Image: ¿Dónde se mide un actor?
Verónica Forqué, que se ha estrenado dirigiendo "La tentación vive arriba" para el teatro
Ganan fama y dinero en el cine y la televisión, pero algunos de nuestros actores no abandonan el teatro. ¿Quizá por ser el lugar donde se confirma su prestigio? EL CULTURAL ha hablado con los de mayor actualidad y ha confirmado una tendencia. El perfil del actor de hoy es el de aquél capaz de trabajar en cualquier medio, como es el caso de Maribel Verdú, que presenta, el próximo día 19, Te quiero... muñeca en el Centro Cultural de la Villa de Madrid.
Por qué actores que triunfan en el cine y la televisión se empeñan en hacer teatro? ¿Por qué se exponen a trabajar en un medio en el que es más fácil detectar las imperfecciones de su técnica interpretativa? Maribel Verdú es uno de los últimos ejemplos de famosa y popular actriz de cine que ha vuelto a las tablas, medio al que no es ajena pues ya había actuado en otras cinco ocasiones. La actriz, que protagoniza la recién estrenada película de Gonzalo Suárez, El portero, se ha reencontrado con el teatro con Te quiero...muñeca, una comedia escrita y dirigida por Ernesto Caballero y en la que actúa en compañía de Luis Merlo. Desde el pasado mes de agosto la actriz ha vuelto a tomarle el pulso a las giras teatrales. Su vuelta al teatro ha sido afortunada. Durante su representación en Bilbao la obra ha sido la más taquillera en la historia de la ciudad, pero por muy buenos que sean los ingresos teatrales, se estima que su caché cinematográfico es muy superior. Entonces ¿por qué lo hace?, si además se tiene la idea de que el teatro es muy sacrificado.Una falsa idea
"Esa es una falsa idea sobre el mundo del teatro", explica. "En primer lugar, lo que ya no quiero hacer son películas, aunque no me dejan. Cuando tienes que rodar te levantas a las seis de la mañana, te pegas 16 horas seguidas trabajando, la mayoría de ellas esperando al director y al equipo técnico, una barbaridad, mientras que en el teatro el día que más trabajas es cuando hay función doble, que son cinco horas. Para mí las giras son maravillosas. Si estoy en Málaga me doy una vuelta por la ciudad y luego trabajo por la tarde, un chollo. Por eso, intento hacer teatro cada cuatro años". Y añade, que desde el punto de vista económico no está claro que se gane más dinero en el cine que en el teatro: "Participo en la producción de esta obra, que esta yendo muy bien de público, y a mí me compensa. De hecho, yo quiero intentar hacer un teatro de calidad, para lo que es imprescindible tener un buen texto y, sobre todo, una buena producción. Estoy convencida que con el teatro se puede ganar dinero si se invierte". Pero advierte: "si hago teatro es porque me divierto, que es lo que más me importa. Ahora he decidido hacer tan sólo dos películas al año y sólo aquellas cuyos guiones me convenzan".
Razones similares esgrimen actores que combinan ambos medios, como son Juan Echanove o Emilio Gutiérrez Caba. Echanove, que desde el pasado mes de febrero paladea las mieles del éxito con la adaptación teatral de El verdugo (en el teatro de La Latina de Madrid), explica que se considera "tanto un actor de cine como de teatro. Cada medio me atrae según el proyecto de que se trate. Desde luego no podría vivir sin hacer teatro, por lo que procuro hacerlo cada dos o tres años. Me hace sentirme muy feliz". Echanove, que dentro de un mes comenzará a rodar Tangos robados, de Eduardo de Gregorio, también desmiente que el cine dé más dinero: "uno no se dedica a este oficio por dinero desde luego, no es una razón para mí. Pero yo procuro coproducir las obras que voy a protagonizar y si las cosas van bien, es rentable".
También Emilio Gutiérrez-Caba, con más de 80 películas a sus espaldas, señala que esto no es Hollywood: "Hay una falsa aureola que no se corresponde con la realidad en lo que se refiere a ganar dinero en el cine, porque lo normal es hacer una o dos películas al año, y como no seas protagonista, tampoco se gana tanto. Sin embargo, en el teatro, si consolidas una obra como la nuestra, vienes a ganar lo mismo". Gutiérrez-Caba, que en la actualidad actúa en la sala Villarroel de Barcelona con La mujer de negro y acaba de estrenar la película La comunidad, de Alex de la Iglesia, encuentra muy gratificante la escena: "Me gusta girar por España, palpar los diferentes públicos. Es cansado pero obtienes algo que no encuentras en el cine, oír los aplausos del público cuando tu trabajo gusta".
