Sandro Botticelli: Adoración de los Magos, 1475 (detalle). Foto: Galleria Uffizi

Sandro Botticelli: Adoración de los Magos, 1475 (detalle). Foto: Galleria Uffizi

Historia

Una fuerza política, social y cultural arrolladora que cambió el mundo: así nació el cristianismo

Conquistó el Imperio romano y se convirtió en una de las fuerzas motrices del desarrollo de Occidente. Juan Esteban Constaín analiza en El Hijo del Hombre las claves culturales e históricas del surgimiento de una religión de perfiles mestizos.

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Esta es una historia de encrucijadas. Su protagonista, al menos el que le da título, El Hijo del Hombre de Juan Esteban Constaín (Popayán, Colombia, 1979), no comparece plenamente hasta el tramo final, página 387, penúltimo capítulo, y además en términos interrogativos que cuestionan su existencia.

Cubierta de 'El hijo del hombre', de Juan Esteban Constaín

Cubierta de 'El hijo del hombre', de Juan Esteban Constaín

El hijo del hombre

Juan Esteban Constaín

Debate, 2026
544 páginas. 23,90 €

Lo que se ha relatado antes es la sucesión de acontecimientos, con los focos en Grecia y Roma y sus expansiones, que explican el surgimiento del cristianismo en esa encrucijada de la Antigüedad judía y grecorromana.

El Hijo del Hombre es uno de esos libros de Historia que invitan, más que a ser leídos, a ser navegados, valga la imagen más o menos cursi. Y que ponen al reseñista en un aprieto: ¿cómo resumir con solvencia lo que es un resumen brillante de un complejísimo proceso histórico?

Personajes y hechos conocidos (otros, no tanto) que recuperan sus más sugestivas vibraciones en una dinámica expositiva dotada de una singular dimensión eléctrica y de una voluptuosidad narrativa que delata la envergadura literaria del autor. Constaín sabe que nada es más cambiante que el pasado y dispone su ensayo (esto es un ensayo personal, con mucha identidad autoral, didáctico, ambicioso, estimulador y expansivo) como un relato fluvial, documentado y palpitante. Y con humor.

Parece razonable aceptar que las revelaciones de la arqueología, la filología, el discurso científico de la Historia, habitan coordenadas distintas de las de la fe. Los especialistas están más o menos de acuerdo en que hubo un personaje judío llamado Jesús que vivió aproximadamente entre el año 6 o 4 a. C. (así es esto) y el 30 o 33 d. C. Nació en una Judea agitada por los conflictos sectarios, en tiempos del rey edomita Herodes el Grande, que había sido leal a Marco Antonio pero se pasó sin mucha tribulación al bando de Octavio después de Accio.

Hay un Jesús adherido a los problemas políticos de su tiempo (las luchas identitarias en los años finales de la dinastía herodiana y la resistencia a la ocupación larga y opresiva del Imperio romano) y que se debate entre el activismo y el mesianismo; un Jesús más terrenal "que es casi un filósofo griego y socrático, un cínico que va por el mundo predicando el amor" y la ruptura con el poder y las convenciones de su sociedad; y el Jesús divino y cristiano "que lleva a cuestas, además de la cruz, la apasionante discusión de los primeros siglos de nuestra era" sobre su naturaleza, su misión y su carisma, "su lugar en el mundo y en la Historia como el hijo de Dios y su encarnación, el Hijo del Hombre".

Al examinar su figura, una cosa es lo que nos dicen las fuentes (la búsqueda del Jesús histórico sigue vigente) y otra el relato religioso que surgió de algunas de ellas "y que sirvió para construir el culto divino del cristianismo", esa fe de inspiración judía que se volvió una de las fuerzas motrices de Occidente.

El cristianismo surge en el cruce entre Grecia y Roma (con sus tradiciones míticas) y el pueblo hebreo

Interesa también la cuestión de los evangelios (que "no son textos históricos ni biográficos, aunque lo parezca").

En todos, Jesús es hijo de Dios, pero su figura adquiere matices: la tendencia "judaizante" en Mateo, la "judeocristiana" en Marcos, la "inclinación gentil o cosmopolita" en Lucas, un intento por situarlo y explicarlo en diálogo con los mundos helénico y romano, porque de ahí venimos: Grecia, la polis, Alejandro, el helenismo, Roma (la etapa monárquica, los siglos republicanos, las guerras civiles, Julio César), la construcción de sus orígenes míticos, la absorción de lo griego, sus conquistas hacia Oriente y Occidente, el Mediterráneo como tablero de operaciones, el judaísmo, la convergencia de lo hebreo con lo grecorromano.

Las identificaciones que se pueden realizar entre Jesús y algunos dioses o héroes griegos y romanos del paganismo (Heracles, Orfeo, Odiseo…) resultan tan sugerentes como culturalmente pertinentes.

En su evolución, la religión cristiana bebe en lo fundamental de dos grandes fuentes culturales y teológicas, el judaísmo y el helenismo, para consolidarse, definir su identidad e imponerse como fuerza histórica, como "credo universal y proselitista", en el Imperio romano, del que se convirtió en religión oficial. Este es un libro sobre las inciertas, caprichosas o paradójicas percusiones de la Historia, algunas de las cuales generan o surgen de encrucijadas.

El cristianismo se vuelve una fuerza política, social y cultural arrolladora "con la índole revolucionaria de su mensaje", y con san Pablo como figura decisiva, porque saca el mensaje de Jesús del ámbito judío "para predicar entre los gentiles, los paganos, los griegos y los romanos".

Durante la crisis espiritual y religiosa del helenismo se produce el triunfo político y militar de Roma en el Mediterráneo oriental, donde corrientes filosóficas reemplazan cultos religiosos que acusan el golpe que significó el cosmopolitismo inaugurado por Alejandro Magno y consumado por el Imperio romano.

El cristianismo, que surge en el cruce entre Grecia y Roma (con sus tradiciones poéticas y míticas) y el pueblo hebreo (con su tradición profética), es la síntesis de todo este proceso. También Jesús morirá en una cruz. Un libro (una historia) fascinante.