Grabado que representa la explosión de una bomba entre la policía durante los disturbios anarquistas de Chicago el 3 de mayo de 1886. Realizado por Thure de Thulstrup y publicado en 'Harper's Weekly' el 15 de mayo de 1886.

Grabado que representa la explosión de una bomba entre la policía durante los disturbios anarquistas de Chicago el 3 de mayo de 1886. Realizado por Thure de Thulstrup y publicado en 'Harper's Weekly' el 15 de mayo de 1886.

Historia

La sangrienta historia del Primero de Mayo, el día de los "mártires de Chicago" que EEUU prefirió borrar

Así nació, así llegó a España y así evolucionó durante más de un siglo el Día de los Trabajadores, que hoy celebra la mayoría de países del mundo.

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El Día Internacional de los Trabajadores, conmemorado cada 1 de mayo, es una jornada de lucha y reivindicación que hunde sus raíces en la historia del movimiento obrero moderno.

El origen de esta fecha se remonta a la Revuelta de Haymarket en Chicago, en 1886. Miles de trabajadores iniciaron una huelga el 1 de mayo para exigir una jornada laboral de ocho horas, en una época donde las condiciones industriales eran precarias.

Una ley federal de Estados Unidos había instituido en 1868 la jornada de ocho horas para los trabajadores del Estado, por lo que en los años siguientes hubo manifestaciones y huelgas para extender esa jornada de ocho horas también a los trabajadores del sector privado.

La Federación Americana del Trabajo (AFL, por sus siglas en inglés) decidió durante su congreso anual de 1884 organizar el 1 de mayo de 1886 una jornada de reivindicación obrera para lograr ese objetivo. Se eligió esa fecha porque era el día del año en que se acababan los contratos y se iniciaban los de la nueva temporada.

Como explica en su libro 1 de mayo. Historia y significado José Babiano Mora, doctor en Historia Contemporánea y profesor de la Escuela de Relaciones Laborales de la Universidad Complutense, en 1885 circulaba de mano en mano entre los trabajadores de las ciudades industriales norteamericanas una octavilla que decía:

“¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar de ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas para lo que nos dé la gana”.

Las huelgas en todo el país (“no menos de 5.000” con “alrededor de 340.000” huelguistas) y las manifestaciones derivaron en algunos casos en enfrentamientos violentos con la policía.

Giuseppe Pellizza da Volpedo: 'El Cuarto Estado' (1901), obra utilizada a menudo como símbolo de la clase obrera.

Giuseppe Pellizza da Volpedo: 'El Cuarto Estado' (1901), obra utilizada a menudo como símbolo de la clase obrera.

En Milwaukee los manifestantes arrojaron piedras a la numerosa policía que enviaron las autoridades y que reaccionó con disparos que acabaron con nueve víctimas mortales.

Pero lo que acabaría dando origen a la conmemoración del 1 de mayo en todo el mundo fueron los sucesos ocurridos en Chicago, “una ciudad especialmente dura en términos de condiciones de vida obrera” y “el cuartel general del anarquismo norteamericano”, explica el profesor Babiano.

En la puerta de una fábrica hubo numerosos enfrentamientos entre miles de huelguistas y los esquiroles contratados por los patrones para suplir a los que habían sido despedidos. Se oyeron disparos entre la multitud y la policía y los pistoleros de la agencia Pinkerton [que ejercía como policía privada de la patronal] abrieron fuego, dejando seis muertos y medio centenar de heridos.

Al mismo tiempo, en la plaza de Haymarket se había convocado un mitin que pretendía ser pacífico y que también acabó en tragedia. Cuando llegó la policía, “actuando con inusitada contundencia”, “cayó una bomba entre las fuerzas policiales. Cayeron muertos dos y otros seis morirían más tarde, a resultas de las heridas. A partir de ese momento se desató una violencia ciega. La policía abrió fuego contra la multitud dejando un balance de víctimas incierto, si bien pocos días después, las agencias de prensa se refirieron a medio centenar de militantes heridos mortalmente”, explica el catedrático de Historia Contemporánea.

Aunque no pudo demostrarse, el principal sospechoso de lanzar la bomba a la policía era un anarquista alemán que no pudo ser localizado. Pero las autoridades querían dar un castigo ejemplarizante y acabar con el movimiento obrero revolucionario de la ciudad, así que capturaron a los dirigentes más importantes y montaron “un juicio-farsa” contra ellos. Los ocho acusados fueron condenados a la horca, aunque finalmente se conmutó la pena a tres de ellos y otro de ellos se suicidó antes de la ejecución.

En 1889, el Congreso de la Segunda Internacional Socialista en París estableció el 1 de mayo como una jornada de manifestación internacional en memoria de los llamados “mártires de Chicago” y en defensa de los derechos laborales.