Lo importante es el proyecto
Otra actriz, más joven y a la que le llueven ofertas de ambos medios, es Laia Marull. Acaba de estrenar la película Fugitivas al tiempo que está de gira con El polígrafo, dirigida por el mismísimo Robert Lepage, con quien estuvo trabajando en Canadá. Y aunque ahora le recomiendan que haga cine por aquello de la popularidad, no ha podido resistirse a protagonizar Lulú a las órdenes de Mario Gas y en el Teatro Nacional de Cataluña: "Lo que me interesa no es tanto el medio, sino el guión y con quién y cómo se va hacer. Y del teatro me interesa el proceso de ensayos, estar dos meses investigando y descubrir que hay miles de formas para hacer un personaje. Luego, actuar frente al público es adrenalínico".
Entonces, si el teatro es tan cómodo y no está tan mal pagado como algunos piensan, ¿por qué muchos directores culpan a la televisión y, en menor medida, al cine de "robarles" actores de teatro que les impide crear elencos estables? Echanove no cree que los actores tengan tantas ofertas como para impedir consolidar compañías estables: "La mayoría de las compañías estables que se han intentado crear son públicas y deberían tener más apoyo económico por parte de la Administración, a tenor de los cachés que pagan. Y además, en nuestro país el actor de teatro no está reconocido socialmente. Entiendo que un actor de la Compañía Nacional de Teatro Clásico la deje si le ofrecen un trabajo en televisión mejor pagado porque el prestigio de la compañía es nulo y en los otros medios va a obtener fama y dinero. Además, no se puede pretender contratar a figuras de la escena por un año completo, que es lo que ocurre. Hay que ofrecer contratos más flexibles".
Otra razón que se esgrime para explicar el interés de ciertos intérpretes por subirse a las tablas es la de creer que el teatro sigue siendo el sitio donde se mide un actor, donde se confirma su prestigio y calidad técnica. Aquí hay una disparidad de opiniones. Echanove y Verdú coinciden al afirmar que ni buscan el prestigio ni la calidad cuando hacen teatro, y que hay actores de cine que jamás se han subido a las tablas y son excelentes en su medio. "Donde realmente se mide un actor es en los momentos en los que no trabaja, cuando nadie le llama", matiza Echanove.
La prueba de fuego
Verónica Forqué, que se ha estrenado como directora de escena en La tentación vive arriba y tiene tras de sí una dilatada carrera como intérprete de cine y de teatro (Ay Carmela, Las sillas), cree que "el cine lo puede hacer cualquier actor que tenga un poco de intuición, presencia y no se ponga nervioso ante las cámaras mientras para el teatro se necesita un entrenamiento, es un oficio que se mejora día a día". Por su parte, Gutiérrez-Caba sí cree que el teatro es la prueba de fuego para un actor aunque comparte con Marull que ambos medios no son intercambiables: "Son dos lenguajes distintos. Un actor se mide allí donde sea capaz de transmitir algo", dice la actriz.
Y ¿hay diferencias sustanciales entre actuar en un medio u otro? Forqué opina que actuar en teatro "exige un entrenamiento vocal y físico, para que sea apreciable por todo el público de la sala". Gutiérrez Caba añade que "la voz en teatro es fundamental porque los distintos planos se dan con las voces de los actores. Por el contrario, en el cine trabajas para la cámara, que recoge todos tus gestos y pueden quedar multiplicados por diez". Y Echanove añade: "El teatro es un proceso lento de ensayos, que dura dos meses, y en los que poco a poco el actor va construyendo con ayuda del director las partes de la obra hasta el día en que ofrecerá la representación entera, la cual depende exclusivamente de él. Por el contrario, el cine es un proceso deconstructivo pues de un guión se van diseccionando las escenas cuyo montaje final no depende del actor, sino del director y en este sentido el actor tiene una responsabilidad menor".
Sirva de epílogo lo que Laurence Olivier escribió en Confesiones de un actor sobre su aprendizaje para actuar en cine: "me pasé diez años espantosamente duros para lograr olvidar los prejuicios que tenía. Y después de esto fue necesario reaprender a actuar en la escena incorporando la naturalidad que el cine exige y reduciendo la teatralidad. En definitiva, ambos medios tienen los mismos ingredientes pero en distintas proporciones".