Exiliados iraníes frente al ministerio de asuntos exteriores italiano en Roma manifestándose en contra del régimen de los ayatolás y a favor del sah Reza Pahlaví el 15 de enero de 2026. Foto: Marco Di Gianvito / ZUMA Press Wir / Europa Press

Exiliados iraníes frente al ministerio de asuntos exteriores italiano en Roma manifestándose en contra del régimen de los ayatolás y a favor del sah Reza Pahlaví el 15 de enero de 2026. Foto: Marco Di Gianvito / ZUMA Press Wir / Europa Press

Historia

Scott Anderson, corresponsal: "Si Trump no termina ya esta guerra, hará que lo de Irak parezca una broma"

El periodista, escritor y experto en geopolítica en Oriente Medio publica 'Rey de reyes', en el que disecciona la revolución iraní de 1979 con la que dio comienzo el régimen teocrático.

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El 15 de noviembre de 1977, el demócrata Jimmy Carter, elegido un año atrás como 39.º presidente de los Estados Unidos, recibió en la Casa Blanca a uno de los principales socios de su país. Se trataba del sah Mohamed Reza Pahlaví, monarca iraní, que llegaba a Washington D.C. en un helicóptero Sikorsky Sea King de la flota presidencial estadounidense para establecer contacto con el nuevo dirigente de su aliado predilecto.

Fuera de la residencia presidencial también estaban esperando al 'rey de reyes'. Por un lado se encontraban unos 4.000 jóvenes estudiantes y disidentes del régimen que formaban parte de la diáspora iraní, que acudieron desde todo el país a la capital estadounidense para protestar en contra del poder absoluto del sah. Por el otro, la casa real había solicitado que se facilitara el viaje hasta allí a iraníes prorrégimen (principalmente, militares iraníes que se estaban formando en las academias estadounidenses) que contrarrestaran las protestas con júbilo y vítores.

Previendo el conflicto, las fuerzas policiales de la ciudad separaron a ambas facciones en el gran jardín a los pies de la Casa Blanca. Fue en vano, pues una salva de cañones para saludar al sah fue interpretada como fuego real y llevó a los protestantes a enfrentarse a sus contrarios.

En medio de la confusión, un joven periodista que hasta ese momento se encontraba en la 'tierra de nadie' entre los dos bandos recibió un golpe en la espalda que le hizo besar el suelo. 49 años después de aquello, Scott Anderson, ese mismo hombre agredido mientras hacía su trabajo, publica Rey de reyes (Península, 2026), en el que disecciona la caída del sah meses después de aquella reunión en suelo estadounidense que, pese a todo, llevó a Jimmy Carter a ser muy optimista con respecto al futuro de la amistad que unía a ambos países.

Y es que, según apunta Anderson en conversación con El Cultural, nadie pareció prever lo que se avecinaba en el país persa, desde donde nada más que llegaban buenas noticias sobre un supuesto progreso sin paliativos en los que los hijos vivían mucho mejor que los padres. "El sah sufrió lo que yo llamo el 'síndrome de Michael Jackson', se rodeó de sicofantes que le maquillaban la realidad para satisfacerle. Nadie quiso darle malas noticias y los que se atrevieron, como su tercera esposa, Farah, fueron ignorados".

Ningún informe que hiciera saltar las alarmas llegó tampoco a la mesa de Carter desde la ciclópeo embajada estadounidense en Irán, que llegó a albergar hasta 300 trabajadores: "Había una ignorancia institucionalizada entre los diplomáticos estadounidenses. Sabían que el sah veía cualquier comentario o consejo sobre su forma de gobernar como una vuelta al trato paternalista imperial que había sufrido su país en el pasado. Así que no querían arriesgarse porque había muchas cosas en juego".

Irán había apuntalado su desarrollo en un control sobre el precio del petróleo y su posición geoestratégica entre tres continentes, lo que hizo que la superpotencia norteamericana pasara de la condescendencia de la primera reunión de Roosevelt con el sah en 1943 a la especialísima deferencia con la que le trataron sus sucesores a partir de los años 60. "Era, además, un país muy lucrativo para la inversión estadounidense. Buena parte de lo que se embolsaban con la venta de crudo lo gastaban más tarde en armamento made in USA".

