Joaquín de Luz, bailarín, coreógrafo y director de Veranos de la Villa.

Joaquín de Luz, bailarín, coreógrafo y director de Veranos de la Villa. Sara Fernández.

Danza

Joaquín de Luz: "Ya es hora de que el Ministerio de Cultura esté en manos de gente de la cultura"

El bailarín y director de Veranos de la Villa estrena un nuevo espectáculo en el centro Conde Duque.

El artista hace balance de esta 42.ª edición del festival madrileño, que llega a su ecuador.

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Joaquín de Luz es una de esas personas que hacen justicia a su apellido. Conversar con él se parece a bailar un vals: el ritmo puede cambiar, pero la ligereza y la armonía alejan cualquier sobresalto.

Después de una carrera rutilante en el New York City Ballet y de una salida no del todo comprensible de la dirección de la Compañía Nacional de Danza, asumió la dirección artística de los Veranos de la Villa, responsabilidad que desempeña con prestancia y solidez desde la pasada edición.

En ese marco estrena este sábado ConcertDanza, un espectáculo de creación propia. Sobre él y sobre muchas otras cosas conversamos en uno de los rincones frescos del Conde Duque.

Pregunta. Ya estamos en la segunda edición de los Veranos de la Villa que dirige. Es obligatorio comenzar por una especie de autovaloración, ¿es cierto que segundas partes nunca fueron buenas o con usted Cervantes se equivocó?

Respuesta. Creo que depende del contexto y de a qué te refieras. Para mí, la segunda vez ha sido exponencialmente más fácil. Ya conozco cómo funciona todo y veo la posibilidad real de llevar a cabo la visión artística que uno desea. También me ha ayudado mucho comparar esta edición con la del año pasado: ver qué funcionó, qué salió peor y medir la temperatura del público. Tenemos un público complejo, excitante y diverso, pero creo que, en esta ocasión y sobre todo en un festival con estas peculiaridades, la segunda parte es mejor… Lo siento, Cervantes (risas).

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa. Sara Fernández.

P. El año pasado comentó a los lectores de El Cultural que su propósito era convertir este festival en “ir a la playa” pero en Madrid. Sabemos que la capital en verano es un horno en cuanto a temperaturas y todo parece indicar que es algo que irá en ascenso. ¿Desde la dirección y el propio ayuntamiento de la ciudad se está generando algún plan que tenga en cuenta los nuevos escenarios climáticos?

R. Es algo que puse sobre la mesa ya el año pasado: debería haber espacios cerrados que complementen la programación, porque hace muchísimo calor. Este año hemos tenido una brisa agradable y, en ese sentido, más suerte que el anterior. Recuerdo algunas noches del verano pasado en las que todos sudamos la camiseta, incluso quienes no estábamos en el escenario. Sí, debería existir un plan. Sabemos que los veranos se están volviendo cada vez más insoportables y hay que proponer espacios alternativos.

El patio del Conde Duque está muy bien, es el alma del festival, y el aire libre también forma parte de esa alma, pero deberíamos incorporar otros lugares. Este año lo intentamos con los Jardines de Sabatini porque, cuando estás dentro de un jardín, la temperatura tiende a ser más baja y el ambiente resulta algo más agradable. Evidentemente, debemos prestar atención a esto porque queremos que el público esté a gusto. Es verdad que en nuestro país a la gente le gusta estar al aire libre, pero pasar dos horas en un patio que ha recibido el sol durante todo el día puede ser complicado.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa. Sara Fernández.

P. Este fin de semana tenemos una de las joyas de la programación de los Veranos de la Villa: ConcertDanza. Cuéntenos qué veremos.

R. Es un proyecto que me hace muchísima ilusión. Siempre he tenido muy presente la importancia de fusionar estilos. Mi casa artística es Nueva York y sabemos que es la cuna del mestizaje artístico. Me ha interesado mucho esa conversación entre géneros y la posibilidad de que el público disfrute de la música a través de filtros diferentes. Tomar una pieza que hemos escuchado muchas veces, como la Suite número 1 de Bach, darle una vuelta y comprobar si puede llevarse a un compás flamenco.

