El montaje de 'Giulio Cesare en Egitto' firmado por Vincent Boussard. Foto: Karl & Monika Forster / Ópera de colonia

El montaje de 'Giulio Cesare en Egitto' firmado por Vincent Boussard. Foto: Karl & Monika Forster / Ópera de colonia

Ópera

'Giulio Cesare en Egitto', el despliegue de virtuosismo haendeliano que desembarca en Valencia

El Palau de les Arts acoge esta ópera sobre la llegada del caudillo romano a las costas egipcias. Con dirección de escena de Vincent Boussard y Marc Minkowski en el foso.

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Siempre es un acontecimiento importante la presencia en nuestros escenarios de una ópera maestra como es Giulio Cesare de Haendel, que se ha ofrecido en versión de concierto en el Real los días 19 y 21 de febrero y que ahora recala en el escenario del Palau de les Arts de Valencia (días 28 de febrero, 4, 8, 11 y 13 de marzo) en una producción de la Ópera de Colonia.

En pocas obras teatrales del compositor anglosajón se describen, tan certeramente, comportamientos, actitudes, sentimientos, contrastes entre psicologías. La vida en su plenitud, los anhelos y sufrimientos, las alegrías y esperanzas, los odios y las intrigas, pintadas a veces de forma desaforada, aparecen vívidamente reflejados a través de una música de enorme intensidad, de pasmosa variedad rítmica, de formidable belleza melódica. Las voces son tratadas con el cuidado y la finura que podían esperarse de uno de los creadores belcantistas más puros.

El libreto, desde luego, se las trae: premetastasiano y extremadamente complicado. Hay continuos y urgentes cambios de escena, intrigas amorosas y de corte; guerras, idas y venidas… Todo ello envuelto en una orquestación suntuosa, la más refinada y variada del autor, que emplea, por ejemplo, cuatro trompas, en dos tonos diferentes, y cuya sonoridad se ve plasmada en la sinfonía que abre la escena final, con ecos vivificantes del triunfo de amor.

Y hay de todo en la procelosa partitura: movimientos sinfónicos, arias da capo, recitativos acompañados, cavatinas, dúos, pequeños conjuntos, coros... Es curioso, y nada raro en estas óperas, el maniqueísmo: los romanos son buenos; los egipcios, malos.

Una construcción heroico-política cuya significación no tiene gran cosa que ver con los accidentes de la acción que se narra. César es un personaje de cartón piedra: no tiene más personalidad que una estatua parlante. No sufre ni se desarrolla, es estático. Cuatro de sus arias nos lo pintan como el combatiente inteligente. Dos nos lo muestran en su ropaje amoroso.

Aspectos que, junto con otros muchos y referidos a los demás personajes —hasta ocho, con Cleopatra a la cabeza—, contribuyen a poblar la partitura de momentos de extrema belleza, subyugantes, como la famosísima aria de la reina Piangerò la sorte mia, que en estas representaciones cantará la perfumada, satinada y rumorosa soprano lírico-ligera valenciana Marina Monzó.

A su lado tendrá como César al contratenor estadounidense Aryeh Nussbaum Cohen en su debut en España a los pocos meses de su presentación en el Festival de Salzburgo.

En pocas obras de Haendel se describen tan certeramente comportamientos, actitudes, sentimientos, contrastes entre psicologías...

El resto del reparto ofrece garantías: Sara Mingardo será Cornelia; Arianna Venditelli, Sesto; Cameron Shahbazi, Tolomeo; Jean Philippe McClish, Achilla; Bryan Sala, Curio; y Lora Grigorieva, Nireno. Todos ellos bajo el mando del siempre eficaz Marc Minkowski, con su agreste sonoridad y vigorosos planteamientos. La orquesta es, lógicamente, la tan bien cuajada de la Comunidad Valenciana. La dirección de escena es de Vincent Boussard; la escenografía, de Frank Philipp Schlösmann; el vestuario, de Christian Lacroix; y la iluminación, de Andreas Grüter.