Emilio Tomé es Henrik Vogler en 'Tras el ensayo'. Foto: Javier Naval

Emilio Tomé es Henrik Vogler en 'Tras el ensayo'. Foto: Javier Naval

Teatro

Ingmar Bergman, un cineasta 'Tras el ensayo' teatral

Ernesto Caballero estrena en el Teatro Español su versión de esta película autobiográfica del director sueco, que camina por las fronteras entre la vida y el arte. En el elenco, Lucía Quintana, Emilio Tomé y Elisa Hipólito.

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Aunque en 1982 Ingmar Bergman se despidió de las pantallas de cine con Fanny y Alexander, el director continuó trabajando para la pequeña pantalla y los escenarios de teatro. Tras el ensayo, rodada para la televisión sueca en 1984, se enmarca en esta etapa de madurez artística.

Seducido por aquella película de corte autobiográfico que el responsable del Teatro Español, Eduardo Vasco, le propuso llevar a escena, Ernesto Caballero estrena el 4 de abril (y hasta el 17 de mayo) una versión dramática de esta historia en la que el autor de Gritos y susurros realiza un acto de contrición.

Tras el ensayo es el relato de un célebre director, Henrik Vogler (Emilio Tomé), alter ego del propio Bergman, que reflexiona sobre su carrera y obsesiones. Dispuesto a escribir una obra de teatro, es interrumpido por la entrada de Anna (Elisa Hipólito), una joven actriz que despierta el recuerdo de su madre Rachel (Lucía Quintana), antigua celebridad también, dando pie a una especie de triángulo sentimental en el que el pasado y el presente se entremezclan de forma no explícita y sugerente.


“Toda la trama gira en torno a este director que hace un repaso, en principio ficcional, de lo que ha sido su pasado y entrecruza el arte como vida y la vida como arte”. En ese sentido Bergman utiliza la obra como una suerte de redención. “Se expone a través de esta máscara y recorre las luces y sombras de su vocación y cómo esa entrega ha podido dejar cadáveres emocionales en el camino”.

Y es que, aunque él habla aquí de alguien ya en decadencia, “la realidad es que, en ese momento, forma parte de las grandes figuras omnipoderosas del teatro, también del cine, que definen y marcan el rumbo de toda la escena europea”, recuerda Caballero sobre este tipo de director que “responde también a un modelo de auctoritas absoluta que, hoy en día, está en revisión. Ahora se trabaja de una manera más horizontal, el director de escena no es esa figura tan avasalladora, en el mal sentido de la palabra”.

“Bergman reflexiona sobre cómo su vocación ha podido dejar cadáveres emocionales”. Ernesto Caballero

Ficción o realidad desdibujan la línea entre personajes o actores, Bergman y su alter ego, en esta sugerente pieza para la que Caballero ha transformado, por obra de Víctor Longás, toda la sala Margarita Xirgu del Teatro Español en una pequeña sala de cámara ad hoc.

Bergman hace aquí también un gran ejercicio de honestidad. Finalmente, problematizando estas relaciones entre el arte y la vida que ahora están tan vigentes, estoy pensando en el caso Picasso-Rosalía, y hace una reflexión emocional sobre esta cuestión a la que se añade, además, la diferencia de edad y todo lo conflictivo que hoy en día plantea esta cuestión referida a las relaciones de poder”, explica Caballero.

Aunque en Tras el ensayo todo se supedita a la historia de Vogler, Caballero –que a finales de año estrenará también otra gran obra referencial, Largo viaje hacia la noche, de Eugene O’Neill– potencia también la presencia de los personajes femeninos.

“El de Anna lo he acercado más, por ejemplo, al de la Oleanna de Mamet. Y en el caso de Rachel, ella cierra la obra con una despedida donde no sabemos muy bien si es la actriz real, Quintana, o la ficcional, la que nos habla. De este modo he intentado que su papel trascienda su condición de víctima, que a veces, en el original, está demasiado resaltado”, señala.