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Letras
La Infanta Elena inaugura la Feria del Libro con un paseo entre las casetas
Doña Elena se hizo con más de una veintena de libros en el primer día de feria. Los libreros confían en mejorar las cifras del año pasado.
La Infanta junto al ministro de Cultura, Ignacio Wert. Foto: Antonio Heredia.
Antes de que la Infanta Elena atravesase la puerta del paseo de los coches del Retiro, algunas casetas ya tenían apartado un obsequio para darle. Un equipo de seguridad con perros pasaba por cada librería y toqueteaba paquetes y bolsas, como en una zona de embarque. "Yo le voy a dar un ramo de flores, porque ya irá bien provista de libros...", decía Amparo Blanco, de El Árbol de las Letras. Minutos después, la mujer no oyó muy bien, por culpa de un tremendo barullo de niños, lo que le decía su Alteza. "Creo que me ha deseado suerte, como cada año".La Infanta Elena y el ministro Wert inauguraron juntos esta 73ª Feria del Libro de Madrid: pararon en las mismas casetas, examinaron los mismos libros y hablaron, casi, con las mismas personas. La primera parada de doña Elena tuvo lugar en Páginas de Espuma, en cuyo escaparate destacaba, sobre una pila de libros, un ejemplar de los Cuentos Completos de Leopoldo María Panero. La Infanta miró un momento la foto del desquiciado poeta, pero no se detuvo. Sí que le llamó la atención, en cambio, ya en la caseta de Gredos, un cartelón de la obra inédita de Lope, Mujeres y Criados, que la Infanta señaló, curiosa, y por la que preguntó a uno de sus acompañantes. No sabemos qué le dijo este, pero se pudo ver cómo otro miembro de su equipo la invitó a continuar, llevándola suavemente por la espalda.
Seguimos sin saber qué lee doña Elena, si lee novela, ensayo o poesía, o todo a la vez, o nada. Habría que distinguir entre los libros que tuvo entre las manos, que fueron todos los que le pasaron los libreros, y los que realmente la interesaron. La organización pasó un listado de todo lo que se llevó a su casa, lo cual tampoco aclara, por su heterogeneidad, cuáles son, realmente, sus gustos literarios. Se llevó bolsas de libros nuevos, pero ninguno, o casi ninguno lo eligió ella misma. El sistema de recogida de obsequios estaba perfectamente calculado. Un librero le daba un libro, la Infanta miraba la portada, se lo pasaba a uno de sus guardaespaldas y este, a su vez, a dos empleados de "servicios especiales", que eran quienes llevaban las bolsas. De entre las novedades, se hizo doña Elena con La lección de anatomía, de Marta Sanz; En la orilla, de Chirbes; Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes; El hombre que arreglaba las bicicletas, de Ángel Gil Cheza; El jilguero, de Donna Tartt; Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre; Los bienes de este mundo, de Irène Némirovsky; La ladrona de libros, de Markus Zusak; y Una madre, de Alejandro Palomas. También se llevó Cisneros, el cardenal de España, de Joseph Pérez, y encargó, en una caseta de una librería independiente, una rara edición del epistolario de la Reina Victoria Eugenia que deseaba adquirir. Además, se hizo con Yo y la energía, una obra sobre el científico Nikola Tesla de Miguel Á. Delgado; De Riotinto a la Roja, de Jimmy Burns Marañón; La cultura escrita, de José Manuel Prieto, publicado en la colección ¿Qué sabemos de…? del CSIC; Biografía del silencio, de Pablo d'Ors y Manual de Saint Germain-des-Prés, de Boris Vian; de temas gastronómicos, también se llevó El pan, de Xavier Barriga, y Libro de apuntaciones de guisos y dulces, una edición facsímil de María Rosa Calvillo de Teruel la primera obra publicada por una mujer en España, de 1740.
Varios libreros la obsequiaron, sino con libros, sí con una sonrisa y algún comentario vagamente cordial. La dueña de la Librería Méndez quiso que la prensa transcribiera sus palabras: "De aquí, de la Librería Méndez, no se ha llevado nada. Cero". En Méndez estaba siendo, hasta ese momento, una mañana gris, como siempre que se inaugura la feria. Habían vendido cuatro libros en una hora, "todos muy buenos": Prohibido entrar sin pantalones, de Juan Bonilla; En la orilla, de Chirbes; Canta Irlanda, de Javier Reverte; y Cixí, la emperatriz, de Jung Chang. La pareja de libreros de Enclave Libros recibió a la Infanta de improviso. "Había aquí unos niños y se ha debido de parar porque había una foto pactada", dijeron después. ¿Y se ha llevado algo? "No, es que si no paga..."
De la Librería Alberti se llevó doña Elena Hondonada, de Jhumpa Lahiri. "Claro... como le gusta la India y todo eso", comentó una señora de pelo elevado y rubio, una seguidora fiel que, sorprendida por lo joven y guapa que estaba la Infanta, no dejó ni un momento de mirarla a través del infranqueable muro de fotógrafos que la rodeaba. Miguel, el librero de la Alberti, comentó que este año espera hacer más caja que el anterior. "La feria, para nosotros, son meses de trabajo. Meses de reuniones con las editoriales, de organizar cosas, de conseguir que vengan autores a firmar". En esta librería firman este año algunos de los autores más potentes de la feria, como Chirbes o Martínez de Pisón. En general, se respira un clima de confianza entre los libreros. "A nosotros, aunque no vendamos mucho más, nos viene fenomenal para darnos a conocer", explicó a El Cultural la dueña de Áurea, una librería dedicada a clásicos de Grecia y Roma dañada fuertemente por la crisis: "Vivíamos de vender a bibliotecas e instituciones y hemos tenido que cambiar la estrategia e intentar dirigirnos más al lector común".
Al paso de la comitiva real, quedaba el paseo tan vacío que se veían salir runners de entre las casetas, como rezagados de una maratón. Estaba nublado y un librero se asomó para mirar al cielo: "Si llueve, la mitad o menos". Unas cincuenta personas, entre jubilados y niños, siguieron hasta el final a la Infanta Elena y al ministro, quienes, a su marcha, aun sin lluvia, dejaron la feria en calma para que, durante los próximos días, tomen el listón caliente los lectores.