La mayor parte de los países del mundo celebran actualmente el 1 de mayo como un día festivo y de reivindicación. Esto incluye a casi toda América Latina, Europa, gran parte de África y Asia.

Diferencias entre países

Existen excepciones notables a la celebración del 1 de mayo. La más llamativa es la de Estados Unidos. Precisamente el país donde ocurrió la revuelta que dio origen al Primero de Mayo no celebra su Labor Day este día del año, sino el primer lunes de septiembre, para desvincular la fecha de cualquier connotación política radical o socialista.

La elección de esta fecha, instaurada como festivo federal en 1894, respondió a intereses estratégicos del gobierno de EE. UU. para evitar que el 1 de mayo se convirtiera en una glorificación de los mártires de Chicago y en un símbolo de los movimientos que exigían cambios estructurales profundos.

El Labor Day se diseñó para celebrar la contribución de los trabajadores a la prosperidad del país bajo un prisma de armonía social, evitando las movilizaciones masivas de protesta que se producían en mayo.

Históricamente, la fecha de septiembre ya se utilizaba desde 1882 por organizaciones sindicales más moderadas, como los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor), lo que facilitó su aceptación oficial por parte del Estado como una alternativa “segura” y menos conflictiva.

Eso permitió a EE. UU. mantener una festividad dedicada al trabajo, pero vaciada de la carga revolucionaria que el 1 de mayo adquirió en el resto del mundo tras el Congreso Obrero Socialista de París en 1889.

Es más, el 1 de mayo lo que se celebra en Estados Unidos es el Loyalty Day (Día de la Lealtad), una festividad establecida durante la Guerra Fría para reafirmar el patriotismo frente al comunismo.

Canadá también celebra su día del trabajo el primer lunes de septiembre. En Australia, varía según el estado, pero generalmente lo celebran en marzo u octubre. Nueva Zelanda lo celebra el cuarto lunes de octubre.

Aunque Reino Unido tiene una larga historia de reivindicaciones obreras desde la Revolución Industrial, el 1 de mayo es tradicionalmente el May Day, una fiesta folclórica muy antigua que celebra la llegada de la primavera. Como festivo laboral oficial se pasó al primer lunes de mayo en 1978 bajo el gobierno laborista de James Callaghan, precisamente para alinearse con el Día Internacional de los Trabajadores.

Ha habido varios intentos por parte de gobiernos conservadores (como el de David Cameron en 2011) de mover este festivo a octubre o cambiarle el nombre a "United Kingdom Day", argumentando que el 1 de mayo está demasiado ligado a la política socialista, pero la propuesta nunca prosperó y el lunes de mayo sigue siendo intocable.

De los países de nuestro entorno, es en Francia donde el 1 de mayo se vive con mayor intensidad. El país galo cuenta con una cultura de protesta muy arraigada y este día es una de las jornadas de mayor movilización política del año. Pero la celebración no se limita a la calle y la protesta. La costumbre de regalar muguets (lirios de los valles) a amigos y familiares convierte la jornada en un evento social donde la ciudadanía participa activamente, creando un ambiente festivo que convive con la reivindicación política.

En China, el 1 de mayo es una de las festividades más importantes del calendario, pero su enfoque ha evolucionado radicalmente: ha pasado de ser un desfile militar y obrero de corte soviético a convertirse en uno de los motores de consumo y turismo más grandes del planeta.

Aunque el festivo oficial es el 1 de mayo, el gobierno chino suele organizar el calendario para crear un periodo de vacaciones de cinco días, llamado la “Semana de Oro” (hay tres de ellas a lo largo del año). Pero tiene truco: para lograr estos cinco días seguidos, los chinos suelen tener que trabajar el sábado o domingo anterior (o posterior) para compensar.

Además, la celebración del 1 de mayo en el país comunista no es más que un día de propaganda oficial, con premios a trabajadores modélicos y calles llenas de banderas rojas y carteles de felicitación, pero al tratarse de una dictadura, no existen las huelgas ni las manifestaciones reivindicativas.

En Japón el 1 de mayo también coincide con su Semana Dorada, por lo que muchos trabajadores se toman el día libre, pero oficialmente se celebra el Día de Acción de Gracias por el Trabajo (su propio nombre indica que no hay ápice de reivindicación) el 23 de noviembre.

El Primero de Mayo en España

La historia del Primero de Mayo en España refleja perfectamente los vaivenes políticos del país durante el último siglo. Ha pasado de ser una jornada de lucha clandestina a una fiesta nacional consolidada.

La primera vez que se celebró en España fue en 1890, poco después de que la Segunda Internacional lo instaurara. Al principio, no era un día festivo, sino una jornada de huelga y movilización. Los trabajadores pedían la jornada de ocho horas y el fin del trabajo infantil.

