Tyga regresa haciendo una apología de Tony Montana, el protagonista de 'Scarface'.

Tyga regresa haciendo una apología de Tony Montana, el protagonista de 'Scarface'. Instagram: Starface

Música

Los raperos siempre quisieron ser como Tony Montana, y ahora también quieren su sonido ochentero

Una nueva corriente en la escena urbana estadounidense recupera el estilo musical de 'Scarface', entre sintetizadores e inteligencia artificial.

En su nuevo disco, Tyga regresa al pasado para reencarnarse en el personaje interpretado por Al Pacino.

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Alejandro García Peña
Publicada

Durante más de cuarenta años, Tony Montana ha tenido una segunda vida lejos de la gran pantalla. Ha aparecido en letras, videoclips, alias y en el imaginario de varias generaciones de raperos estadounidenses. Su mansión, sus trajes, el dinero amontonado sobre la mesa y aquella obsesión por alcanzar la cima convirtieron al protagonista de Scarface en algo más que un personaje de cine: acabó siendo uno de los grandes símbolos culturales del hip hop.

La identificación tenía sentido. Cuando Brian De Palma estrenó Scarface en 1983, Montana encarnaba una versión extrema y autodestructiva del sueño americano: un inmigrante que llega a Miami sin nada, construye un imperio a través del narcotráfico y acaba siendo devorado por él. Décadas después, el rap encontró en esa trayectoria un relato reconocible sobre ambición, dinero, supervivencia y ascenso social. Raekwon, de Wu-Tang Clan, llegó a definir la película como “la Biblia del hip hop”; Nas, Future o French Montana prolongaron después las referencias al personaje y a su universo.

Pero el rap se quedó sobre todo con Tony. Con Miami, con el lujo y con el exceso. No tanto con la música que sonaba detrás de él.

Giorgio Moroder había construido para Scarface un paisaje inequívocamente ochentero: sintetizadores, synth-pop, new wave y canciones como Push It to the Limit. Mientras Montana se convertía en un icono del hip hop, su banda sonora permanecía relativamente alejada del género que más contribuyó a mantener vivo su mito.

Hasta ahora. En 2026, Tyga decidió regresar a Miami. No exactamente al de Florida, sino al que habían construido De Palma, Al Pacino y Moroder cuatro décadas antes. En $TARFACE, el rapero se aleja de buena parte del sonido con el que levantó su carrera para rodearse de sintetizadores brillantes, melodías oscuras y vocoder. El propio artista explicó que una de las preguntas que guiaron el proyecto fue imaginar qué habría ocurrido si Scarface hubiera contado con una banda sonora dedicada exclusivamente a la relación entre Tony Montana y Elvira.

Símil de la escena de la boda en el tema 'Freezing'.

Símil de la escena de la boda en el tema 'Freezing'. Escena del videoclip y película respectivamente

El resultado va más allá del homenaje. Tyga tampoco está solo. Este verano, Fenix Flexin —miembro de Shoreline Mafia— sorprendió con Rubberz, una canción atravesada por sintetizadores y códigos de la new wave poco relacionados con el rap por el que se había dado a conocer. El experimento llegó al puesto 58 del Billboard Hot 100 y convirtió aquel inesperado desplazamiento hacia los ochenta en uno de los fenómenos musicales del verano estadounidense.

El rap lleva décadas reciclando su propio pasado y el de los géneros que lo rodean. Lo peculiar ahora es que, después de apropiarse durante años de la ambición, el lujo y la iconografía de Scarface, parece haber llegado por fin hasta la música que acompañaba a Tony Montana.

El rap ya no solo quiere ser Scarface. Ahora también quiere sonar como ella. Y buena parte de quienes escuchan estas canciones ni siquiera estaba allí la primera vez.

Para una generación que no vivió los ochenta, esos sintetizadores, cajas de ritmos y melodías electrónicas llegan sin la misma carga nostálgica. Un sonido que para otros puede remitir inmediatamente al pop electrónico, al funk o a la música de baile de aquella década puede aparecer ahora, dentro de una producción de rap, casi como una novedad.

Tyga en la producción de su nuevo trabajo.

Tyga en la producción de su nuevo trabajo. Instagram: Starface.

Ahí está una de las particularidades de este regreso. Los artistas miran hacia atrás, pero parte de su audiencia no. Las referencias ya no necesitan ser reconocidas para funcionar. Viajan a través del cine, las series, los videojuegos, las redes sociales y las canciones que durante años han seguido reutilizándolas, hasta terminar separándose de su contexto original.

La nostalgia se convierte así en descubrimiento. Y en ese viaje hacia el pasado ha aparecido una herramienta que en 1983 habría pertenecido a la ciencia ficción.

Tyga ha reconocido que recurrió a inteligencia artificial durante la creación de $TARFACE. La utilizó, según explicó, para obtener determinados sonidos de sintetizador o solucionar elementos concretos de la producción, como un solo de guitarra, mientras mantiene que las letras y las voces del álbum son suyas. Para él, la IA no es tanto una sustitución del músico como una herramienta comparable a otras tecnologías que también fueron recibidas inicialmente con desconfianza.

La paradoja es difícil de ignorar: $TARFACE intenta reconstruir musicalmente 1983 con herramientas de 2026. Las sospechas también acompañaron a Rubberz. El brusco cambio de registro de Fenix Flexin abrió desde el principio el debate sobre el posible uso de herramientas generativas y terminó relacionando la canción con Treblo, una plataforma de creación musical mediante IA. Más allá de cuánto haya intervenido realmente la tecnología en cada uno de estos temas, la discusión señala hacia una transformación mayor.

Fenix Flexin presentando su canción en 'On The Radar'.

Fenix Flexin presentando su canción en 'On The Radar'. Video de YouTube del Canal 'On The Radar'

La música siempre ha avanzado mezclando materiales que parecían pertenecer a lugares distintos. El rap nació precisamente de esa capacidad para apropiarse, cortar, repetir y transformar sonidos anteriores. Ahora las herramientas cambian, pero la pulsión sigue ahí. Synth-pop, funk, new wave o hip hop dejan de ser territorios cerrados y pasan a formar parte de un archivo cada vez más accesible, dispuesto a combinarse de formas que sus creadores originales difícilmente habrían previsto.

La inteligencia artificial acelera ese proceso y, al mismo tiempo, lo complica. Abre preguntas sobre autoría, creatividad y los límites de la intervención tecnológica, pero también ensancha el repertorio disponible para quien produce música. La cuestión quizá no esté únicamente en qué herramienta se utiliza, sino en qué se hace con ella.

$TARFACE concentra muchas de esas contradicciones. Un rapero de 2026 mira hacia una película de 1983, rescata el lenguaje del pop electrónico de aquella década, lo introduce en el hip hop contemporáneo y se sirve, además, de tecnologías que hace apenas unos años no existían.

Tal vez por eso resulte cada vez más difícil saber dónde termina un género y comienza otro. La música nunca ha respetado demasiado bien esas fronteras. Ahora, además, dispone de más herramientas que nunca para atravesarlas.