Image: La Armada 'Insumergible'

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Letras

La Armada 'Insumergible'

14 agosto, 2015 02:00

Derrota de la Armada Española, de Philip James de Loutherbourg.

Irlanda intenta recuperar a la carrera los restos de nuestros buques hundidos en su costa | Varios proyectos arqueológicos confluyen este verano | Historiadores ingleses, irlandeses y españoles defienden en El Cultural la colaboración para salvaguardar y exhibir este legado.

Quizá la Gran Armada (motejada con sorna y a toro pasado por los ingleses como 'la invencible') no estuvo tan lejos de haber remontado el Támesis hacia Londres y metido en cintura a la herética reina Isabel. Quién sabe. Si no hubiera muerto inoportunamente nuestro mejor almirante, Álvaro de Bazán, llamado a capitanearla. Si la meteorología no hubiera sido tan hostil. Si se hubieran sincronizado la descomunal flota y los temibles tercios de Flandes de Alejandro Farnesio. Y, seamos deportivos y reconozcámoslo, si los británicos no hubieran sido tan hábiles para defenderse. Tal vez entonces la Empresa de Inglaterra no hubiera acabado en desbandada. Ni algunos de nuestros buques, maltratados por el recio oleaje atlántico, habrían acabado hundidos en la costa oeste de Irlanda, por donde intentaban huir a toda vela.

Son varios los puntos de este escarpado litoral en los que zozobraron. En la imponente playa de Streedagh Strand, en el condado de Sligo, lo hicieron tres, con casi 1.300 hombres a bordo: la Lavia, la Santa María de Visón y la Juliana. De esta última nave acaba de recuperarse un cañón adornado con una inscripción de la Santa Matrona, patrona de Barcelona, lo que probaría su procedencia catalana (de Mataró, para ser precisos, según el historiador Antoni Martí i Coll). El hallazgo lo han propiciado las fuertes tormentas desencadenadas los dos últimos inviernos en la zona. Al remover violentamente los arenales, han dejado al descubierto artillería, ruedas de los cañones, anclas...

Uno de los cañones de la Juliana hallados recientemente

El arqueólogo Colin Martin, coautor junto a Geoffrey Parker de la obra magna de este capítulo histórico, La Gran Armada (Planeta), explica a El Cultural la relevancia del descubrimiento: "Estas piezas son una valiosísima herencia, que puede aclarar muchos detalles de la composición y la organización de la Armada, y los hombres que tomaron parte en ella, pero sobre todo abren una ventana al último tramo del siglo XVI en Europa: al creciente fenómeno de la industrialización y otros aspectos técnicos y científicos, incluidos los métodos de construcción de los barcos". Robert Hutchinson, autor de La Armada Invencible (Pasado&Presente), reitera la importancia de este tesoro soterrado: "Cada fragmento es una cápsula de tiempo sellada, en cuyo interior se encuentran las llaves para desencriptar muchos misterios, no sólo relacionados con la vida a bordo y cómo fueron construidos, sino también pruebas que expliquen por qué la Armada sufrió tanto en sus encontronazos con las naves británicas en el Canal de la Mancha. Sabemos por ejemplo que los 21 cañones del San Francisco dispararon 242 veces y su hermana, la Santa Catalina, 300 desde sus 23 que poseía. Eso da una frecuencia de fuego de tres disparos por día, quizá porque los cañones eran piezas terrestres, muy difíciles de manejar en la estrechuras de un navío".

En la recuperación de este legado subacuático es la sociedad civil irlandesa la que lleva la delantera. Detrás de la afortunada pesca en Streedagh aparece la labor crucial de la Grange and Armada Development Association. Llevan años desarrollando trabajos de ubicación e identificación de la huella española en su tierra. Fueron miembros suyos los que dieron aviso de los pecios que afloraron a la superficie en febrero como consecuencia de los temporales.

"Cada fragmento es una cápsula del tiempo con las llaves para desencriptar muchos misterios"

La Underwater Archaeology Unit (UAU) reaccionó con celeridad y sacaron del lecho el cañón de la Juliana. En principio, su destino es el Museo Nacional de Irlanda. Pero la asociación tiene otro plan, reivindicado desde su origen: su deseo es levantar un museo en Grange que albergue todos los materiales recuperados allí, al igual que se ha hecho en Derry. También sería un punto de difusión de la alucinante peripecia de Francisco de Cuéllar, uno de los pocos supervivientes de la tragedia (curiosamente se salvó sin saber nadar), cuyo recorrido hacia la libertad, sorteando a las tropas enemigas y a los autóctonos más asilvestrados, es la base de una famosa ruta: The Cuéllar's Trail.

