Publicada en catalán por La Campana, esta primera novela del antropólogo Albert Sánchez Piñol resultó ser la gran sorpresa de la tempo- rada pasada. La versión castellana ha recibido el Premio Ojo Crítico. Aunque las medallas de nada sirven si no hay detrás lo que tiene que haber, y en este caso hay una soberbia novela, poco encasillable en moda alguna, que reivindica el gusto por contar y el pulso de los grandes maestros, que defiende la literatura con mayúsculas: la que aún es capaz de atrapar al lector desde la primera línea.
Sánchez Piñol ha construido una novela de aventuras e intriga de corte clásico cuyo protagonista cuenta su estancia en una isla en compañía de un farero con quien no ha empezado con buen pie. Muy pronto descubrirá que la isla es atacada por las noches por un enemigo que surge del mar, y será necesario que ambos unan esfuerzos. En realidad, tras esta anécdota -de tan evidente parentesco con Conrad o Stevenson y hasta con Melville, añadiría yo- se permite una primera lectura sin dobleces, pero se esconden también algunas preocupaciones del Sánchez Piñol antropólogo. Por ejemplo, el modo en que tendemos a "animalizar" al enemigo o como percibimos al ser que consideramos diferente a nosotros. Y también hay una reflexión sobre la violencia en las relaciones humanas, sobre la dificultad del entendimiento con el prójimo y, sobre todo, sobre el modo en que aquéllas dependen de nuestra mirada sobre el otro. Sánchez Piñol ha escrito un libro distinto, profundo, terrible y poético en el que habla (y muy bien) de la dificultad de las relaciones humanas y de la absoluta victoria de la incomunicación y la soledad.
Sánchez Piñol ha construido una novela de aventuras e intriga de corte clásico cuyo protagonista cuenta su estancia en una isla en compañía de un farero con quien no ha empezado con buen pie. Muy pronto descubrirá que la isla es atacada por las noches por un enemigo que surge del mar, y será necesario que ambos unan esfuerzos. En realidad, tras esta anécdota -de tan evidente parentesco con Conrad o Stevenson y hasta con Melville, añadiría yo- se permite una primera lectura sin dobleces, pero se esconden también algunas preocupaciones del Sánchez Piñol antropólogo. Por ejemplo, el modo en que tendemos a "animalizar" al enemigo o como percibimos al ser que consideramos diferente a nosotros. Y también hay una reflexión sobre la violencia en las relaciones humanas, sobre la dificultad del entendimiento con el prójimo y, sobre todo, sobre el modo en que aquéllas dependen de nuestra mirada sobre el otro. Sánchez Piñol ha escrito un libro distinto, profundo, terrible y poético en el que habla (y muy bien) de la dificultad de las relaciones humanas y de la absoluta victoria de la incomunicación y la soledad.