Image: Sátira contra el liberalismo
Vicente Genovés y Fernando Guillén, dos ejecutivos en paro
Top dogs, uno de los últimos montajes que ha dirigido Mario Gas, se presenta mañana en el teatro Albéniz de Madrid. Se trata de una mordaz y divertida sátira en la que los altos ejecutivos que hayan conocido el paro se verán retratados. Escrita por el alemán Urs Widmer, está interpretada por un reparto que encabeza Fernando Guillén y completan actores de la escena catalana.
Ser antiliberal en España siempre ha estado bien visto, aunque en este país de católicos nunca se ha llegado a saber muy bien qué dice esa doctrina. En esa onda se presenta en Madrid Top Dog, obra que, según reza el dossier de prensa distribuido por la compañía que lo representa, "pone en la picota al neoliberalismo económico" y concentra "todo el arsenal de fraseología de nuestro tan dinámico neoliberalismo". Fernando Guillén, uno de los protagonistas, lo confirma: "es una obra muy cañera, que a mucha gente le molesta mientras otra, los más progres, se mueren de risa. Los que verdaderamente se lo pasan bien son los jóvenes ".Pero independientemente de si el dramaturgo ha pretendido una pieza anticapitalista o una sátira divertida y mordaz en torno al paro de los altos ejecutivos, o ambas cosas a la vez, la obra está inspirada en la realidad. Baste echar un vistazo a las primeras páginas de los periódicos de los últimos meses.
Obra de éxito
Su autor, Urs Widmer (Basilea, 1938), fundador de una de las dos editoriales más importantes de Alemania (Verlag der Autoren) y miembro de la Academia Alemana de Lengua y Poesía, es conocido por sus grotescos y fantasiosos cuentos. Primero debutó como narrador (Alois), para estrenarse como autor de teatro en 1973. Top Dogs es la décimo primera obra de teatro suya, por la que ha recibido varios premios y que le ha dado a conocer fuera de Alemania, pues ha sido representada en Estados Unidos, Francia, Bélgica, Finlandia, Rusia, Portugal, Inglaterra e Italia, entre otros.
El título de la obra alude a los altos ejecutivos de las empresas, los tiburones de los negocios. Gente que parece completamente invulnerable pero que también se quedan sin trabajo; personas acostumbradas a codearse con el poder y que de repente pierden su favor.
La obra sitúa a ocho de estos ejecutivos en un outplacement o centro terapéutico al que acuden para readaptar sus vidas profesionales y personales. Allí, siguen una serie de terapias, competiciones atléticas y ejercicios para intentar restablecer su identidad y que nada tienen que ver con los cursillos que ofrece el Inem.
El relato de los métodos terapéuticos es el punto de partida de la obra. De nada les ha servido sus contratos blindados y despidos millonarios a tenor de las situaciones dramáticas que viven. "Hay escenas muy cómicas pero también otras muy dramáticas que Mario (Gas) ha sabido unir con gran maestría, mezclando géneros, introduciendo pasajes musicales y, en definitiva, creando un montaje insólito". Algunos de los casos que se relatan: una de las pacientes, en un tiempo atrás directora-terapeuta del centro, se gasta todo el dinero de su despido en un viaje por todo lo alto al Caribe, donde se encerrará completamente deprimida en una habitación de hotel para pasarse sus vacaciones comiendo bombones impulsivamente; otro de ellos es un ejecutivo muy sensible que no para de llorar y de tener molestias psicosomáticas, no es para menos pues además del trabajo, ha perdido a su mujer y familia, su casa y su coche. Como la vida misma.
Colaboradores habituales
La obra ha sido producida por la compañía castellonense Palangana Teatro con el apoyo económico de la Generalitat Valenciana y la Comunidad de Madrid. Contaron con Mario Gas para dirijirla, quien se ha rodeado de sus colaboradores habituales, como el escenógrafo Jon Berrondo, y una nómina de actores catalanes y valencianos: Sergi Calleja, Mar Regueras, José Ramón Sais, Vicente Genovés, Ricardo Moya y ángela Castilla, además del veterano Guillén. El compositor Carles Santos ha compuesto una partitura que, en la línea iconoclasta del artista, "es gritada" por los actores.
Según Guillén, algunos ejecutivos se verán identificados con la obra, "al menos así ocurrió en Barcelona, donde ofrecimos una función para un grupo de ellos. Muchos salieron llorando".