"Jomeini supo usar la carta del antiamericanismo contra el que apodaban 'el sah yanqui". A él, sin embargo, lo veían como el Gandhi iraní"

En los años 60, el sah había promovido la llamada Revolución Blanca, una serie de medidas que buscaban modernizar al país, a menudo gracias a las inyecciones de dinero facilitado por el negocio del petróleo, otras veces con movimientos progresistas que buscaban acercarse a la libertad que se respiraba en Occidente.

Unos cambios que no fueron vistos de forma positiva por parte de la población, que llegaba a apodar al monarca "el sah yanqui" por su relación con los Estados Unidos. Una mancha en su currículum era, por ejemplo, el hecho de que había vuelto al poder en 1953 gracias a la injerencia estadounidense después de que huyera del país por sus desavenencias con el primer ministro iraní Mohammed Mosadeq.

Explica Anderson: "Irán es un país que se mueve entre el ansia por parecerse a Occidente y el rechazo visceral hacia todo lo que huele a occidental". Al fin y al cabo, la historia de la relación iraní con las grandes potencias occidentales durante el siglo XX es más bien funesta. Durante décadas, sobre todo tras el descubrimiento de yacimientos petrolíferos, fue el tablero de juego de Rusia y el Reino Unido (con una enorme influencia en la región desde la India Británica).

Un historial del que supo aprovecharse Ruhollah Jomeini: "Utilizó la carta del antiamericanismo. Fue lo que lo consolidó en el poder y lo contrapuso a la imagen 'yanqui' del sah. Tenía una imagen íntegra, pura, sin sospecha de mácula por la corrupción que parasitaba el país porque había estado en el exilio y no se sabía nada malo de él. Era algo así como el adalid de la moral iraní. Al comienzo, se le veía como se vio a Gandhi en la India. Era el único que se opuso frontalmente y a viva voz al sah porque el resto de la oposición, la de dentro de las fronteras del país, estaba sobornada".

"Para conseguir un cambio de verdad en Irán se necesitaría una intervención por tierra, pero eso haría que lo de Irak pareciera una broma"

"Jomeini tuvo el apoyo incondicional de las masas, de los desempleados, de las regiones rurales conservadoras. Y, por encima de todo, de los más jóvenes", sentencia el corresponsal de guerra, dibujando un ánimo popular que parece haber cambiado radicalmente.

Si en 1979 veíamos a una juventud volcada en el derrocamiento del sah en favor de la llegada de la teocracia islámica, en las protestas del pasado mes pudimos escuchar algunas voces de las nuevas generaciones iraníes reclamando la vuelta de la dinastía Pahlaví mientras enarbolaban fotos de Reza, el hijo del monarca depuesto en el pasado. "El 85 % de los iraníes nacieron después de la revolución. Es mucha gente que no tiene recuerdos del régimen del Sah. Creo que hay mucha nostalgia de lo que han oído de la gente mayor. Además, han estado escuchando de las voces oficiales que el sah era básicamente el demonio, así que, para ellos, gritar 'viva el sah' es una forma de decir a los ayatolás '¡que os jodan!'".

Pese a todo, Anderson no augura nada bueno de la intervención israelí-estadounidense en suelo iraní. " Trump dijo que esto duraría 4 o 5 semanas pero yo pienso que va a durar incluso menos. En apenas 12 días ya tenemos una subida importantísima del precio de la gasolina, lo que al final va a encarecer todo y va a perjudicar mucho a la imagen de Trump, así que creo que va a buscar una forma de salir de ahí lo antes posible. La única forma de provocar cambios reales es con una intervención terrestre. ¿Y cómo lo va a hacer? Ni los países vecinos, ni la OTAN le apoya. Si no sale de ahí y termina ya la guerra, hará que lo de Irak parezca una broma".