Los textos de La vida a veces -el título lo toma de un poema de Gil de Biedma- se centran en situaciones cotidianas protagonizadas por seres anodinos, que una particular atención sobre lo minúsculo eleva a personajes literarios. De entre todos los cuentos destacan "Martes" (que explica el segundo día de la semana de un grupo de vecinos al modo de Vidas cruzadas), "Estrellas" y "El trastero" (en que todo el pasado de un hombre vive en un minúsculo habitáculo a través de los objetos). No le interesan a Del Amor las grandes hazañas, sino los pequeños gestos, los cataclismos de la intimidad. Se mueve como pez en el agua cuando cuenta la desolación, el desengaño. Su escritura parece deberle mucho a su actividad periodística, lo mismo que sus temas. Acaso demasiado, porque en ocasiones se echa de menos una mayor profundidad psicológica de los personajes y un mayor vuelo literario del lenguaje. A pesar de eso, sus cuentos son pequeños espejismos de realidad, contados con esa naturalidad que le caracteriza como informador, y se leen con el mismo placer con que escuchamos a diario sus crónicas.
Los textos de La vida a veces -el título lo toma de un poema de Gil de Biedma- se centran en situaciones cotidianas protagonizadas por seres anodinos, que una particular atención sobre lo minúsculo eleva a personajes literarios. De entre todos los cuentos destacan "Martes" (que explica el segundo día de la semana de un grupo de vecinos al modo de Vidas cruzadas), "Estrellas" y "El trastero" (en que todo el pasado de un hombre vive en un minúsculo habitáculo a través de los objetos). No le interesan a Del Amor las grandes hazañas, sino los pequeños gestos, los cataclismos de la intimidad. Se mueve como pez en el agua cuando cuenta la desolación, el desengaño. Su escritura parece deberle mucho a su actividad periodística, lo mismo que sus temas. Acaso demasiado, porque en ocasiones se echa de menos una mayor profundidad psicológica de los personajes y un mayor vuelo literario del lenguaje. A pesar de eso, sus cuentos son pequeños espejismos de realidad, contados con esa naturalidad que le caracteriza como informador, y se leen con el mismo placer con que escuchamos a diario sus crónicas.