Soy un enamorado del flamenco y de la posibilidad de contemplar la música desde distintas aristas. Con ConcertDanza quiero proponer al público una composición orquestal en la que cada instrumento y cada género dancístico entren en sinergia y conversen entre sí, para descubrir qué puede surgir de ese encuentro. Es una invitación a escuchar la música y contemplar la danza de una manera diferente. Este tipo de experimento, de laboratorio, siempre me ha inspirado muchísimo, también durante mi etapa al frente de la Compañía Nacional de Danza.

Además, el proyecto reúne a músicos de primerísima calidad: solistas del Covent Garden dirigidos por Vasko Vassilev. Tuve la suerte de verlo hace poco en Londres y es una verdadera maravilla. Es, además, un artista que piensa como yo y que está abierto a democratizar una música considerada elitista. Se trata de llevar la música clásica al mainstream a través de la danza. Eso ya es un logro y, si lo hacemos con calidad, funciona muy bien. En su país natal llena estadios de fútbol; aquí todavía no podemos decir lo mismo, pero lo intentamos.

Es una cita importante porque no es exactamente una gala de danza ni un concierto de un quinteto de música barroca. El público va a encontrarse con algo diferente que une ambos mundos. Es lo que los americanos llaman “pensar fuera de la caja”. Yo también estaré sobre el escenario y lo compartiré con grandes artistas, gente a la que admiro muchísimo.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa. Sara Fernández.

P. Leyendo el programa de ConcertDanza, le vemos a usted por todas partes: director artístico, coreógrafo e intérprete. ¿Cuál es el rol en el que se siente más cómodo?

R. Definitivamente como intérprete. Es mi hábitat.

P. La coreografía es un terreno en el que los grandes bailarines como usted suelen experimentar no siempre el mismo éxito que en sus carreras como intérpretes. Aún tenemos en la retina aquella Giselle pospandémica nacida en el Moncayo. ¿Tiene en mente alguna otra creación de gran formato? ¿Y en sueños?

R. Con aquella Giselle incorporamos la poesía de Bécquer e hicimos una versión más nuestra. Me gusta utilizar elementos diferentes y mezclarlos. Ten en cuenta que un bailarín, desde muy pequeño, es incapaz de escuchar una música sin coreografiarla. Aunque después no llegue a desarrollar esa idea, lo hace mentalmente. Recuerdo que llegaba a la boca del metro, bajaba las escaleras y ya imaginaba una coreografía. Así tenemos luego la cabeza (risas). Es algo natural.

Hay muchos proyectos. Uno de mis sueños es crear un Romeo y Julieta o un West Side Story con danza flamenca y contemporánea, en el que las dos familias se expresen mediante lenguajes distintos. También imagino muchas otras propuestas construidas a partir de nuestro patrimonio cultural, que es inmenso. Otra posibilidad podría ser Historias de Vallecas.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa. Sara Fernández.

P. Volviendo al Joaquín de Luz bailarín: sabemos que el cuerpo tiene fecha de caducidad y más cuando se le ha exigido el máximo como es el caso de los grandes bailarines que no dejan de ser deportistas de élite con mucho estilo y sensibilidad. ¿ConcertDanza será un punto de inflexión en su carrera o por el contrario seguiremos disfrutándole en la escena?

R. Tengo la idea romántica de que mi hijo pueda verme y disfrutar de mí sobre el escenario. Vamos a ver si llego a tiempo. Con la edad y la experiencia aprendes a modificar tu manera de bailar. En este momento de mi carrera no voy a interpretar un gran ballet clásico porque no le haría justicia, pero he encontrado una forma de ofrecer al público otro tipo de movimiento y de musicalidad. Todavía hay cosas que puedo asumir. Cuando vea que ya no puedo hacerlo o que el resultado empieza a ser ridículo, evidentemente, no esperaré a mi hijo. De cualquier manera, todavía me quedan ruedas. Como me dijo Nacho Duato cuando asumí la dirección de la CND: “tú baila hasta que se te caigan las ruedas”.

P. Uno de los grandes retos de cualquier director artístico es conjugar los verbos clásicos con las frases contemporáneas. ¿Cuál es su secreto para lograrlo?

R. Hay que ser observador, entender de qué se trata y cuál es la misión del proyecto que diriges. En el caso de la Compañía Nacional de Danza, su misión es construir un repertorio de altísima calidad, mejorar el nivel de los bailarines y ofrecer su trabajo a un público nacional e internacional. En los Veranos de la Villa, en cambio, hay que proponer contenidos muy diversos para un público amplísimo: desde los turistas hasta las personas mayores que quieren escuchar copla y cuplé.

