Letras

Una añada corriente

Lo mejor del año: Análisis

30 diciembre, 2004 01:00

Especial: Lo mejor del año

Aunque 2004 no será recordado como una fecha cumbre, tampoco merece una jeremiada. Ha dado una añada corriente, semejante a las que se suceden en los últimos tiempos

El vistazo panorámico a la actividad literaria del año que se cierra revela una situación compleja y contradictoria. En términos de creatividad, no vivimos momentos de plenitud. Esto no es cosa de hoy. El epigonismo afecta de tiempo atrás a todo el quehacer intelectual y artístico. Nada de verdad nuevo y sorprendente ha habido en estos doce últimos meses, al menos algo con fuerza revulsiva inequívoca. 2004 ha sido un año corriente, uno más de producción continuada, ni para echar cohetes ni para llorar. Incluso podría parecer la botella medio llena. De momento, el volumen editorial aleja el fantasma de la anunciada muerte del libro: alrededor de setenta mil títulos anuales. Sí son para preocuparse las encuestas de lectura: la mitad de los españoles no lee nunca; la otra mitad, lee poco y mayoritariamente novela, y las listas de títulos preferidos están copadas por mediocres productos de consumo. El mercado parece ser la definitiva seña de identidad de la literatura actual. Pero uno duda de que esa apuesta por lo comercial de algunos editores influyentes esté bien fundada. ¿Realmente es necesario que el Planeta, única imagen de lo literario para la gente común, recaiga en una obra tan inconsistente como la de Lucía Etxebarria?

Falsearíamos, sin embargo, la realidad si tomáramos esa imagen como representación total de nuestras letras. Porque la literatura de poca exigencia u oportunista, aunque mayoritaria, ha llegado a las librerías a la vez que obras de mérito y riesgo firmadas por escritores asentados: Luis Mateo Díez, Roberto Bolaño, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Alvaro Pombo o Belén Gopegui, en narrativa; y por Antonio Martínez Sarrión, Chantall Maillard, Jaime Siles, Carlos Marzal o Lorenzo Oliván en poesía.

¿Y la juventud o las voces nuevas? éste quizás sea el punto más débil del presente, pues hasta donde se le alcanza a uno, sólo un par de nombres llaman en especial la atención: el narrador Isaac Rosa (préstese atención a su original El vano ayer) y el ensayista Javier Gomá, que obtuvo el premio Nacional de Ensayo 2004 por Imitación y experiencia (ninguno de los dos ni muy joven ni nuevo del todo) desprenden una fragancia prometedora, aunque todavía no bien fijada. Ciertamente, este año más que por revelaciones destaca por presencias editoriales de veteranos: alguna sorpresa que no es tal (país éste de pobre memoria), la del poeta Carlos Edmundo de Ory y del novelista Ramiro Pinilla (Verdes valles, colinas rojas, uno de los grandes y polémicos libros de la temporada); la del lírico extremo y desasosegante Antonio Gamoneda, jefe de filas a pesar suyo de un esencialismo que está encabezando, aunque él se sienta lobo solitario, un fenómeno último a seguir con atención, una larvada guerrilla para apear del trono a la poesía de la experiencia.

Junto a los nombres veteranos, destaca también el rescate de clásicos contemporáneos: primeros volúmenes de las nuevas "completas" de Ortega y Gasset, la poesía entera de León Felipe o los escritos de Salvador Dalí. No está nada mal, porque una cultura no se hace con la efímera flor de un día ni con el espectáculo de colas en los museos que encanta a los gestores postmodernos.

No todo el oro reluce, sin embargo. Y esto sí merece un apunte vehemente. Las letras son cada día más escaparate e imagen mediática. Muchas obras del año sólo tienen presencia virtual, y nada más cuenta aquello que sale en la tele, sobre todo, o en la prensa. Ni una sola mención he visto a las poesías reunidas de Víctor Pozanco, y muy pequeño eco ha tenido la nueva novela de un narrador de primera, Isaac Montero; en fin, casi ha pasado desapercibido Retrato del artista en el destierro, un escrito importante y consolador, con el cual el culto periodista trasforma un género de moda, las memorias, en un original ensayo que descubre en las letras la "arquitectura espiritual" de nuestra especie y denuncia a "los bulderos o traficantes con palabras averiadas o infectadas": procla- ma necesaria aunque utópica. Antonio Gamoneda y d'Ory codo con codo en la misma colección y al lado de Etxebarria en el mismo escaparate ejemplifican la variedad o caos de las letras españolas de este año.

Pero el libro no le pone ya puertas a la literatura y empieza a tener un peso considerable el otro escaparate, la Red. No sería éste un balance abarcador si no reflejara este dato. Algo de lo nuevo circula por Internet. La visito sólo ocasionalmente, pero he encontrado cosas nada despreciables, de gente desconocida, por ejemplo poesía experimental de talento e ingenio. Aunque 2004 no será recordado como una fecha cumbre, tampoco merece una jeremiada. Ha dado una añada corriente, semejante a las que se suceden en los últimos tiempos.