Image: El final del amor

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Letras

El final del amor

Marcos Giralt Torrente

Ricardo Senabre
Publicada
Actualizada

Marcos Giralt Torrente. Foto: ICAL

Premio Ribera de Duero. Páginas de Espuma, 2011. 163 páginas, 15 euros


Marcos Giralt (Madrid, 1968) ha tanteado hasta ahora, como es lógico en un escritor que busca su camino personal, varias modalidades narrativas, desde el microrrelato hasta la novela larga, aunque se diría, a juzgar por los resultados que hoy podemos comprobar, que su escritura se ajusta especialmente a la estructura del cuento. El final del amor reúne cuatro relatos de esta naturaleza, unidos por un motivo temático afín que ya sugiere el título del volumen. En todos ellos, un narrador homodiegético -es decir, que forma parte de los personajes- observa desde fuera unas relaciones con signos de imparable deterioro, unas vidas escindidas o que parecen abocadas a la ruptura, unas historias con numerosos puntos oscuros que obligan a la conjetura, a la incertidumbre, a la expresión abierta de dudas que dejan en el aire, sin resolver, las motivaciones de las conductas, e incluso hechos que el narrador no conoce y se ve obligado a suponer. Expresiones como "es probable que no quisiera apremiarlo. También es probable que hubieran hablado a mis espaldas […] Hay otra probabilidad que se me ocurre ahora…" (p. 153) y otras fórmulas análogas abundan en el texto y subrayan que el insuficiente conocimiento de los hechos por parte del narrador se ve a menudo compensado por las hipótesis, los análisis psicológicos, la construcción de la historia mediante la reflexión y el afán introspectivo, dado que las conductas externas de los personajes no bastan para revelar la verdad, y más bien la convierten en brumosa y contradictoria. Algunos de los narradores ofrecen puntos en común; así, la ausencia del padre -dato que relaciona estos relatos con otras obras de Giralt, como la novela Tiempo de vida-, y dejan entrever noticias autobiográficas (en "Cautivos", p. 68, o en "Joanna", p. 118), aunque este aspecto posee un interés secundario.

En "Nos rodeaban palmeras", una pareja de turistas en una perdida isla del Índico se esfuerza por mantener una convivencia gastada y trata de ver en otra pareja que se ha unido a la excursión los signos de una degradación afectiva semejante a la suya, como si la observación de la ruina del otro fuera una advertencia premonitoria -o una consoladora justificación- del inevitable derrumbamiento que amenaza al contemplador. "Cautivos" abarca, a pesar de su breve extensión, muchos años: los de la juventud de Alicia, su matrimonio con Guillermo Cunningham y el lento deterioro de su vida en común -hasta concluir en el cruel acuerdo de una peculiar separación convencional-, todo ello observado desde lejos por el primo de Alicia, equidistante entre ambos cónyuges y, al final, único hilo comunicativo que mantienen.

"Joanna" es una espléndida narración acerca de un inconfesado amor juvenil marcado desde el principio por una segura fecha de caducidad que, sin embargo, no impide su pervivencia en el tiempo. El análisis matizado de la relación entre Joanna y el narrador, las sutiles observaciones de éste acerca de la madre y el hermano de la muchacha, los sobresaltos melancólicos que lo acompañan intermitentemente a lo largo del tiempo cuando rebrota vivo el recuerdo de aquellos días de la adolescencia, así como la inesperada noticia final, hacen de este narrador un personaje de insólita hondura. Finalmente, "Última gota fría" recae de nuevo en el problema de una relación truncada que no se rompe del todo, en una convivencia imposible que no excluye, sin embargo, un amor profundo y duradero, todo ello contemplado asimismo por un adolescente desnortado y con la afectividad erosionada, acaso definitivamente, por la inestabilidad sentimental de los mayores.

Se trata de unos cuentos de notable calidad, escritos con una prosa cuidada, donde sólo cabe señalar algún exceso, como la descripción del alemán (p. 17), construida mediante afirmaciones improbables, algún giro trivial ("dejar de pensar en ella, pasar página", p. 116; "el día a día", p. 153) y algún torrente embarullado de monosílabos ("descontando los de los muy pequeños y los de los que, como yo…", p. 47). También convendría no haber escrito "en media hora había llegado el primer invitado" (p. 60) en vez de ‘media hora después' o ‘media hora más tarde'.