Nick Cave durante el concierto que ha protagonizado en la jornada de cierre del Mad Cool Festival.

Nick Cave durante el concierto que ha protagonizado en la jornada de cierre del Mad Cool Festival. Kiko Huesca EFE

Música

Nick Cave oficia una liturgia inolvidable en un cierre del Mad Cool protagonizado por grandes estrellas veteranas

Pulp, David Byrne y The Black Crowes han sido el resto de cabezas de cartel del último día de la novena edición del festival madrileño.

Más información: Lorde reina en un Mad Cool que, por una vez, deja de lado la nostalgia y apuesta fuerte por el pop femenino

Publicada

Nick Cave y la luz solar son incompatibles. Y algún pacto no apto para los meros mortales ha de tener el sublime artista australiano con el sol, como dos seres igual de temibles que respetan la fuerza del otro, porque el uno ha aparecido en el escenario principal del Mad Cool junto a su banda (The Bad Seeds) únicamente en el momento en que el otro se ha escondido.

Esta ha sido la jornada de cierre después de tres días marcados por un calor implacable que tan solo daba un respiro, si acaso, en los conciertos programados para más allá de la medianoche. Aun así, uno juraría que en el momento en el que Nick Cave se ha dejado ver a las diez en punto de la noche —es un hombre con clase el australiano, la impuntualidad no va con él—, un aire frío se ha levantado en la explanada en la que miles de almas atendían a lo que allí estaba por suceder. Habrá sido la patada con la que el vocalista ha arrancado su formidable recital de dos horas, un zurriagazo con el que ha espantado definitivamente al astro rey, como espetándole que se apartara, que ahora era su turno.

La comunión de Cave con su público ha sido instantánea ya desde el cañonazo inicial de Get Ready For Love. A este le han seguido temas como From Her to Eternity, Train Long Suffering o Wild God, hasta llegar a cumbres como el conmovedor O Children. En todos ellos, los devotos de este artista de culto han demostrado una entrega absoluta que debe de ser la envidia de muchos intérpretes que ven cómo los asistentes a sus conciertos están más interesados en compartir la experiencia en las redes sociales que en vivirla.

Uno se queda boquiabierto con la atmósfera que logra crear en su espectáculo este hombre de 68 años vestido con su traje azul retro. Serán sus bailes hipnóticos, que en cualquier otro parecerían torpes y poco articulados pero en él es encantador. O será su voz profunda como un abismo, que llega a algún lugar de nuestro encéfalo normalmente inalcanzable —algo así se decía que era el truco de Rasputín, otro profeta de carisma inexplicable—. Sea como fuere, ahí estaba, con la camisa completamente sudada, contoneándose, regalando su cuerpo al público, que lo alzaba como un ídolo religioso. De esa guisa mantuvo una actuación magistral en la que no faltó su conocida Red Right Hand y culminó con su enternecedora Into My Arms.

En una edición del festival en la que los solapes de conciertos han cobrado demasiado protagonismo —aún lloramos que nos hicieran elegir entre Moby y Foo Fighters en la jornada inaugural—, la franja de las 22:00 a las 00:00 ha pertenecido sin discusión a Nick Cave. La banda de rock alternativo fundada en 1998 Kasabian ha tenido la mala suerte de coincidir en horarios con el grupo del australiano. Aun así, pese a la intensa fuerza gravitacional con la que Cave atrae a las masas en torno a él, los británicos también han logrado congregar a miles de fieles seguidores (no ha sido el caso de este periodista).

Nick Cave en su concierto en el Mad Cool 2026.

Nick Cave en su concierto en el Mad Cool 2026. Kiko Huesca EFE

De hecho, con la honrosa excepción del cantautor estadounidense de 32 años Jalen N'Gonda, que se ha cocido al sol de las 18:30 de la tarde, Kasabian ha sido el grupo más joven en actuar en uno de los dos escenarios principales en esta jornada de cierre, completamente dominada por la veteranía. Y eso que ya son 28 años los que Sergio Pizzorno y los suyos llevan con su música.

Matt Berninger, el antiguo líder de la banda The National, ha sido el primero de estos en aparecer en el Orange Stage para entregar algunas de sus canciones en solitario como Nowhere Special. Son unos temas cuanto apenas cantados, más bien espetados, una retahíla de reproches o quejas que se asemejan a las discusiones que todos sostenemos en nuestra cabeza cuando no nos atrevemos a dar nuestra opinión en voz alta y que, en el caso de Berninger, por alguna razón, maridan a las mil maravillas con la melodía que interpretan los músicos que le acompañan.

A continuación, en el escenario principal ha sido el turno de The Black Crowes, la elección ideal para los deseosos de una buena dosis de rock añejo, riffs kilométricos incluidos. El grupo fundado en Atlanta en 1984 ofreció un concierto —en el que brillaron sus versiones de Oh! Sweet Nuthin' y Hard to Handle— que bien podría haberse dado en un bar de carretera de la Ruta 66, para bien y para mal. Todo caucho, ceniceros y guitarras.

Tras la gran misa de Nick Cave, ya entrada la noche, ha sido el turno de otras dos grandes superestrellas con décadas de trayectoria a sus espaldas. Hablamos de David Byrne, exfrontman del grupo estadounidense Talking Heads, y el formidable Pulp liderado por un Jarvis Cocker tan seductor a su manera como siempre.

Matt Berninger durante su concierto en el Mad Cool Festival 2026.

Matt Berninger durante su concierto en el Mad Cool Festival 2026. Kiko Huesca EFE

Vestido de naranja y arropado por una plétora de músicos/bailarines (lo eran todo a la vez y en todas partes), Byrne ha ofrecido un concierto alegre y marcado por el "buenrollismo". No han faltado los guiños a la banda que lo hizo famoso, como la emblemática Psycho Killer.

La última actuación ha sido para Jarvis Cocker y los suyos, en la que han repartido temas, como se suele decir, "de ayer y de hoy", sabiendo repartir los grandes hits como Disco 2000, Babies o Common People y temas de su reciente y notable disco (después de 24 años de silencio) More. Todos de altísimo nivel, con un Cocker que ha hecho suyo el escenario, con esa forma de contonearse tan suya.

El fin de semana, para los mayores

El pasado jueves aplaudíamos en este medio lo novedoso de la oferta musical de aquel día, que se distanciaba del recurso de la nostalgia tan frecuente en este festival para apostar por la música de artistas femeninas y jóvenes, con la consiguiente afluencia masiva de público cuya media de edad no alcanzaba ni la veintena.

El fin de semana, sin embargo, ha sido una vuelta a la tónica habitual con artistas, eso sí, del más alto nivel. El viernes ya se pudo comprobar una vuelta a la normalidad, con una afluencia de público más reducida (sin que eso signifique escasez), que rondaba en su mayoría entre los 30 y los 50 años. Se puede entender echando un vistazo a los cabezas de cartel: Pixies, Interpol, Kings of Leon... La honrosa excepción fue Twenty One Pilots. El grupo de Ohio formado en 2009 fue la gran protagonista de la noche del viernes y responsable de un espectáculo irreprochable.

Del mismo modo sucedió el sábado. Los intérpretes, como ya hemos comentado, veteranos. El público, también. Y con una concurrencia mucho menor que el jueves anterior. Apostamos, eso sí, a que el consumo en barra habrá sido mucho mayor.