Posible retrato de Christopher Marlowe, de 1585, en el Corpus Christi College de Cambridge. Al fondo, algunas de sus obras. Diseño: Rubén Vique

Posible retrato de Christopher Marlowe, de 1585, en el Corpus Christi College de Cambridge. Al fondo, algunas de sus obras. Diseño: Rubén Vique

Letras

El misterio de Marlowe, el espía, dramaturgo y rival de Shakespeare que murió en extrañas circunstancias

Stephen Greenblatt reconstruye en un libro la vida breve y llena de enigmas de una figura fundamental y heterodoxa de la cultura inglesa.

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Hay muchos enigmas, zonas de sombra y preguntas sin resolver en la vida (turbulenta, fascinante) de Christopher Marlowe (1564-1593), figura decisiva en la historia de la cultura inglesa por su papel de renovador e introductor de nuevos códigos de lenguaje y pensamiento en una sociedad llena de contradicciones y marcada por registros y mentalidades de acusada percusión medieval.

El Renacimiento oscuro

Stephen Greenblatt

Traducción de Yolanda Fontal
Crítica, 2025
408 páginas. 22,90 €

Por ello, la biografía de Stephen Greenblatt (Boston, 1943), El Renacimiento oscuro (Crítica), abunda en hipótesis y condicionales. Es inevitable incurrir en maniobras especulativas en el reto de reconstruir la historia del dramaturgo, tan rica en claroscuros y ambigüedades, y sus episodios más relevantes: su trabajo como espía, su relación con Shakespeare (nacido el mismo año), su muerte (¿accidente o asesinato?)… El resultado, en cualquier caso, es brillante.

Heterodoxo, culto, escéptico, problemático, con fama de ateo y blasfemo y dotado de una poderosa imaginación transgresora, Marlowe “despertó el genio del Renacimiento inglés”, increíble logro si se tiene en cuenta su origen humilde, hijo de un zapatero de Canterbury. Pero a los 14 años consiguió una beca para la King’s School de su ciudad natal, circunstancia que determinó su futuro.

Inquieto y talentoso, marchó a Cambridge para adquirir formación universitaria en el college del Corpus Christi, donde accede a libros que cambian su visión del mundo y le abren un sugestivo horizonte de posibilidades intelectuales y creativas, entre ellos Amores de Ovidio.

Marlowe (¿es el protagonista del retrato de un joven caballero con botones dorados que se conserva en la institución?) ya dominaba el latín y acometió, notable desafío, su traducción. Su curiosidad y su afán de conocimiento crecían junto a su cultura (lee a Aristóteles, Cicerón, la Biblia…) y su independencia de criterio.

En este libro se pueden intuir pistas escurridizas sobre el reclutamiento de Marlowe para el espionaje

Después de licenciarse, decide cursar una maestría, al término de la cual le esperaba supuestamente una dedicación religiosa que no parecía confluir con sus intereses. Empieza a ausentarse de la universidad, hasta el punto de que, tres años después (1587), su petición de concesión del título es rechazada. Había infringido las normas.

Pero a Cambridge llega una carta del Consejo Privado de la reina que subraya el “buen servicio a Su Majestad” que ha prestado el joven y solicita al centro que se lo otorgue. Todo indica que Marlowe realizó labores de espionaje para el servicio secreto dirigido por Francis Walsingham, quizá en el Colegio Inglés de Reims.

La ortodoxia religiosa oficial en Inglaterra había cambiado varias veces a lo largo del siglo en un clima de intolerancia. En tiempos de Isabel I la amenaza católica era potente. En un complejo escenario internacional marcado por fuertes tensiones religiosas y geopolíticas (junto a otros factores como la economía y la piratería), incluso se hablaba de una posible invasión española, por la Gran Armada de Felipe II.

Superada la etapa universitaria, Marlowe se muda a Londres, donde establece contacto con los círculos teatrales. En Cambridge había escrito (con probable ayuda de Thomas Nashe) Dido, reina de Cartago. Su nuevo proyecto, Tamerlán el Grande, cambió su vida y –subraya Greenblatt, profesor de Harvard y premio Pulitzer por El giro–, “la historia del teatro”.

William Shakespeare, retratado en 1611. Obra atribuida a John Taylor. National Portrait Gallery

William Shakespeare, retratado en 1611. Obra atribuida a John Taylor. National Portrait Gallery

Con Edward Alleyn como protagonista, fue tal el éxito en el Rose Theatre que tuvo que escribir una segunda parte. Es probable que el empresario Henslowe le propusiera la creación de una o varias obras sobre la guerra de las Dos Rosas, y existe un consenso académico en que la trilogía Enrique VI fue escrita en colaboración entre Marlowe y Shakespeare, dos provincianos talentosos en Londres. En las futuras obras del genio de Stratford-upon-Avon cabe rastrear las huellas de su fascinación por la habilidad poética y la originalidad de su compañero/competidor, y por su carácter extravagante.

En los años siguientes, Marlowe estuvo implicado en varios sucesos escabrosos, incluida la muerte de un hombre en un duelo (fue encarcelado, acusado de complicidad) y la falsificación de moneda. Crece su reputación de conflictivo, mientras su éxito teatral prosigue con El judío de Malta (con Maquiavelo de fondo) y la perturbadora Doctor Faustus, cuyo protagonista asimila rasgos de personas con las que había tenido contacto. En la obra (sobre el poder, la astucia, el conocimiento y el vacío, lo prohibido, el fracaso) también se pueden intuir pistas escurridizas sobre capítulos de su vida como el reclutamiento para el espionaje. Marlowe representa la heterodoxia como zona de peligro.

Hay muchas teorías y versiones sobre la muerte de Marlowe, ninguna definitiva. Es un caso abierto e irresoluble

En Eduardo II explora el deseo homosexual, y la peste de 1593 provoca su huida a Kent, adonde quizá se llevó una versión de La masacre de París. También le falta por escribir el largo poema “Hero y Leandro”. Los acontecimientos se precipitan y en mayo es detenido, pocos días después de la aparición de un amenazador pasquín firmado por “Tamerlán” en la iglesia holandesa de Londres y del arresto y tortura del escritor Thomas Kyd, que acusó a Marlowe, con el que años antes había compartido alojamiento, de tener “opiniones monstruosas” sobre cuestiones sagradas.

El 30 de mayo es invitado a pasar el día con tres conocidos en una casa de Deptford. Tras la cena, según la cuestionable investigación oficial, una riña por la cuenta con Ingram Frizer acaba con la muerte del irreverente dramaturgo. Hay muchas teorías y versiones sobre este capítulo, ninguna definitiva. Es un caso abierto e irresoluble.