Camila Sosa Villada. Foto: María Palacios

Camila Sosa Villada. Foto: María Palacios

Letras

'Soy una tonta por quererte': nueve relatos entre el realismo y la distopía tránsfoba

Camila Sosa Villada se reafirma como una creadora que no vacila en estas historias sobre la vida travesti en Argentina y las fronteras entre cuerpo y cultura 

23 mayo, 2022 01:43

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Como este conjunto de nueve relatos llega precedido por el éxito de Las malas, empezaré la reseña aclarando qué expectativas intuyo que debes depositar en ellos: si leíste aquella novela y te rentó (como a mí), Soy una tonta por quererte volverá a hacerlo (como a mí). Si no te gustó ni te interpeló, nada cambiará ahora salvo que lo hagas tú, puesto que Camila Sosa Villada (Córdoba, Argentina, 1982) se reafirma como una creadora que no vacila ni improvisa, ni en forma ni en fondo, que anda vertebrando una obra coherente.

Soy una tonta por quererte
Camila Sosa Villada
Tusquets, 2022. 240 pp. 18 €

Por último, quizás aún no conoces a Sosa Villada y no sabes si deberías… Mi respuesta es “sí” al menos, el lector que yo soy lamentaría no haber recorrido las calles que describe la autora o desconocer los hogares que venera. Por añadidura, estamos ante una escritura con el don de la oportunidad para iluminar ciertas conversaciones del momento cultural.

Soy una tonta por quererte cuenta historias en torno a personajes que infringen los mandatos prescritos de género o sexo, y en especial en torno a la vida travesti en Argentina (por cierto, recomiendo la cuenta “archivotrans” de Instagram, que guarda la memoria transexual en aquel país). Sus narradoras, a menudo en primera persona, despliegan un fraseo con descaro de sobra para sonar aquí narcótico y despreocupado, allá lírico e incluso (a chispazos breves) melodramático/folletinesco, siempre cercano, casi oral, capaz de reír.

Algunas de sus constantes temáticas son la familia como leviatán, las fronteras entre cuerpo y cultura, la violencia agazapada sin descanso… Y por encima de todas, una: la amistad indestructible entre criaturas arrojadas al margen, se llamen “puta” o Billie Holiday.

Los relatos gozan de una artesanía impecable, sin alardes, así que uno tras otro fluyen con naturalidad en pos de finales bien volteados. Los seis primeros encajarían en la etiqueta de “realistas”, signifique eso lo que signifique, mientras que los tres últimos se deslizan por el territorio del nuevo gótico latinoamericano escrito por mujeres: terror, fuego, sombras, y una distopía tránsfoba que se parece demasiado a la realidad desplazada unos milímetros en direcciones horribles. Diría que Sosa Villada guiña explícitamente el ojo a esa corriente narrativa, pero, deliberadas o no, esas resonancias se incorporan a la lectura para bien, y entre ellas asoman páginas estremecedoras.

El valor de Sosa Villada reside en la voz y la tonalidad de su estilo, articuladas con precisión

Sin embargo, el valor de Sosa Villada reside en la voz y la tonalidad de su estilo, articuladas entre sí con una precisión que logra parecer “fácil”. Mi hipótesis es que aquí convergen dos herencias distintas, ambas irrenunciables: la Lealtad entre derrotadas como asunto (la autora descubrió el poder de los vínculos afectivos escogidos cuando se prostituyó durante unos años), y cierto sentido escénico como matiz estilístico.

No lo digo porque los diálogos sean buenos ni por la cercanía con el monólogo, sino porque la prosa sugiere una media distancia que hace a los personajes tangibles, carnales, inmediatos, y sin embargo parecen llegarnos a veces en eco. Una ambigüedad que convive con otras: la de los deseos, la del consentimiento cuando alguien se ve columpiado sobre ciertos abismos, la ambigüedad identitaria. Temas que nos preocupan a muchos, concretados aquí en atmósferas y mujeres complejas mediante un lenguaje cuya viveza llega justo a tiempo para sintetizarlos.