El presidente de la asociación, Eddie O'Gorman, confiesa su fijación por este episodio que tuvo a España e Inglaterra como protagonistas estelares, aunque Irlanda, de rebote, puso el escenario de su infausto epílogo. "Siempre he estado fascinado con la Armada. ¿Quién no queda atrapado en esta historia de reyes y reinas, naciones e imperios, de batallas navales en la época dorada de la navegación? Y luego tenemos las impresionantes andanzas de Francisco de Cuéllar, propias de una novela de capa y espada, en mitad de un tiempo de convulsos cambios en la sociedad irlandesa". Esa misma atracción mueve a los impulsores del Proyecto San Marcos. La iniciativa toma el nombre del galeón que se fue a pique frente a las aguas de Spanish Point, playa situada en el bello condado de Clare. Sus máximos responsables son el historiador John Treacy y el buzo James McMahon, aunque, como advierte el primero, su respaldo proviene de una heterogénea masa social compuesta por "hosteleros, estudiantes, metalúrgicos, académicos, periodistas, fotógrafos, veterinarios, jubilados...". Este verano realizarán excavaciones bajo el agua y en tierra, esta última con vistas a determinar la posición exacta de los cadáveres (varios cientos) de la tripulación del San Marcos.

Spanish point, playa irlandesa frente a la que naufragó el galeón San Marcos.

Esta pasión no parece generar demasiado eco en nuestro país. Los irlandeses tienen la mano tendida para recibir nuestra colaboración. Toda ayuda es poca cuando la situación de los yacimientos es tan precaria y frágil: han quedado expuestos a las corrientes y la inmensidad oceánica podría acabar engullendo las reliquias en cualquier momento. Urgen intervenciones certeras. La participación española -cabe pensar- daría pie a potenciales exhibiciones conjuntas y a cesiones temporales a nuestros museos. Esa es la fórmula que defiende el historiador naval Hugo O'Donnell, descendiente del señor de Tyrconnell, uno de los nobles que acogieron e intentaron proteger a los desdichados náufragos de las huestes isabelinas. "Se impone un acuerdo, ya que son aspectos científico-culturales y no predominantemente crematísticos los que prevalecen. Si hay proyectos, que aplaudo, de excavaciones arqueológicas de culturas antiguas que nuestro ministerio competente patrocina in situ, este debería involucrarse también en algo que nos afecta directamente y que serviría para mostrar nuestro interés al tiempo que movería a otros gobiernos a hacer lo mismo y frenaría, por otra parte, la actividad ilegal".

O'Donnell, miembro de la Real Academia de la Historia, da este toque de atención, escamado por lo sucedido con las riquezas de La Mercedes succionadas por los piratas del Odyssey, que tanto costaron luego recuperar
"No es cuestión de pleitear, sino de colaborar entre todas las partes interesadas"
(gracias en buena parte a los argumentos y documentos que él recabó en los archivos históricos y que hicieron valer los abogados del Estado español). Esta filosofía de cooperación la sostiene también José María Blanco Núñez, capitán de navío de nuestra Armada, historiador y profesor del Centro de Estudios de Defensa Nacional: "España podría reclamar esos restos. Esos buques son españoles y se hundieron en cumplimiento de un servicio a nuestro país. De eso no hay duda. Pero no es cuestión pleitear innecesariamente. Lo sensato sería colaborar todas las partes interesadas".

Habría que hacerlo antes de que sea demasiado tarde. "Si sólo fuera por la Juliana -añade O'Donnell-, ya merecería la pena llegar a un entendimiento, pero es que son una veintena de pecios costeros de idéntico origen los que están clamando en Irlanda por un tratamiento del que España no debe ser excluida". O no debe autoexcluirse.

@albertoojeda77

La genética española de los black irish

No es nada extraño topar con irlandeses de cabello y ojos oscuros en la costa oeste del país. Un detalle que desentona con la evolución racial de la isla. Eddie O'Gorman apunta la teoría del mestizaje, muy antigua y arraigada en la zona: "Algunos supervivientes de la tragedia fueron acogidos y mantenidos por gentes comunes que se apiadaron de su sufrimiento [Otros se decantaron por la opción contraria: la del saqueo y el asesinato]. Todavía persiste la romántica idea de que su sangre corre por las venas de algunos de nosotros gracias a los matrimonios mixtos". Aunque tiende a imputarse a la proverbial capacidad fabuladora de los locales, esta hipótesis podría tener su base científica. Así lo confirma el psicólogo clínico Alberto Jiménez Rubio: "Es factible: esos rasgos sí pueden provenir directamente de encuentros con españoles desplazados a Irlanda en sucesivos momentos históricos, que irían más allá de los naufragios de la Gran Armada. Los 'visitantes' habrían contribuido a constituir una proporción de individuos portadores de esas características físicas, dominantes y distinguibles en el fenotipo, al mezclar sus genes con los de la población nativa". Esa conexión sanguínea también se confirma en los pubs de la isla, donde la camaradería hispanoirlandesa fluye súbita trasegando pintas de Guinness.