Este año hemos tenido un gran éxito con las exposiciones, que también forman parte de la oferta. Yo fui a EGB cuenta cómo crecimos sin wi-fi, convirtiendo cualquier palo en una espada. No eran tiempos mejores, pero sí estábamos muy conectados, y la muestra está funcionando muy bien: hay colas para entrar. La otra exposición, la de los Murillo, ofrece un contraste absoluto y también está siendo un éxito. La programación refleja precisamente esa diversidad.

Estoy seguro de que la clausura también será un éxito. Terminaremos como el año pasado, bailando; esta vez, con ABBA. La cultura propone justamente lo contrario de esta época de polarización y confrontación. Es un pegamento especial: congrega a la gente y hace que salga con una sonrisa.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa.

Joaquín de Luz, director de Veranos de la Villa. Sara Fernández

P. Tanto en la Danza como en la Ciencia si eres español parece ser que es obligatorio migrar. Varios son los ejemplos: Tamara Rojo primero en Londres y ahora en San Francisco, Corella y usted en Nueva York y la lista continúa. Además, luego el retorno se complica. ¿Fallamos como sociedad en este sentido?

R. Sí, la importancia que se concede a cada cosa se mide por el apoyo que recibe. El nivel cultural que tenemos en España no se corresponde con el porcentaje del PIB que se invierte en cultura. La cultura contribuye a recaudar, pero después esa aportación no se refleja en las ayudas que recibe. Francia, por ejemplo, está muy por encima de nosotros en este sentido, y creo que culturalmente estamos a su nivel o incluso por encima. Aquí levantas una piedra y encuentras un talento dancístico, musical e interpretativo tremendo. Sin embargo, la inversión no se acerca a la que debería existir.

También es necesario fomentar el talento nacional. Si hablamos de mi gremio, la danza, no puede ser que no haya una compañía estable vinculada a un teatro. Es algo impensable y constituye la reivindicación más antigua del sector. Creo que existe cierto desprecio, no agresivo, pero ya instalado en nuestra mentalidad, que nos lleva a escuchar preguntas como: “¿Tú qué haces?”. “Yo bailo”. “Sí, ¿pero en qué trabajas?”. Esa manera de pensar termina afectando.

Puede parecer que siempre nos estamos quejando, pero estoy seguro de que, si tuviéramos una compañía estable, por ejemplo, en el Teatro Real, España tendría la mejor compañía de Europa.

P. Para terminar, una pregunta quizá difícil, lo reconozco. Quienes amamos la danza tenemos la sensación de estar asistiendo a un declive de algunas instituciones emblemáticas que otrora fueron buque insignia para el país y el mundo. ¿Comparte esta sensación?

R. Sí, la comparto. Creo que hay iniciativas que se plantearon en su día, que entonces tenían sentido y que incluso llegaron a cumplir su función. Sin embargo, cuando algo no se cuida ni se actualiza, termina quedándose obsoleto. No puede ser que todo esté tan anticuado y que no se tengan en cuenta la figura del bailarín ni sus necesidades.

Me da pena porque, cuando regresé a España, formé parte de esa esperanza y vine con el propósito de aportar mi grano de arena. Después te enfrentas a las dificultades, a la falta de difusión y a muchas imposibilidades. Consigues logros artísticos, sí, pero la frustración es aún mayor porque descubres que existe un límite. También lamento que no se escuche a quienes hemos desarrollado nuestras carreras fuera y hemos pasado la vida viajando de un teatro de ópera a otro, viendo las maravillas que se hacen y conociendo las condiciones y oportunidades que deberían tener nuestros bailarines. Miramos al norte para buscar muchos ejemplos, pero este no parece ser uno de ellos.

El apoyo es otro gran problema. Debería existir un modelo híbrido en el que convivieran lo público y lo privado, porque esa colaboración sería beneficiosa. Para ello hacen falta leyes de mecenazgo que ofrezcan ventajas fiscales, ya que aquí no existe un verdadero hábito de apoyar económicamente las artes. Y esto tiene que comenzar desde arriba, con voluntad política, porque al final todo depende de ella. Creo que ya es hora de que el Ministerio de Cultura esté en manos de gente de la cultura.