Rodrigo Cuevas en la sede de Sony Music en Madrid. Foto: Sara Fernández

Rodrigo Cuevas en la sede de Sony Music en Madrid. Foto: Sara Fernández

Música

Rodrigo Cuevas: "Hoy todo el mundo quiere hacer folclore, hay una búsqueda exacerbada de lo auténtico"

El cantante, compositor y animal escénico emerge de su aldea para estrenar y presentar en directo 'Manual de belleza', con la lengua asturiana por bandera y estrellas invitadas como Massiel y Ana Belén.

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Vuelve Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) con su desbocada exuberancia, como un asturcón galopando por playas salvajes y verdes praus. El agitador folclórico –etiqueta con la que se define y que enmarca bien sus facetas de cantante, compositor, performer y dinamizador cultural– acaba de publicar Manual de belleza, su nuevo álbum, que presentará en una gira a partir del 24 de abril.

Hace tiempo que su fusión de música tradicional asturiana y vanguardia quedó legitimada con Manual de cortejo, un disco serio y experimental grabado junto a Raül Refree. Más hedonista era su Manual de romería, que le valió el Premio Nacional de Músicas Actuales 2023.

Ahora nos llega este tercer ramillete de canciones que completa su “trilogía del placer”, y en el que sigue cantando a la vida, al amor, a la tierra y al legado de quienes alumbraron el camino, con la lengua asturiana por bandera y estrellas invitadas como Massiel, Ana Belén, Mala Rodríguez y Rossy de Palma (esta última como presentadora y entrevistadora en su cortometraje Llagares, donde interpreta varias canciones del disco). Y un consejo de buen xardineru: “P’acabar cola plaga del pulgón, lo meyor ye tener la casa siempre llena de mariquitas”.

Pregunta. ¿A qué tipo de belleza le canta en este disco?

Respuesta. A muchas: a la belleza salvaje en Asturcón y La fiesta; a la del amor y la vida en Xardineru; a una más elevada con Tarta Relena en El pañuelín; a la belleza como burbuja o refugio en Un mundo feliz, y al amargo don de la belleza en BLZA.

P. La muerte está muy presente, pero de una manera festiva, casi gozosa. ¿Es así como concibe el fin de la vida?

R. He querido jugar, como Albert Pla, a adoptar puntos de vista distintos al mío. En Una muerte ideal me puse en el papel de un personaje de Te di ojos y miraste las tinieblas, de Irene Solà, una señora que espera con ansia la muerte porque cree que va a ser un momento maravilloso, una explosión de júbilo, un éxtasis perpetuo.

Rodrigo Cuevas en la sede de Sony Music en Madrid. Foto: Sara Fernández

Rodrigo Cuevas en la sede de Sony Music en Madrid. Foto: Sara Fernández

P. Hace un hermoso homenaje a la vejez en Sácame a bailar, el pasodoble que canta con Ana Belén.

R. Sí, le canto sobre todo a la belleza de envejecer acompañado. Eso es lo más bonito que te puede pasar en la vida, y ver que dejas aquí a gente que se queda y que es feliz.

P. Además de esas colaboraciones con Ana Belén o Massiel, menciona en Una muerte ideal a Nino Bravo, a Lina Morgan, a Concha Velasco, a Rocío Jurado… ¿Quería reivindicar a estos mitos de la cultura popular española?

R. Para mí son referentes de la belleza, aunque sea de otra época, de ese mundo glamuroso y decadente de Juan Gabriel, Dalida, Selena… Me parece uno de los picos de la belleza en la cultura popular. Los reverencio porque nos enseñaron mucho.

P. En la producción del disco colabora de nuevo con Eduardo Cabra. ¿Qué hace un puertorriqueño produciendo a un músico folclórico asturiano?

R. Eso le digo yo a él, pero desde el primer momento encajamos muy bien. Además, Puerto Rico y Asturias tienen ciertas similitudes: la insularidad (antes de que llegara el AVE a Asturias) y su condición colonial: nuestro talento local es extraído desde la periferia hacia los centros.

P. El disco tiene sabor local, pero producción internacional: grabado entre Puerto Rico y Madrid, mezclado en París y masterizado en Buenos Aires. Paradojas de la globalización...

R. Se iba a mezclar en Nueva York, pero me denegaron la ESTA [la autorización de viaje] para entrar en Estados Unidos sin darme ninguna explicación, así que tuvimos que quedar con Fab Dupont, el ingeniero de mezcla, en París. Por esa misma razón tampoco puedo ir a Puerto Rico. Ya he perdido dos viajes con los billetes comprados.

P. ¿Por qué cree que está teniendo tanto éxito desde hace unos años esa vuelta a las raíces, ese bucear en la tradición y el folclore con una perspectiva contemporánea?