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), la celebración del 1 de mayo sufrió una restricción severa pero con matices en comparación con la prohibición absoluta que impondría más tarde el franquismo. Se prohibieron las manifestaciones públicas y las protestas directas contra el régimen, pero se permitió que las organizaciones obreras (especialmente el PSOE y la UGT) realizaran actos de corte cultural o conferencias, siempre dentro de recintos cerrados. Se toleraron reuniones de carácter deportivo o de ocio en espacios abiertos no céntricos o periféricos (como la Dehesa de la Villa o Puerta de Hierro en Madrid), que servían para mantener viva la comunidad obrera sin el carácter de protesta abierta.

Con la llegada de la Segunda República en 1931, el Gobierno declaró oficialmente el 1 de mayo festivo nacional por primera vez. Fue un periodo de grandes manifestaciones legales y celebraciones masivas.

Desde la llegada de Franco al poder, la festividad fue prohibida debido a su carga ideológica de izquierda. Aprovechando que en 1955 el papa Pío XII instauró el 1 de mayo la festividad de San José Obrero (precisamente para combatir la orientación izquierdista de la efeméride), Franco se subió al carro y la impuso en España para vaciar la fecha de su carga política, reivindicativa y obrera, reemplazándola por una narrativa religiosa y paternalista.

El régimen organizaba las llamadas “Demostraciones Sindicales” en el estadio Santiago Bernabéu, que eran actos coreografiados con espectáculos de gimnasia y coros para mostrar armonía entre trabajadores y Estado, lejos del espíritu de protesta original.

Mientras tanto, los auténticos movimientos obreros se organizaban en la clandestinidad. Participar en un 1 de mayo reivindicativo implicaba jugarse la libertad o el empleo.

Como las manifestaciones masivas eran imposibles por la fuerte presencia policial (la temida Policía Armada, conocidos como "los grises"), los obreros y sindicatos prohibidos (como las entonces nacientes Comisiones Obreras) usaban tácticas ingeniosas.

Una de ellas eran los “saltos”, concentraciones relámpago en las que cientos de personas aparecían de repente en un punto céntrico de la ciudad, gritaban consignas durante unos minutos y se dispersaban rápidamente antes de que llegaran las furgonetas policiales.

También se imprimían clandestinamente octavillas que se lanzaban en las bocas del metro o se dejaban en los baños de las fábricas. Poseer uno de estos folletos podía ser motivo de detención por “propaganda ilegal”.

Paradójicamente, aunque el franquismo adoptó de la Iglesia Católica la festividad de San José Obrero para neutralizar el carácter reivindicativo de la fecha, desde el seno de la propia Iglesia surgió a partir de los años sesenta la corriente de los llamados “curas obreros” que apoyaron la causa de los trabajadores y una mayor justicia social. Sacerdotes que, en la órbita de la Hermandad Obrera de Acción Católica, prestaban parroquias para reuniones clandestinas, ya que la policía tenía más reparos en entrar en lugares sagrados.

A medida que la dictadura envejecía, la tensión subía. Los 1 de mayo de finales de los 60 y principios de los 70 fueron especialmente duros. En varios años, el régimen declaraba el estado de excepción semanas antes de mayo para detener preventivamente a los líderes sindicales y "limpiar" las calles.

Las cargas policiales eran brutales. Hubo numerosos heridos y detenidos que terminaban en el Tribunal de Orden Público (TOP). Un caso muy recordado es el de 1973, cuando el subinspector de policía Juan Antonio Fernández Gutiérrez murió en un enfrentamiento con manifestantes del FRAP, lo que desató una represión aún más feroz.

Muerto Franco en noviembre de 1975, el 1 de mayo de 1976 fue el primero sin el dictador, pero seguía siendo ilegal. El gobierno de Arias Navarro prohibió las manifestaciones y las calles de ciudades como Madrid, Barcelona y Bilbao se convirtieron en campos de batalla.

No fue hasta 1978 cuando el 1 de mayo se restableció plenamente como Día Internacional de los Trabajadores y festivo nacional, y los españoles pudieron volver a llevar banderas rojas y carteles reivindicativos por las avenidas principales sin miedo a acabar en los calabozos de la Puerta del Sol.

Manifestación del Primero de Mayo de 1978. Foto: Fundación Francisco Largo Caballero/UGT

Manifestación del Primero de Mayo de 1978. Foto: Fundación Francisco Largo Caballero/UGT

Actualmente, el 1 de mayo en nuestro país combina dos facetas. Por una parte está la reivindicativa, con manifestaciones convocadas por los sindicatos mayoritarios en las principales ciudades para reclamar mejores salarios, mejores condiciones laborales o cambios en la legislación (este año con el foco puesto en la crisis de la vivienda).

Por otra parte, gran parte de la población utiliza el día festivo para el descanso o el ocio. Lo que hoy la mayoría de españoles ve como un simple día festivo para irse de puente o hacer una barbacoa, hace apenas 50 años era una actividad de riesgo que podía conducir directamente al calabozo o la cárcel.