Retrato anónimo de Juan Sebastián Elcano realizado en el siglo XIX y conservado en el Museo Naval de Madrid. A la derecha, réplica de la nao Victoria en Punta Arenas (Chile). Al fondo, mapa de la travesía de la expedición Magallanes-Elcano.

Retrato anónimo de Juan Sebastián Elcano realizado en el siglo XIX y conservado en el Museo Naval de Madrid. A la derecha, réplica de la nao Victoria en Punta Arenas (Chile). Al fondo, mapa de la travesía de la expedición Magallanes-Elcano. Diseño: F. D. Q.

Historia

500 años de la muerte de Elcano, el primero en circunnavegar la Tierra pese al olvido de su cronista

El marino capitaneó la primera vuelta al mundo tras la muerte de Magallanes, líder original de la expedición.

Falleció en el Pacífico intentando volver a las islas de la Especiería.

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Aunque la relación entre ambos distase de ser la mejor, la figura de Fernando de Magallanes no se entiende sin la de Juan Sebastián Elcano, ni la de este sin la de aquel.

En el verano de 1519, Magallanes zarpó de Sanlúcar de Barrameda al frente de una flota de cinco naos con un doble objetivo: hallar un paso entre el Atlántico y el entonces llamado Mar del Sur —que el marino portugués al servicio de Carlos I de España rebautizaría como océano Pacífico— y, tras ello, alcanzar las islas Molucas —en la actual Indonesia—, ricas en especias.

Decenas de tripulantes, incluido el propio Magallanes, perdieron la vida en aquella peligrosa aventura. No fue el caso de Elcano, que junto a otros oficiales logró a finales de 1521 arribar a esas islas de la Especiería y las riquezas que atesoraban en forma de clavo, nuez moscada y otros condimentos entonces de valor incalculable en el mercado europeo.

Una vez cargadas de cientos de quintales de especias las bodegas de la Victoria —el barco que capitaneaba Elcano— y la Trinidad —la otra nave superviviente, al mando de Gonzalo Gómez de Espinosa—, llegaba la hora del regreso. Mientras la Trinidad intentaría, sin éxito, alcanzar las posesiones españolas en la costa americana del Pacífico, la Victoria lo haría en dirección opuesta. Es decir, volver a España navegando hacia el oeste. Esto es, dar la vuelta al mundo.

Los límites del Tratado de Tordesillas

Retornar surcando los mares hacia poniente no entraba en el guion del difunto Magallanes. Fue Elcano quien tomó esa decisión, que implicaba atravesar el Índico, un mar portugués por obra y gracia del Tratado de Tordesillas, que otorgaba también a los lusos las aguas de la costa atlántica de África.

Fue la del marino guipuzcoano una elección osada, pues suponía cruzar el Índico y el Atlántico sin arriesgarse a tocar tierra ante la amenaza de ser apresados por los portugueses. Solo el hambre y el agotamiento tras meses de travesía los empujaron a jugarse el éxito de la expedición fondeando en el archipiélago luso de Cabo Verde.

Aunque en principio lograron ocultar a los portugueses de dónde venían, finalmente serían descubiertos, por lo que la Victoria huyó sin varios de sus tripulantes, que quedaron allí presos.

Finalmente, el 6 de septiembre de 1522, la nao llegaría a Sanlúcar, desde donde Elcano escribiría al ya emperador Carlos V: "Saberá tu Alta Magestad lo que en más avemos de estimar y tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo".

Este es, a grandes rasgos, el relato de la expedición de la Especiería —liderada por Magallanes— que derivó en la primera circunnavegación del globo terráqueo, con Elcano como capitán. Por ello, no se entiende un protagonista sin el otro.

Investigaciones minuciosas sobre Elcano

El marino de Guetaria y todo lo relativo a la primera vuelta al mundo ha sido objeto de minuciosa investigación por parte de Tomás Mazón Serrano. Ingeniero de profesión, sus hallazgos en archivos lo han empujado a escribir tres libros y a desarrollar una web, Ruta Elcano, considerada la principal referencia en Internet de la historia de la Armada de la Especiería.

En Elcano, viaje a la historia (Ediciones Encuentro, 2022) plasmó esos tres años de la expedición Magallanes-Elcano. Con la misma editorial publicó Espinosa, el último capitán de la vuelta al mundo (2022), centrada en el ya mencionado capitán de la Trinidad, que acabaría apresada por los portugueses.

