San Francisco dando un sermón a las aves. Fresco de Giotto en la basílica dedicada al santo en Asís (Italia)

San Francisco dando un sermón a las aves. Fresco de Giotto en la basílica dedicada al santo en Asís (Italia)

Historia

Solidaridad y ecologismo: la asombrosa modernidad del pensamiento de san Francisco de Asís

Tan deslumbrante como su vida, la filosofía del santo es una incitación a pensar con el corazón y nos ayuda a entender que el excesivo apego a lo material solo produce insatisfacción.

Más información: La Semana Santa de 1936, cuando las procesiones no salieron: ¿un motivo o una excusa para los sublevados? 

Publicada

La reciente muerte de Jürgen Habermas provocó que se volviera a hablar de la razón comunicativa como alternativa a la razón instrumental. La razón instrumental solo busca el dominio, la hegemonía y el beneficio. Es la forma de razonar que condujo a Auschwitz, Hiroshima y el Gulag. En cambio, la razón comunicativa persigue el entendimiento por medio del diálogo y su meta es garantizar una convivencia pacífica.

Francisco de Asís entendió que la razón necesitaba algo más que palabras. Si no escuchaba al corazón, jamás podría transformar el mundo y reemplazar el odio por el amor y la crueldad por la ternura. La mayor ambición del poverello fue ser “un instrumento de paz” y esperanza: “Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría. / Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz. / Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar; / ser comprendido, sino comprender; / ser amado, como amar. / Porque es: / Dando, que se recibe; / Perdonando, que se es perdonado”.

La propuesta filosófica de Francisco de Asís es una incitación a pensar con el corazón. Solo de ese modo, el otro dejará de ser un antagonista para convertirse en nuestro hermano. Cuando el amor sea el cauce por el que se mueva la humanidad, ya no nos disputaremos los frutos de la Tierra, sino que los compartiremos. No solo habrá paz, sino que, además, reinará la alegría, pues compartir es la mayor fuente de dicha. Por el contrario, si persiste la desigualdad, si Lázaro sigue pasando hambre mientras el rico epulón se entrega a la gula, el infortunio seguirá imperando en la historia. La opción preferencial por los pobres suele asociarse a la Teología de la Liberación, pero su origen real se remonta al Evangelio. Es la esencia del mensaje cristiano.

Jesús de Nazaret vivió como un vagabundo, sin un techo donde cobijarse y, en muchas ocasiones, sin otro alimento que las espigas del campo. Francisco de Asís abrazó la pobreza por deseo de emulación, pero eso no significa que la considerara una virtud en sí misma, al menos como hecho social. De hecho, optar por los pobres significa adoptar el compromiso de aliviar el sufrimiento de los que soportan el yugo de la escasez. La pobreza solo adquiere una dimensión positiva cuando es fruto de una elección personal. “Deseo poco, y lo poco que deseo, lo deseo poco”, solía repetir Francisco de Asís.

En una sociedad donde la felicidad se vincula al consumo, el joven que renunció a sus privilegios de clase y no dejó que el miedo al contagio le apartara de su vocación de cuidar a leprosos y toda clase de enfermos constituye un ejemplo de sabiduría.

Francisco de Asís, un laico que solo aceptó convertirse en diácono para seguir predicando, fue un santo porque siguió los dictados de su corazón

Aunque las primeras comunidades cristianas se caracterizaron por su austeridad y por practicar la comunidad de bienes, la Iglesia romana de los siglos XII y XIII había acumulado un patrimonio que gestionaba como un signo de poder. Francisco de Asís eludió el enfrentamiento directo. No quiso propiciar cismas ni rupturas. Prefirió convertir su vida en un elocuente testimonio de fidelidad al Evangelio. Hoy en día, su pobreza nos ayuda a entender que el excesivo apego a lo material solo produce insatisfacción. Es mucho más fructífero tener poco, compartir, ser desprendido y empático. Con esa actitud, contribuimos a crear un mundo más ético y nos libramos de la esclavitud del consumo.

Compasivo, paciente y humilde, la fraternidad de Francisco de Asís trascendió la esfera de lo humano, proyectándose sobre la totalidad de la naturaleza. Desde su punto de vista, todas las formas de vida merecían respeto, hasta las babosas, las alimañas y las hierbas salvajes. El sol y la luna no son simples cuerpos celestes, sino hermanos. Incluso la muerte merece esa consideración. El amor y el respeto a la naturaleza alentados por Francisco de Asís preludia esa conciencia ecológica que el papa Francisco desarrolló en su carta encíclica Laudato si, donde afirma que al ser humano le corresponde cuidar la Casa Común para que las sucesivas generaciones puedan disfrutar de ella.

La santidad parece un anhelo trasnochado en una sociedad secularizada, pero Simone Weil advirtió que esa aspiración no había perdido vigencia: “El mundo tiene necesidad de santos como una ciudad con peste tiene necesidad de médicos”. La santidad no es un milagro, sino esa convergencia entre el deber y la voluntad que se manifiesta como alegría. Así lo entendió Kant, que destacó el contraste entre la voz del deber y los impulsos egoístas.

Muchos seres humanos se resignan a hacer lo justo por sentido de la obligación. Solo unos pocos practican el bien de forma espontánea, experimentando el deber como la forma más perfecta de dicha. El deber no es un antipático mandato que coarta nuestra libertad, sino una invitación permanente a la fraternidad. Francisco de Asís, un laico que solo aceptó convertirse en diácono para seguir predicando, fue un santo porque siguió los dictados de su corazón, que le pedían cuidar, perdonar, acompañar y escuchar hasta olvidarse de sí mismo.

Frente a las exigencias del ego, que ambiciona poder y riqueza, eligió ser-para-los-otros y lo hizo sin pesar. Su razón cordial es una excelente rectificación de esa racionalidad instrumental que ha imperado en Occidente desde el mito de Ulises. Nuestro tiempo es reacio a utopías, pero la utopía de Francisco de Asís desafía a nuestro escepticismo: “Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible y de pronto estarás haciendo lo imposible”. Vivimos en tiempo de oscuridad, con guerras en Ucrania, Irán, Palestina, Líbano y Sudán. La paz solo es una tímida llama, pero Francisco de Asís nos recuerda que esa luz siempre estará ahí, luchando contra la oscuridad. Depende de nosotros que nunca se apague.