Image: Primeros, seguros pasos

Image: Primeros, seguros pasos

Letras

Primeros, seguros pasos

Lo mejor 2012: Opera prima

28 diciembre, 2012 01:00

Sumario: Lo mejor del año

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que ser un autor joven garantizaba la edición casi inmediata. Ya no. Los narradores noveles no lo han tenido fácil en un 2012 en el que las editoriales tradicionales han confiado en clásicos y consagrados que garantizasen ventas más o menos seguras. La solución, en muchos casos, ha estado en los sellos independientes (Acantilado, Salto de Página, El Olivo azul) y en la red, abierta a todos. Ha sido la encargada habitual de nuestra sección de opera prima, Care Santos, la encargada de realizar esta selección. Destacamos aquí las cinco primeras.


1. El anarquista que se llamaba como yo

Pablo Martín Sánchez
Acantilado. 624 pp. 26 euros

Apenas lleva en la calle unas semanas y ya es un secreto a voces: hay que leer El anarquista que se llamaba como yo, de Pablo Martín Sánchez (Reus, 1977), graduado en Arte Dramático, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, y máster en Humanidades, que ha trabajado como lector, corrector, traductor y librero. El origen del libro lo explica el autor desde las primeras páginas: estaba curioseando en google, rastreando su nombre y esperando no encontrar nada cuando le asaltaron cientos de referencias a un legendario anarquista llamado como él, que fue condenado a garrote vil en 1924. Conoció a una sobrina de su homónimo, y decidió comenzar a investigar y escribir su vida. De París a Vera de Bidasoa, de Argentina a Barcelona, Martín Sánchez nos narra la vida de un revolucionario casi a su pesar, que conoce de primera mano las contradicciones y miedos de gentes como Blasco Ibáñez, Durruti, Ascaso o Unamuno en los turbulentos tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, que alentó, en último término, la llegada de la II República.

2. Lobisón

Ginés Sánchez
Tusquets. 312 pp. 18 e.
Adrián, un autista no diagnosticado, es el septimo hijo de Zacarías, y por sus extrañas costumbres nocturnas comienza a ser considerado un lobisón (hombre lobo en portugués). Pero no hay en el relato ni balas de plata ni transformaciones a la luz de la luna. Los monstruos son los compañeros de escuela que le torturan y él cuando responde con similar violencia. Lo mejor, como señaló Care Santos en su crítica, es que G. Sánchez (Murcia, 1967) regala "una trama que va creciendo en emoción y ritmo, hasta llegar a un final desgarrador. Y que todo esto ocurra en una primera novela es una estupenda noticia".

3. Los que duermen

Juan Gómez Bárcena
Salto de página. 128 pp. 14 euros

El debut en el relato de Gómez Bárcena (Santander, 1984) nos descubre a través de quince narraciones cómo es posible combinar mitología y modernidad con talento e imaginación: así, descubrimos a una joven reina embarcada en un viaje imposible en busca de su difunto marido, a un Aquiles que planta cara a su destino y huye de Troya en plena guerra o a una colonia de robots, los últimos pobladores del planeta, que añoran a sus creadores. Los críticos han destacado este libro como uno de los más hermosos del año.

4. Siberia

Juan Soto Ivars
El olivo azul. 125 pp, 16 e.

Siberia es Madrid, y es la misma vida de Jonás, un escritor sin éxito que ronda los treinta años y que acaba de superar un tumor cerebral. Siberia es para él también la escritura, o su relación con las mujeres. "La cárcel -escribe- puede ser un lugar sin muros, una extensión demasiado amplia como para pensar en escapar". O también: "Ésta es la sexta diferencia entre el escritor y el que escribe: el escritor da de beber a la palabra la sangre de su propia herida". Así es Soto Ivars (Águilas, 1985) en esta fascinante primera novela.

5. Un pequeño paso para el hombre

David Vicente
Tagus. ebook. 166 pp, 2'99 euros
Se abren paso, al fin, los libros digitales entre los mejores del año. Y lo hacen con esta opera prima de David Vicente (Madrid, 1974), que recrea la noche en la que el hombre pisó la luna... O no, porque de eso trata la novela, del no alunizaje, de la impostura que hizo soñar a todo el planeta mientras un estadounidense de origen español rodaba en Florida el engaño. La trama -explicaba C. Santos- "alza un vuelo fascinante y se convierte en una reflexión sobre la pequeñez del hombre frente al poder".