Image: El enemigo en tu oreja

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Letras

El enemigo en tu oreja

Nino Treusch, alto ejecutivo de una empresa de telefonía, debuta en la novela con El conejo blanco, libro en el que denuncia los riesgos del móvil en la salud

Marta Caballero
Publicada
Actualizada

Nino Treusch.

Nino Treusch guarda en su bolsillo un Sony Ericsson que usa comedidamente. Procura que al aparato las conversaciones sean lo más escuetas posible y trata de usarlo siempre con auriculares. Que el cacharro no le toque la oreja. Cuando se va a dormir, o cuando no va a usarlo, lo apaga y se queda más tranquilo. Es una manía suya la de desconectar los aparatos electrónicos a su alrededor, pero un hecho en su vida la convirtió casi en una obsesión. Ejercía de alto ejecutivo en una multinacional de telefonía móvil cuando en sus manos cayó un estudio sobre los daños de las ondas electromagnéticas que emiten estos aparatos en el cuerpo humano. No entendió muy bien el informe, que era largo, pero sí acertó a averiguar que sus conclusiones no eran nada alentadoras. Se quedó tan asustado como los lectores de su libro, el libro que ahora presenta en Madrid (Planeta edita) y que nació de aquel desafortunado hallazgo y también de una soterrada inquietud literaria. A modo de símbolo, lo tituló El conejo blanco, como conejo de indias es su protagonista, como conejillos somos todos cuando la tecnología se adelanta a la investigación médica.

Gracias a los 50.000 ejemplares despachados en Italia, donde ha sido el ebook más descargado de 2011, Treusch ha logrado dos cosas. La primera, soltarse la corbata y sacar al escritor que el yuppie se había comido (ya planea una nueva novela, negra, a lo Agatha Christie); la segunda, convertirse en voz autorizada para hablar de esa imprecisa asociación de la telefonía con el cáncer. Todo empezó en 2002, cuando se convirtió en flamante ejecutivo de una gran empresa, como Jan, el personaje principal de su novela, y continuó con la referida lectura de un tocho de 500 páginas, un informe financiado por la Unión Europea: "Me pareció tremendo, me dio bastante miedo, porque todos usamos hoy esta tecnología. Tenía mucho de ética, porque hay que mirar cómo algo que es nocivo llega a validarse, y también tuve claro que el problema era la celeridad con la que la industria había convertido estos aparatos en objetos imprescindibles en nuestras vidas. Entonces empecé a pensar el libro, y también a leer estudios, algunos apocalípticos y otros más sosegados, y a darme cuenta de que existía una verdadera intranquilidad entre los consumidores respecto a este tema. La OMS no ha llegado a confirmarlo, pero ya no lo descarta", confirma el escritor, que para la escritura de El conejo blanco también consultó a varios médicos.

Al pobre protagonista de su libro el conocimiento y el acceso a la información le salen muy caros, pero él no ha corrido esa suerte, se alegra: "Sí es verdad que cuando el libro se publicó en Italia me pusieron en contacto con gente que quería hablarme sobre otros problemas asociados a otros aparatos, como los microondas. Pensé que mi libro podía ser fuerte, pero no para tanto. El caso es que hay no hay nada claro sobre si el móvil es o no cancerígeno, por eso nadie puede tomar o no represalias. Las empresas no se dan por aludidas, eluden su responsabilidad y seguirán así hasta que un documento oficial confirme que hay un problema. Hasta entonces, a mí nadie puede acursarme", se alivia. Al hilo, este dato: el lapso de desarrollo del cáncer con respecto al empleo del teléfono puede ser de cincuenta o setenta años y hace tan sólo unas tres décadas que aparecieron los móviles.

En su opinión, y ante la incertidumbre, lo mejor es optar por la vía intermedia, no tentar a la suerte y evitar los excesos: "En 2003 nadie pensaba en darle un teléfono móvil a su hijo, pero ahora a los 5 ó 6 años los niños ya tienen uno. Es una edad increíblemente baja". En cuanto al futuro, pronostica que los países que ya tienen recomendaciones médicas sobre el uso del móvil, como Inglaterra o los países nórdicos, serán los primeros en atajar el problema. "Es importante que se ponga atención en este tema, que se haga una investigación larga que cierre las dudas. Hay dos problemas, el primero es que el dinero para la investigación es mucho, y el segundo es que metodológicamente es difícil de esclarecer, porque todo el mundo lo usa, no un sector determinado de la población", distingue.

Tiende el autor a comparar lo que hoy vivimos con lo que sucedió con el tabaco, cuando las tabacaleras no pudieron demostrar más que su producto no era nocivo y decidieron anunciarse aludiendo a valores como la hombría, la rebeldía... el famoso 'it's toasted' que se relata en la serie Mad Men. Pero cita Treusch un caso incluso más parecido, el de la carne de vacuno en Estados Unidos y los casos de E.coli: "En vez de mejorar la hierba o el proceso, tratan la carne con amoniaco. Algo así pasará con los móviles, se inventarán un box para el bolsillo, aparatos que repelan las ondas...", protesta, y se acuerda con humor de aquel absurdo furor con el que algunos acogieron hace unos años unas pegatinas que, supuestamente, evitaban los efectos nocivos del móvil en la cabeza.

Junto a la problemática de la telefonía, su libro pasea por situaciones muy reales, a pesar del carácter de obra de género que ha tratado de imprimirle. La crisis económica, las relaciones con los jefes, la crisis de los 40, el sueño de un ejecutivo de, bien llegar más alto en su trabajo, bien mandarlo todo al garete, son algunos de los ingredientes de esta obra en la que, reconoce, también hay parte de sus propias vivencias. Para la próxima novela, ni denuncias ni experiencias personales, se marcha a la Rumanía de Ceaucescu en clave de misterio, pero sin truculencia, en un relato para el que se encomendará a Saramago y Agatha Christie, sus dos mitos, y que publicará antes o después, dependiendo de cuánto tiempo quiera jugar con él su hija de siete años.