Image: Orgía escénica en Mérida

Image: Orgía escénica en Mérida

Teatro

Orgía escénica en Mérida

El festival presenta "Dionisos, el mito"

Publicada
Actualizada

Ilustración de Julían Grau Santos

El anfiteatro de Mérida recrea los días 24 y 25 de julio las fiestas dionisíacas de la Antigöedad con un espectáculo en el que se dan cita danzas desenfrenadas, música mediterránea y de jazz y textos de autores tan malditos como fantásticos y misteriosos: Poe, Baudelaire, Coleridge... Dionisos, el mito es un montaje italiano que inicia un proyecto de coproducciones entre varios festivales grecolatinos.

Durante dos días el festival de teatro grecolatino de Mérida sube a escena una producción italiana inspirada en las fiestas dionisíacas o bacanales de la antigua Grecia y Roma: Dionisos, el mito. Un espectáculo de teatro musical, donde se suceden momentos con textos recitados de Eurípides, Guy de Maupassant, Edgar Allan Poe, Samuel Taylor Coleridge y Charles Baudelaire con otros de danza alrededor de un hilo conductor que es el personaje de Dionisos. De una parte, se pretende recrear las citadas ceremonias en honor a este dios de la fertilidad y el éxtasis; de otra, ofrecer un montaje contemporáneo sobre el significado del mito en nuestros días.
La compañía italiana que dirige Giovanni Anfuso, integrada por siete actores y siete bailarines, se ha ocupado de su puesta en escena. Anfuso ha introducido coreografías originales y una banda musical de dos instrumentistas que acompaña y refuerza la diversidad de los textos. Carlo Cattano, autor de la música, ha mezclado sonidos de jazz con otros más contemporáneos, inspirados en canciones del Mediterráneo. Por su parte, Paola Cassarà ha ideado unas danzas dionisíacas y orgíasticas como uno se la imagina: desordenadas y desenfrenadas, y muy acordes con el espíritu de las originales bacanales, en las que se sabe que sus participantes alcanzaban el éxtasis por medio de la danza y la catarsis del rito.

Diversos aspectos de un dios

Según explica Anfuso, el espectáculo gira en torno a la citada divinidad (interpretada por la actriz Rosario Minardi), quien es el hilo conductor de las danzas, mostrándose en escena con diversas apariencias: de dios antiguo se transforma en general, bailarín de music-hall o ángel caído que recuerda los años negros del fascismo. Escenas que se suceden de una forma simbólica, y en las que el director ha pretendido mostrar el espíritu del ser humano, debatiéndose entre el bien y el mal, entre lo apolíneo y los dionisíaco.

Esta doble naturaleza de Dionisos como símbolo del triunfo de las pasiones y de lo innombrable sobre la razón, como exaltación de los instintos, permite plantear temas de actualidad y de diversa índole: el infanticidio, el alcohol, los campos de concentración..., en definitiva, los detritus de la sociedad de consumo. Para el director "el espectáculo propone una reflexión sobre la imposibilidad del hombre moderno de sacar lecciones de sus propias experiencias porque el peor mal de nuestro siglo es el olvido".

La elección de los autores no es arbitraria. Eurípides, y su obra Las Bacantes, merece un lugar privilegiado. La mejor tragedia del griego ilustra muy bien la función de estas sacerdotisas, adoradoras de Dionisos y las únicas que en un principio podían participar en estas fiestas. Las ceremonias tenían un origen secreto y ritual y fueron las primeras en desarrollar mitos en torno a un dios. En sus comienzos, las adoradoras de Dionisos creían en la transfiguración, lo que explica que vistieran máscaras y disfraces y se comportaran con desenfreno y locura, lo que indujo a algunos gobernantes a intentar prohibir las ceremonias. Pero estas procesiones iniciales fueron haciéndose cada vez más complejas hasta que en Grecia se establecieron las Fiestas de Dionisos, que llegarían a convertirse en algo parecido a lo que hoy son los festivales de teatro de verano, aunque tenían un valor muy superior para los artistas que en ellas participaban y para los ciudadanos que las disfrutaban. Se celebraban en el mes de marzo y solían competir tres autores, otros tantos actores y mecenas. Su organización exigía muchos preparativos y durante el tiempo que duraban, -unos cinco o seis días- la actividad administrativa de la ciudad de Atenas se interrumpía.

Pero estos festivales teatrales nada tenían que ver con los ceremoniales orgiásticos que, luego, en Roma, recibieron el nombre de bacanales (Dionisos pasó a llamarse Baco) y que, según cuenta Tito Livio en su obra Senatus consultus de Bacchanalibus, fueron prohibidas en el año 186 antes de Cristo. Livio explica que a estas fiestas eran admitidas sólo mujeres, las bacantes, las cuales conducían a los asistentes al éxtasis místico y a la purificación a través de rezos y salmos. Poco después, en el siglo II antes de Cristo, se aceptó la presencia masculina y fue cuando se desmadraron: Los adoradores se reunían por la noche, se disponían en círculo y danzaban alrededor de un personaje que representaba el papel de Baco. Transcurridas unas horas, y después de que el vino y otras sustancias alucinógenas hicieran efecto, los bacantes entraban en un furor báquico, o éxtasis místico, que derivaba en todo tipo de promiscuidades. No importaba la condición social ni la raza para asistir a estas reuniones, pero pronto el Senado las vio como una amenaza contra el Estado y las prohibió, aunque siguieron existiendo de forma clandestina.

Exaltación de los instintos

Para extrapolar a nuestros días el mito de Dionisos, en el sentido de reivindicar la exaltación de los instintos, el éxtasis, la magia y el misterio, Anfuso ha seleccionado una nómina de escritores, en su mayoría poetas románticos con la excepción de Maupassant, que tienen en común el haber sido buscadores de paraísos artificiales, de haber hecho uso del "bálsamo de los dioses" anhelando una claridad que trascendiera los límites de la consciencia. Algo parecido a lo que hacían las bacantes de las ceremonias dionisíacas, obsesionadas por conectar con una vida después de la muerte.

El joven festival de Calatafimi-Segesta (Sicilia) produce este espectáculo dentro de un programa de intercambios que ha unido a varios certámenes de teatro grecolatino (Mérida, Segóbriga, Itálica, Sagunto, Clunia, Segesta y Carnuntum) y que, como contrapartida, llevará Las aves (coproducida por Mérida y Sagunto) al escenario italiano. Por otro lado, el festival de Teatro Clásico de Mérida, que se inaugura el día 23 con el estreno de Prometeo, protagonizado por el bailarín Antonio Canales, abre este año una programación alternativa, el festival off, que se desarrollará en la calle y en varios cafés y escenarios de la ciudad.