Blake Crouch

Con una docena de novelas a sus jóvenes espaldas, Blake Crouch se ha convertido en uno de los autores de thriller más respetados y seguidos del panorama estadounidense. Invitado este año al estupendo festival Celsius 232 de fantasía, terror y ciencia ficción, hablamos con él de paranoia, misterio y televisión.

Su trilogía de Wayward Pines, de la que sólo se ha editado la primera parte en nuestro país, despertó el interés de M. Night Shyamalan antes incluso de llegar a publicarse, convirtiéndose en su primer proyecto televisivo, otra de sus novelas, Good Behavior, todavía inédita en España, se estrenó en la pequeña pantalla en 2016, y ahora Materia oscura (Nocturna ediciones), su nuevo superthriller de suspense y ciencia ficción, ha sido traducido ya a más de veinte idiomas, mientras Sony ha comprado sus derechos cinematográficos. Con una carrera curtida en publicaciones como Alfred Hitchcock´s Magazine o Ellery Queen´s Magazine, alabado por autores como Lee Child o Harlan Coben, Blake Crouch (Statesville, North Carolina, 1978), con sus explosivos combinados de misterio, crimen y especulación científica apunta maneras de convertirse en el heredero sin corona de Michael Crichton, sin prejuicios a la hora de mezclar géneros y llevarlos lo más lejos posible.



Pregunta.- Materia Oscura, como también Wayward Pines, comienza como un thriller aparentemente "normal", pero luego deriva a territorios mucho más complejos, terroríficos y propios de la ciencia ficción...

Respuesta.- En efecto. Yo soy un fanático del thriller y la novela policíaca, pero siempre me he sentido un poco insatisfecho con las historias de misterio que comienzan con una situación límite, con un enigma absolutamente inexplicable y que luego, según avanzan, se convierten en algo que no va más allá de sus protagonistas, de un crimen o un misterio más o menos de andar por casa, lo que me resulta muy decepcionante... Yo hago justo lo contrario, tanto Wayward Pines como Materia oscura empiezan con misterios que parecen de tipo criminal, pero que según se van desvelando conducen a un escenario mucho mayor y con implicaciones no sólo individuales, sino universales. Me gusta ir de lo pequeño a lo grande.



P.- ¿No es un riesgo la mezcla de géneros?

R.- Es justo lo que me gusta hacer, porque también es lo que me gusta leer desde siempre. Mis autores favoritos se caracterizan por esa falta de complejos y por romper convenciones. Mi novela preferida es Meridiano de sangre de Cormac McCarthy, quien hace exactamente eso y no sólo en ésta obra, sino también en otras como La carretera. Recuerdo que cuando leí El dragón rojo de Thomas Harris quedé totalmente fascinado por la combinación de novela policíaca de procedimiento y auténtica historia de terror. Lo mismo ocurre con las mejores novelas de Michael Crichton, que suelen ser también thrillers que saltan de género en género, con argumentos y escenarios más ambiciosos que los de una novela de misterio normal...



P.- En Materia oscura y Wayward Pines sus protagonistas se ven en situaciones totalmente paranoicas... pero porque les persiguen de verdad.

R.- Precisamente, si te acuerdas, la primera entrega de la trilogía de Wayward Pines comienza con una cita de Trampa 22 de Joseph Keller, otra de mis novelas favoritas, que dice: "Sólo porque seas un paranoico eso no quiere decir que no vayan a por ti". Me gusta jugar con esta idea, porque vivimos en un mundo más extraño de lo que creemos, como decían en Blue Velvet.



P.- ¿Es esa paranoia y miedo a perder la identidad el verdadero terror del siglo XXI?

R.- Está claro que es algo que nos asusta mucho. Mis historias comienzan con personajes que llevan una vida más o menos normal y de repente descubren que nada es lo que parece, que hay gente detrás moviendo los hilos y que la realidad que conocían no es más que una fachada. Este es un sentimiento que todos podemos experimentar y experimentamos a veces, sentirnos perdidos, no entender lo que nos está pasando y buscar alguna razón que lo explique... En mis novelas esa razón existe, y suele ser terrible. Ciertamente, el siglo XXI, con su omnipresencia de las redes sociales, internet, la sociedad de la información, la vigilancia y la falta de privacidad, es un buen caldo de cultivo para estos miedos y los agudiza. El hecho de que podamos ser localizados y monitorizados en cualquier momento, que internet o la gente que hay detrás sepa cuáles son nuestros gustos y necesidades, que se adelante incluso a ellos... Es lógico que haya cierta paranoia, que reflejan también las teorías conspiratorias, pero, por otra parte, creo que es un sentimiento universal, de todas las épocas.



P.- De hecho, sus novelas recuerdan a veces películas, series y obras de los años 60 y 70, cuando el thriller se volvió muy paranoico...

R.- Por supuesto, muchas son las mismas con las que crecí en el cine y la televisión. Las novelas de Ira Levin, películas como La conversación o las primeras novelas de Crichton... También era una época de crisis, con el trasfondo de Vietnam, el escándalo del Watergate, las drogas, la CIA... Todo esto se reflejaba en aquellas novelas y películas, pero a la vez, el miedo a ser controlado, a descubrir que eres una especie de marioneta que no sabe quién tira de sus hilos es el mismo en cualquier época, aunque tome algunos aspectos diferentes, propios de su tiempo, en cada caso.



P.- Wayward Pines me hizo pensar en El prisionero. ¿Cómo fue que se convirtiera también en serie de televisión?

R.- En realidad, la principal influencia en Wayward Pines fue Twin Peaks, soy un fan absoluto de la serie de Lynch y creo que eso se nota. En cuanto a la serie, antes de que se publicara el primer volumen el material llegó a manos de M. Nigh Shyamalan, quien decidió de inmediato que sería su apuesta televisiva. Nuestra intención era que se tratara de una serie con una sola temporada, basada en toda la trilogía. Así fue como conseguimos también un reparto espectacular, porque no les robábamos a los actores demasiado tiempo de otras series o películas: Matt Dillon, Carla Gugino, Juliette Lewis, Melissa Leo, Jason Patric... fue fantástico contar con ellos. El piloto lo dirigió el propio Shyamalan y yo coescribí el guion y participé en varios episodios más... Lo cierto es que creo que la serie quedó muy bien, aunque hay varios cambios con respecto a los libros, es bastante fiel y funciona. Después, Fox decidió hacer una segunda temporada y... bueno, creo que los que la hayan visto ya saben que quizá no fue una buena idea.



P.- También su novela Good Behavior se ha convertido en serie y Materia oscura se ha vendido para el cine... ¿Se está escribiendo directamente ya para las pantallas en vez de para la imprenta?

R.- Las productoras están como locas buscando constantemente material y los agentes literarios se vuelven también locos dándoselo. Pasear cualquier proyecto literario antes de que esté escrito por todas las compañías es una práctica habitual, que además hace subir también las probabilidades de que el libro sea editado y vendido después a otros idiomas. Pero eso son sólo negocios. Obviamente, el cine y la televisión nos influyen a la hora de escribir, hemos crecido con el lenguaje audiovisual y yo también escribo guiones, como muchos de mi generación. Pero en otros aspectos escribir guiones y escribir novelas es algo muy diferente, creo sinceramente que la novela es una forma de expresión superior y que el novelista debe ser más austero y cuidadoso. Por mucho que deseemos ver nuestras obras en las pantallas y por mucho que eso nos beneficie económica y profesionalmente, no debemos olvidar nunca que escribir literatura es muy diferente a escribir un guion.