Música

Bayreuth en la encrucijada

El festival wagneriano se debate entre el culto al repertorio y las nuevas fórmulas de seducción

22 julio, 2011 02:00

Eva Wagner-Pasquier y Katharina Wagner. Foto: Enrico Nawrath.

La Colina Sagrada llega a su edición número cien el 27 de julio con un estreno y algunos retos pendientes. Sus directoras, Katharina y Eva Wagner, defienden el repertorio de su bisabuelo sin renunciar a los nuevos públicos.

  • Canal Spotify de El Cultural: escuche la música de este artículo

  • E l Festival de Bayreuth cumple 100 ediciones y lo celebra con el esperado estreno del Tannhäuser de Sebastian Baumgartner como antídoto a un futuro lleno de incógnitas. No se trata encontrar las cartas de Hitler por los rincones de la Villa Wahnfried ni de intervenir las cuentas de la Colina Sagrada, sino de garantizar la supervivencia del certamen a los nuevos tiempos. “De un lado, está la tradición, el patrimonio, el peso histórico. Del otro, el acontecimiento social, el ajetreo vip, la frivolización del acontecimiento”. Son palabras del tenor alemán Jonas Kaufmann, que el año pasado debutó allí con un Lohengrin como no se había oído en muchos años. La controvertida producción de Hans Neuenfels se repone este verano pero -sorpresa- Kaufmann no está invitado.

    Tampoco repitieron tras su debut René Pape, Renée Fléming, Nina Stemme o Violeta Urmana. Por no hablar de los que ni siquiera han sido convocados todavía. Y es que la ausencia en Bayreuth de los mejores cantantes wagnerianos es una constante en los últimos años. La explicación al misterio se esconde en los despachos de la Festspielhaus, desde donde se gestiona el pasado y el futuro del legado wagneriano bajo el modelo bicéfalo de Eva y Katharina Wagner.

    Tras un largo y sonado litigio las hermanastras y biznietas del célebre compositor asumieron hace tres años las riendas de la cita operística. 33 años y dos trayectorias artísticas bien distintas separan la ejecutoria de las “nietísimas”.

    Katharina, favorita de su padre y mejor posicionada entre la aristocracia alemana, aboga por una renovación escénica, no exenta de polémica, que no siempre ha contado con el beneplácito de la crítica. La sátira a la cultura germana de su trabajo como directora artística de Los maestros cantores causó más indignación que sorpresa, pero no le ha impedido volver a programar su montaje este año. “Tenemos que dotar a las puestas en escena de nuevas herramientas -alega Katharina- y abrir la programación a los formatos del siglo XXI”. Se refiere a la proyección vía streaming de las óperas y a la familiarización del público con las nuevas tecnologías.

    Trabajo de casting
    A pesar de que a Eva Wagner-Pasquier se le suele atribuir un trabajo más de despacho que de bambalinas, la empresaria ha estado vinculada durante años a las temporadas del Met, el Covent Garden, la Wiener Staatsoper y el festival de Aix-en-Provence. Quienes la conocen aseguran que tiene un olfato innato para detectar talento en los casting y su gestión está encaminada, sobre todo, a la captación de nuevos públicos. “Nos gustaría llegar a transmitir y difundir a las próximas generaciones -explica a El Cultural- el significado que tienen hoy las óperas de Wagner”. La fórmula pasa por la adjudicación de roles importantes a cantantes semidesconocidos y la fundación, en un futuro no muy lejano, de un conservatorio wagneriano. También ha conseguido poner en órbita a algunas jóvenes promesas, como el director letón Andris Nelsons, que debutó en el foso durante el Lohengrin de la última edición.

    La relación de Eva y Katharina con los enfant terribles de la escena ha sido pasto también de los titulares de prensa. Empezando por las embestidas de Claus Peymann, que se refirió a Bayreuth como “un parque de recreo para imbéciles”, y siguiendo por las tensiones con los cineastas Florian Henckel von Donnersmarck, Lars von Trier y Wim Wenders, quien se caía recientemente del cartel del monumental Anillo que Vasily Petrenko dirigirá por el bicentenario de Wagner en 2013.

    Más allá de Wolfgang
    La muerte de Wolfgang Wagner, padre de Eva y Katharina, en marzo de 2010 fue un punto de inflexión en la trayectoria del Festival, cuya vinculación con el nazismo ha pesado siempre como una losa sobre los hombros de la familia. “Por primera vez en treinta años”, confiesa el periodista de origen judío Norman Lebrecht, “el verano pasado pude acercarme a la ciudad el tiempo suficiente para cumplir con mis obligaciones como crítico y demostrar que la razón de mi distancia ya no tenía sentido”.

    Para Joan Matabosch, director artístico del Liceo de Barcelona, “es evidente que el tándem creativo de las hermanas Wagner busca reinventar un modelo sobre los planteamientos de su antecesores”. Su búsqueda de nuevos aliados internacionales hará posible que tres de las producciones operísticas de la Festspielhaus (El holandés errante, Lohengrin y Tristán e Isolda) puedan viajar en versión de concierto a la capital catalana para abrir su temporada 2012-2013. “Raramente Bayreuth sale de Bayreuth”, asegura Matabosch. “Pasó una vez en 1955, durante su reinauguración tras la II Guerra Mundial. Y ya entonces el Liceo supo ofrecer una nueva cara a la cita wagneriana”.

    También en Madrid Wagner cuenta con su propia legión de melómanos. Recientemente, la Asociación Wagneriana de la capital, que preside Clara Bañeros de la Fuente, celebraba su centenario con la presencia de Eva, vinculada al Teatro Real en la era Lissner. La intendente anunció que el 15 de agosto el crítico y musicólogo Arturo Reverter ofrecerá en el Salón de Liszt una conferencia sobre voces wagnerianas. Será la primera ponencia de un español en la historia del Festival. “Hay muchas razones que explican la extinción de los tenores heroicos y las sopranos dramáticas”, explica Reverter. “Tiene que ver con las carreras vertiginosas de los cantantes y con la subida del diapasón, que a veces supone casi un tono y medio de diferencia respecto a la época del compositor”. Por eso muchos se preguntan hoy si existe cantera suficiente como para perpetuar, algunos años más, el amor de Tristán e Isolda.

    Francisco Villalba es crítico musical y uno de los más antiguos socios de Bayreuth, cuya programación visita desde hace cuarenta años. “El Festival es hoy un cúmulo de contradicciones. Se cita a los mejores cantantes, pero se les paga como a covers. Invocan a la élite pero incitan al provincianismo”. La paradoja ha llegado incluso a la taquilla, donde se expiden entradas desde 50 euros. Eso sí, con diez años de lista de espera.