R. Ahora todo el mundo quiere hacer folclore. Lo que pretendíamos toda la gente que estábamos haciendo esto hace 8 o 10 años era impregnar la música de una identidad más fuerte, más personal, más autóctona. Eso se consiguió, sin duda. Y creo que al público le interesa porque ahora hay una búsqueda exacerbada de lo auténtico, que acaba fagocitado: un bar que es auténtico, ¡pum!, se llena de modernos. Pasa mucho en las grandes ciudades, que han perdido su identidad.

La vida en la aldea

P. Vive en Vegarrionda, una diminuta aldea en el concejo de Piloña. ¿Cómo es su día a día? Le imagino a ratos componiendo y a ratos cuidando del huerto.

R. Así es, no tengo horarios fijos. Aunque lo cierto es que no estoy mucho en casa porque me meto en fregaos. Estoy con la asociación cultural La Benéfica de Piloña y ahora vamos a abrir un bar, La Maléfica. Si veo un carro, me pongo a tirar de él. Me gusta mucho enredar.

Rodrigo Cuevas durante la entrevista. Foto: Sara Fernández

Rodrigo Cuevas durante la entrevista. Foto: Sara Fernández

P. Desde La Benéfica ha revitalizado culturalmente la zona. ¿Qué hacen allí?

R. Llevamos cinco años con el proyecto. Organizamos fiestas populares, como el Amagüestu, que es la fiesta de la castaña; el Antroxu, el carnaval tradicional asturiano; también hacemos el festival Una Señora Fiesta, del que llevamos nueve ediciones, y un encuentro de folclore. También tenemos una radio comunitaria desde la que hacemos proyectos de mediación cultural, llevamos artistas contemporáneos a los colegios para que impartan talleres, y además nuestro espacio sirve para dar clases de baile, de teatro…

P. Antes las personas con una identidad fuera de la norma huían de los pueblos a las ciudades, donde podían ser anónimos y más libres. ¿Usted vivió eso?

R. Yo me crie en Oviedo, pero los fines de semana y vacaciones nos íbamos al pueblo de mi abuela, Rodiezmo, y me pasaba al revés: donde nadie se metía conmigo era en el pueblo, así que estaba encantado. No digo que no le pasara a otros, pero a mí me quería mucho la gente y nadie se metía conmigo.

Rodrigo Cuevas. Foto: Sara Fernández

Rodrigo Cuevas. Foto: Sara Fernández

P. Al volver a vivir en un pueblo pequeño, ¿cómo le recibió la gente mayor, que es más propensa a tener una mentalidad más cerrada?

R. Yo creo que tienen la cabeza más cerrada los jóvenes que los mayores, por desgracia. A los viejos les da un poco igual todo, son más relajados. No me gusta generalizar, pero tienen otra forma de tomarse la vida con la que yo conecto más.

P. En su emotiva canción Rambalín, de su disco Manual de cortejo, rendía homenaje a Rambal, el transformista asesinado en Gijón en 1976, símbolo de la comunidad LGBTIQ+. ¿Cuánto ha cambiado España desde aquellos crímenes horribles contra homosexuales hasta convertirse en un país puntero en libertad sexual y de género?

R. Cambió muchísimo porque los armarios se abrieron y de allí salieron como conejos de una madriguera [risas]. Y dices: ¡Madre mía, toda la gente que habría antes viviendo vidas que no eran las suyas! Es indudable el avance tremendo y precioso que ha habido, aunque sigue habiendo agresiones a diario. El otro día hubo una horrorosa en León a una mujer trans, y en ello tienen que ver los discursos de odio que vemos últimamente.

Una lengua en peligro

P. ¿Siempre tuvo una relación estrecha con la música tradicional asturiana?

R. De niño me gustaba mucho. Tocaba la gaita y era muy asturianista. Luego me desenganché un poco cuando estuve viviendo y estudiando en Barcelona, pero cuando descubrí la pandereta y la tonada tradicional, reconecté mucho.

Rodrigo Cuevas. Foto: Sara Fernández

Rodrigo Cuevas. Foto: Sara Fernández

P. En una canción menciona a José González El Presi, una leyenda de la tonada asturiana, y hace una versión de una canción que él solía cantar. ¿Qué cree que opinaría de su música si aún viviera?

R. Creo que le gustaría, porque él era muy abierto musicalmente. En una entrevista en RNE dijo: “Sueño con una revista asturiana en la que el baile, la música, el cante y el humor asturiano estuvieran a la altura de cualquier espectáculo del mundo”. A mí me encantaría hacer eso.

P. En este disco canta más en asturiano que nunca. ¿Cómo ve la situación de su lengua?

R. Está completamente en peligro. El asturiano es, junto con el aragonés, una de las lenguas de España que corre mayor riesgo de desaparecer. Llevamos 40 años esperando la oficialidad, pero no va a llegar y además no creo que por sí sola pudiera salvar la lengua. Lo que necesitamos es mucha producción cultural en asturiano. Cuanta más, mejor, y de la mejor calidad posible.