Image: Un tipo llamado Bodoni

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Letras

Un tipo llamado Bodoni

La Universidad de Salamanca lanza una Biblioteca virtual dedicada al influyente impresor italiano, el artista que logró que en sus obras "callara el texto y hablara el tipógrafo". Hablamos con Pedro M. Cátedra, su director

19 septiembre, 2013 02:00

Detalle del Manual tipográfico de Bodoni, incluido en la Biblioteca virtual que la Universidad de Salamanca ha consagrado al impresor italiano.

En la figura de Gianbattista Bodoni (1740-1813), uno de los impresores más notables y reconocidos de la historia, confluyen varios toques de genio. De un lado fue un hombre de la técnica, un adelantado a su tiempo que introdujo importantes avances en las máquinas de imprimir. De otro, un esteta, el artífice de un estilo tipográfico que revolucionó el libro clásico bajo los parámetros de la exclusividad y la perfección. Aquellos tipos que ansiaron los hombres más poderosos de su época han llegado hasta nuestros días. Bodonianos son el logo de Zara, el de Lancia, el de Armani, el del grupo de Nirvana... Confesos enamorados de su alargada elegancia eran también los poetas de la Generación del 27. A estos dos dones hay que añadir un tercero, el que internacionalizó la figura de este impresor que trabajó en Roma y en Parma y que vendió libros a Inglaterra, a Francia y a España: Bodoni era pura ambición. Le dio a su trabajo una importancia capital, hasta el punto de que en sus volúmenes la letra llegó a estar por encima del contenido. ¿Qué significa esto? Que hace 200 años ya estaba ejerciendo como un diseñador gráfico, convirtiendo el abecedario en arte.

Rompiendo el triste silencio ante el bicentenario de su muerte, que se celebra este año, acaba de nacer la Biblioteca Bodoni, una iniciativa de la Universidad de Salamanca para la investigación y difusión de su obra dirigida por Pedro M. Cátedra y potenciada también por nombres como Franco María Ricci, uno de los diseñadores de prestigio internacional que más uso ha hecho de la herencia del tipógrafo. No es baladí que esta Biblioteca nazca en España, pues el Ducado de Parma, donde trabajó Bodoni, era un protectorado muy atendido de la Corona española, "una especie de Estado satélite, borbónico y Europeo, que explica que el único título que exhibiera Bodoni fuera el de Tipógrafo del Rey de España". Lo cuenta Cátedra, uno de los mayores conocedores de su obra y, a la vez, un ávido coleccionista de libros con la firma de este hombre que llegó a definirse como "íbero".

El insólito perfil de Bodoni impulsó este proyecto de investigación que ha desembocado en un portal al que puede acceder tanto un lector con curiosidad por la actividad intelectual en el pasado como un estudioso de la vida y la obra de un personaje histórico que fue conquistando cada vez un espacio mayor en los libros: "Llegó a eliminar las ilustraciones en muchos casos e incluso publicó distintas opciones del mismo título, como esos artistas que pintan una catedral con distintas luces". Su preocupación por el prestigio, amplía el catedrático, se deja ver en sus epistolario, incluido en el portal y entre el que sorprenden destinatarios como Napoleón, José Bonaparte y Benjamin Franklin.

"En sus cartas están representadas las primeras autoridades europeas, lo que da cuenta de su internacionalidad", insiste Cátedra, que confía en que la Biblioteca llegue a albergar 4.000 epísolas. "La autobiografía es insincera, pero cuando disponemos de miles de misivas podemos apreciar la personalidad del que escribe con facilidad, como sucede en aquellas en las que protestaba por el nombramiento de un nuevo ministro, inculto, y declaraba que ante tal panorama abandonaría Parma y pondría rumbo a España por un plato de lentejas". Además, la Biblioteca Bodoni se completa con monografías realizadas o no al hilo de la investigación, tanto por autores españoles como por extranjeros, y con la publicación de estos estudios por parte de Ediciones Universidad de Salamanca.

El carácter único de Bodoni también se deduce de su afán perfeccionista, de su constante reivindicación de la condición de artista y de su capacidad para ser original por encima de lo comercial. "Todo forma parte de esa personalidad apabullante que impresionó a los viajeros que, llegados de todas partes, acudían a visitar su taller", recuerda Cátedra. De alguna manera, esta Biblioteca virtual paliará el sorprendente vacío que en las bibliotecas españolas hay de volúmenes suyos, sobre todo en comparación con las colecciones italianas o francesas: "Los libros de Bodoni circulan a precios disparatados porque siempre fue muy exclusivo, muchos los publicaba para la distribución entre amigos. Hay libros que son emblemáticos y muy buscados, como el Horacio de 1791, promovido por un español, José Nicolás de Azara, y que es el primer gran libro neoclásico de la imprenta europea, al igual que el Manual tipográfico, que no pudo ver terminado y que incluye todos los tipos que tenía en la imprenta".

Cátedra lanza por último una reivindicación respecto al tipógrafo, apenas estudiado en España a pesar de su vinculación con el país: "Me temo que su aniversario va a pasar sin pena ni gloria, porque esta Biblioteca no es un acto de conmemoración. Me resulta extraño que nadie haya tenido la inteligencia de reivindicar como Marca España a Bodoni y darle un aire internacional a esas celebraciones que habitualmente se hacen para consumo interno, con la vista en el ombligo. Es una pena".