Mazón Serrano escribiría después La vuelta al mundo maldita: la expedición de Loaysa (Edaf, 2024). En esta obra evoca la armada que en 1525 partió de La Coruña también con rumbo a las Molucas, de las que se pretendía tomar posesión ahora que ya se conocía la ruta a seguir desde que Magallanes descubriera el estrecho al que la historia le dio su nombre.

Una expedición en la que Elcano fue el segundo de a bordo, tras el capitán general García Jofre de Loaysa. Ambos fallecerían por enfermedad en aguas del Pacífico, a unos 1.300 kilómetros de Hawái, con escasos días de diferencia —Elcano, el 4 de agosto de 1526— y lejos de la meta de la Especiería.

El relato parcial de Pigafetta

Antes de narrar el final del marino vasco, recordemos por boca de Tomás Mazón cómo el cronista italiano Antonio Pigafetta —uno de los dieciocho supervivientes que regresaron a Sanlúcar a bordo de la Victoria en 1522— silenció la figura de Elcano.

"La relación del viaje escrita por Pigafetta no solo omite a Elcano y al resto de supervivientes, sino que además desmerece el especial mérito que tuvo la navegación de vuelta. Le dedicó escasas páginas, como si fuera algo sencillo o meramente devenido, cuando en realidad la apuesta de Elcano por cruzar el océano Índico y tomar la vía del cabo de Buena Esperanza resulta absolutamente épica", afirma en referencia a esa ruta casi sin tocar tierra para no caer en manos de los portugueses. "Elcano tenía muy pocas opciones de éxito y pese a ello lo logró. Eso no se entiende si uno solo lee a Pigafetta".

Afortunadamente, otros supervivientes de la Armada de la Especiería, como Ginés de Mafra, si dieron a Elcano en sus relatos el papel que merecía. Ahora bien, la omisión realizada por Pigafetta, a ojos de Mazón Serrano, perjudicó a Elcano en futuras narraciones.

Un buen ejemplo puede observarse en Magallanes, el hombre y su gesta, en la que Stefan Zweig apenas menciona al hombre que completó la primera vuelta al mundo.

Mazón Serrano profundiza en los méritos de Elcano, quien se informó de los ciclos del monzón antes de abandonar las Molucas: "Su apuesta al intentar navegar desde Timor por latitudes ignotas del océano Índico era arriesgadísima".

"Tomó esta decisión pese a la opinión contraria de su maestre y de su piloto, que preferían dirigirse a las islas Maldivas para poder realizar una escala donde reparar la nao, cuyo maltrecho casco 'hacía mucha agua'". Elcano tenía claro que una escala allí los acercaría peligrosamente a los portugueses, instalados en la India y otros puntos del Índico.

Comparaciones de travesías del Pacífico

Volviendo atrás en el tiempo, uno de los hitos de la expedición de Magallanes —antes de que Elcano tuviera protagonismo— fue la larga travesía del Pacífico hasta alcanzar la isla de Guam, para después llegar a las actuales Filipinas e Indonesia. Fueron tres meses sin encontrar tierra en la que amarrar, con el hambre y el escorbuto haciendo estragos. Sin embargo, los vientos fueron favorables.

Cinco años después, en 1526, con Elcano enrolado en la expedición de Loaysa, la meteorología fue diametralmente opuesta. "El mejor ejemplo de ello es que los de Magallanes llamaron Pacífico a aquel nuevo océano, mientras que, al poco de entrar en él, a los de Loaysa les sobrevino una tempestad que disgregó a la flota para siempre".

Pese a las inclemencias del tiempo, Mazón Serrano considera que en este segundo viaje por el Pacífico "iban mejor preparados" en cuanto a víveres. "En sus testamentos, Loaysa y Elcano repartían vituallas que portaban a bordo".

Muerto Elcano, los supervivientes de la nao en la que viajaba atracaron, tras diversas penalidades, en las Molucas. Allí los encontró la expedición de ayuda que había enviado Hernán Cortés desde México. Mazón Serrano considera "increíble" que Cortés "lograra armar una flota de auxilio a los de Loaysa, y que además tuviera éxito" al encontrarlos.

El investigador cita a un joven Andrés de Urdaneta, que viajaba con Elcano y se contó entre los supervivientes que arribaron a las Molucas. "Nos maravillamos mucho cuando supimos que venía de Nueva España", dejó escrito el marino que décadas más tarde surcaría el Pacífico entre Filipinas y Acapulco, el llamado tornaviaje. Pero esa es otra historia de los grandes navegantes españoles.