoy seguro de que una máquina nunca podrá crear verdaderas obras artísticas –es decir, podrá reproducir fórmulas, pero no generar nuevos patrones–. Pero puede servir de apoyo al trabajo del artista, ya sea proporcionando documentación o generando un diálogo sugerente que nos haga pensar mejor.

»Lo que sí puede preocuparme es que la introducción de la inteligencia artificial en nuestras vidas no sea muy distinta de la que se vivió en la industrialización: máquinas diseñadas para hacer nuestro trabajo que, paradójicamente, aumentaron la carga del horario laboral y precarizaron las condiciones del obrero.

Juan Gómez Bárcena. Foto: Sara Fernández

Juan Gómez Bárcena. Foto: Sara Fernández

P. Parafraseándole, ¿quién es Juan Gómez Bárcena cuando no está escribiendo?

R. Alguien que nunca conoceré del todo, porque estoy acostumbrado a entender las cosas plenamente solo cuando las escribo.

P. Si pudiera viajar en el tiempo, ¿qué momento de su vida cambiaría?

R. Ninguno. He cometido muchos errores, pero confieso que eliminarlos me condenaría a cometer otros errores distintos. Por otra parte, estoy satisfecho de la persona que soy ahora. Cambiar momentos críticos de mi vida significaría perderme eso. ¿Ese Juan sería mejor? Tal vez. Pero no puedo preferirlo al Juan que soy.

"He cometido muchos errores, pero confieso que eliminarlos me condenaría a cometer otros errores distintos"

P. ¿Y como escritor?

R. He coqueteado con la idea de la ucronía, es decir, escribir un libro en el que un suceso del pasado que damos por cierto se vea modificado. Me gustaría saber, por ejemplo, qué habría ocurrido si Jesús no hubiera muerto en la cruz, o si Aníbal Barca hubiera ganado la II Guerra Púnica.

P. Por cierto, después de escribir esta novela, ¿tiene ya claro que es el tiempo, y cuántos tipos hay? Porque en el libro habla del tiempo de los relojes, del que no avanza, del de los límites, del de las relaciones...

R. Decía San Agustín algo que siempre me ha gustado: que el tiempo es esa cosa que todos creemos saber definir, hasta que intentamos hacerlo. Solo entonces descubrimos que no tenemos ni idea de qué es esa corriente extraña en la que habitamos. Incluso a nivel físico, tras la teoría de la relatividad, el tiempo se ha convertido en algo que se escapa a nuestro sentido común.

»No me interesa tanto comprender en sí el tiempo –está absolutamente fuera de mi alcance una comprensión semejante– como entender las diferentes formas en que podemos experimentarlo. Cómo, para las culturas no complejas, el tiempo no es una flecha que va del pasado hacia adelante sino un círculo que siempre regresa al mismo tiempo, por ejemplo. O cómo para la persona que atraviesa un duelo el tiempo parece dejar de fluir, tal y como le sucede a Daniel.

P. ¿Cuándo y cómo descubrió que "la experiencia de los otros no nos prepara para la vida, al menos para la nuestra", y que "el mundo y toda su belleza son algo muy frágil"?

R. Diría que es una experiencia que ha atravesado toda mi vida. Uno puede rodearse de libros de Historia, de consejos llenos de sabiduría y de gabinetes de psicólogos: por desgracia, ni siquiera entonces estamos exentos de cometer los errores de siempre, ni como individuos ni como sociedades. Eso es estar vivo: saber que, por cautelosos que seamos, la vida va a hacernos pasar por cada emoción en toda su intensidad y riqueza, sin ahorrarnos nada.

"Los partidos de extrema derecha tratan de acentuar la soledad de la masa de descontentos, para que sea más manipulable"

P. La acción transcurre en Benidorm, ejemplo superlativo de desmadre inmobiliario y de masificación. ¿Estamos perdiendo la batalla para proteger la identidad de pueblos y ciudades ante el empuje de las cadenas, la gentrificación y los precios de los alquileres?

R. No me cabe duda, pero no culparía de ello a las grandes cadenas. Tampoco al propietario que decide encarecer el precio de su alquiler, porque sabe que siempre habrá quien esté dispuesto a pagarlo. Es comprensible que ambos, grandes empresarios y propietarios, busquen la mayor rentabilidad a sus inversiones: es la lógica del capital.

»Pero, igualmente, es responsabilidad de los gobiernos aplicar leyes estrictas para impedir que dicha lógica, que está pensada para los flujos monetarios y no para las personas, opere con toda su brutalidad. En resumen, creo que el gobierno debería limitar por ley el precio del alquiler.

P. ¿Se le ocurre alguna medida para acabar con la creciente precarización que sufren los jóvenes y los no tan jóvenes?

R. Además de la congelación del precio de los alquileres y de la terminante prohibición de las viviendas turísticas, propondría una nueva ley de autónomos que flexibilizara los pagos en función de las ganancias. Confieso que ambas medidas me parecen de sentido común, y no acierto a comprender por qué no terminan de aplicarse, aunque muchos partidos han incluido propuestas semejantes en sus programas. Sospecho que en la práctica existen poderes económicos que impiden su aplicación.

"Nos enfrentamos a una crisis de la conciencia occidental"

P. ¿Cómo es posible que el populismo de extrema derecha tipo Vox esté ganando la partida en parte del país y en Europa?

R. Pienso que ante lo que nos enfrentamos es a una auténtica crisis de la conciencia occidental. Al descubrimiento, nada sorprendente, de que Estados Unidos está dejando de ser la primera potencia mundial y Europa debe afrontar una limitación de sus expectativas de influencia política y económica en el mundo.

»Los partidos de extrema derecha están rentabilizando el voto de aquellos sectores que se ven más perjudicados por esta crisis: incluso, como analizo en Mapa de soledades, están tratando de acentuar la soledad de esta masa de descontentos, pues cuanto más desunidos se encuentran, más fáciles son de manipular.