Una vista del montaje de 'Romeo y Julieta' de Thomas Jolly en el Teatro Real. Foto: Javier del Real / Teatro Real

Una vista del montaje de 'Romeo y Julieta' de Thomas Jolly en el Teatro Real. Foto: Javier del Real / Teatro Real

Ópera

El espectacular montaje de 'Romeo y Julieta' creado por Thomas Jolly llega al Teatro Real desde un balcón francés

Con Carlo Rizzi al frente de la dirección musical, se estrena esta versión del clásico de Shakespeare atravesada por la peste y una pregunta contemporánea: ¿por qué seguimos siendo incapaces de convivir?

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Marzo de 2020. Confinado en su apartamento de la calle Voltaire, en Angers, Thomas Jolly vive la ironía de su situación: recién nombrado director del Théâtre National d’Angers, dirige un teatro cerrado. Mira a los vecinos y piensa: “Tengo un balcón, quizá también pueda ser un escenario”.

Cuelga un pequeño cartel anunciando la representación, y esa noche abre las cortinas como si levantara el telón y recita el monólogo de Romeo mientras su pareja aparece como Julieta en la ventana superior. Hasta los repartidores se detienen a mirar.

“Fue la representación más corta y barata de mi vida –recuerda–, pero toda Francia habló de ello. Salió en televisión, por todas partes. Un par de semanas después, Alexander Neef me llamó y me dijo: ‘Acabo de verte hacer Romeo y Julieta en tu balcón. ¿Quieres hacerlo ahora en la Bastilla?’”.

Aquel salto –del balcón a la Bastilla– está en el origen de esta producción que podrá verse en el Teatro Real desde este miércoles 27 de mayo al 13 de junio, con Carlo Rizzi al frente de la dirección musical y un reparto formado por Nadine Sierra, Javier Camarena, Ismael Jordi y Laurent Naouri.

“¿Por qué, aun conociendo el desenlace de la obra de Shakespeare, nos atrae esta historia escrita hace cuatro siglos?”, se pregunta Jolly desde una sala del coliseo madrileño. Acaba de ver morir a Romeo durante uno de los ensayos, y sigue emocionado. “Todo el mundo conoce la trama. Sin embargo, seguimos volviendo a verla y a escucharla. No venimos para descubrir qué va a pasar, sino para ver cómo pasa”.

Romeo y Julieta está construida sobre contradicciones irreconciliables: boda/tumba, multitud/intimidad, juventud/ muerte. El oxímoron atraviesa la obra: una Verona devastada por la enfermedad, la violencia y la fragilidad colectiva.

“Romeo y Julieta son dos jóvenes que luchan contra la familia, la sociedad, las normas... y también contra la peste. Verona no es solo una bella ciudad italiana: la muerte rodea a los personajes. Entendimos eso durante la Covid. Por eso la obra nos afecta tanto: todos hemos conocido situaciones imposibles”.

No hablamos solo de un conflicto sentimental. Para el director del Teatro Real, Joan Matabosch, “el amor de Romeo y Julieta no colisiona contra una ley moral, sino contra una ley política y social”. En la Verona del siglo XIV, güelfos y gibelinos se disputaban el dominium mundi.

“¿Por qué no podemos amarnos, aunque ya nos amemos?”, se pregunta Jolly, artífice de las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de París 2024. “Creo que mucha gente quiere vivir en paz, con respeto y consideración mutua, pero cada día aparece algo que lo impide. Eso mismo les ocurre a Romeo y Julieta: amar no basta. Siempre hay estructuras, normas o conflictos para impedirlo”.

Nadine Sierra (Juliette) en un momento de 'Romeo y Julieta'. Foto: Javier del Real / Teatro Real

Nadine Sierra (Juliette) en un momento de 'Romeo y Julieta'. Foto: Javier del Real / Teatro Real

Por eso, Romeo y Julieta desborda el romanticismo. “Los dúos son maravillosos, claro, pero no pueden entenderse aislados del resto. Toda la historia está atravesada por el odio entre las dos familias. La propia obra comienza con un coro que no habla del amor, sino de Montescos y Capuletos, enfrentados en Verona. Gounod no construye solamente una historia íntima: también describe una violencia social que rodea constantemente a los personajes”, puntualiza Rizzi.

“Hay momentos aparentemente ligeros que en realidad pueden resultar muy inquietantes. Cuando el padre de Julieta le anuncia que debe casarse con Paris, la música tiene algo de minueto, suena antigua y elegante. Y precisamente por eso resulta más siniestra. No hace falta llenar la orquesta de trombones amenazantes para expresar violencia”. Para el director italiano, juzgamos al compositor Charles Gounod desde Puccini o el verismo.

“Pensamos que la muerte de Julieta debería sonar más violenta o trágica. Pero Gounod trabaja de otra manera. Cuando Julieta bebe el veneno utiliza armonías extrañas en los violonchelos divididos; cuando Romeo siente el efecto del veneno apenas hay tres acordes de trombones. Es algo contenido, casi minimalista. Y por eso resulta tan eficaz”.

Si el mundo de Verona está construido para impedir el contacto, Julieta aparece como el personaje que más intensamente quiere vivir. “Podría llamarse Julieta y Romeo: ella lleva el peso de la obra”, afirma Jolly. No es por decisión suya: ya está en la partitura de Gounod. Y todo por un capricho: Caroline Miolan-Carvalho, la soprano que iba a estrenar la obra en 1867, impuso la creación de un aria con la que hacer brillar su aclamada técnica de la roulade.

Nadine Sierra (Juliette) y Javier Camarena (Roméo) en 'Romeo y Julieta'. Foto: Javier del Real / Teatro Real

Nadine Sierra (Juliette) y Javier Camarena (Roméo) en 'Romeo y Julieta'. Foto: Javier del Real / Teatro Real

Aunque compuesta a regañadientes, Je veux vivre dans ce rêve acabó enriqueciendo al personaje y alcanzó una popularidad inmensa. “Esa aria no es solo un número brillante: expresa un deseo feroz de vivir. Julieta quiere experimentar el amor, la amistad, el riesgo, la realidad. Y después es ella quien toma siempre la iniciativa: desafía a Romeo en un duelo poético, acepta el matrimonio secreto, bebe el veneno. Shakespeare ya estaba diciendo algo muy moderno: no hablamos de un hombre que seduce y una mujer que acepta pasivamente. Julieta actúa, decide y arriesga”.

En su propuesta, Je veux vivre… encuentra su traducción física en el waacking, que Jolly introduce en el ballet como contrapunto al mundo opresivo de Verona. Para ello recurrió a la coreógrafa Josepha Madoki, referente de este estilo nacido en las comunidades queer y racializadas de Los Ángeles en los años 70, a quien pidió bailar sobre música del siglo XIX.

“Shakespeare habla de juventud, libertad y emancipación. Y esta danza también”, explica. “No me interesa decirle al público qué debe pensar. El arte no debería decir: ‘Piensa esto’. Debería decir: ‘Piensa’”.