Un momento de 'Masa', de Luz Arcas, durante un ensayo. Foto: Albirú Muriel
Luz Arcas y Kor'sia reflexionan sobre la energía colectiva y los espacios vivos en lo nuevo de la CND
La Compañía Nacional de Danza estrena 'Struere', un díptico que indaga sobre la obra de Elias Canetti y las arquitecturas sensibles.
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Struere, en latín “juntar, construir y ordenar”, es el acertado título de la última propuesta que la Compañía Nacional de Danza (CND), liderada por Muriel Romero, presenta en Centro Danza Matadero, del 26 al 31 de mayo.
Se trata de un sugerente díptico que nos habla de las personas y el espacio, multitud y arquitectura, compuesto por dos números que dialogan y se complementan, y que han sido creados ad hoc por varios de los nombres del momento: Luz Arcas , por un lado, y Mattia Russo y Antonio de Rosa (Kor’sia), por el otro.
La corporeidad toma forma de amasijo en la reivindicativa premisa de la bailarina y directora, Premio Nacional de Danza, que se ha propuesto aquí nada menos que bailar a Elias Canetti. Así, en Masa, inspirado en el emblemático Masa y poder, Arcas da forma a una particular multitud coreográfica.
“Interpreto lo que a mí me sugirió la lectura de ese libro, que básicamente habla de la masa como una especie de potencia que aguarda en cada cuerpo el contexto –político o social– para resurgir, pero también como una cualidad que es propia de la naturaleza, como la tormenta o la tierra”, dice la coreógrafa que, en su pieza, juega con las diferentes energías, imágenes y texturas de la masa, desde el punto de vista antropológico –guerrilleros, muertos o fanáticos–, hasta una perspectiva natural –enjambre o manada–.
“Tras leer el libro he ido reflexionando sobre este concepto como algo físico, en lo referente a lo visual o la imagen, pero sobre todo desde la energía, como motores o generadores de movimiento. En ese sentido, podemos pensar en masas muy típicas como la de una fiesta o la de una manifestación. Son cuerpos en movimiento que tienen una misma dirección y objetivo”, afirma.
Como una especie de lienzo o cuadro abstracto, así es esta pieza pictórica que busca potenciar la idea de multitud. “La masa que yo me planteo siempre tiene algo un poco abrumador para el ojo, un reto para la percepción. En ese sentido, hemos trabajado como si toda la propuesta plástica fuese una multiplicación de la piel. El lienzo donde se baila y el vestuario tienen ese color carnal. Y al final se crea una especie de cuadro abstracto de tonos piel que evoluciona, que va cambiando de intensidad, pero que simboliza la multiplicación de los cuerpos”, comparte.
Con una duración de aproximadamente 40 minutos, Arcas parte de un concepto instalativo, en el que el músico Xabier Erkizia desarrolla, más que una música convencional, un paisaje sonoro que conecta con la idea del título. “Es algo que excede, es incontrolable. Es, como dice Canetti en su libro, la gran transformadora de la historia. Yo casi lo percibo como una fuerza arquetípica o mitológica que, cuando aparece, lo hace para que algo cambie para siempre”.
“Sin los cuerpos el espacio casi no existe”, dice Mattia Russo. Es ahí donde ambas piezas dialogan y se compaginan.
Esta fuerza colectiva que dibuja Arcas –en la que participarán 25 bailarines de la CND, además de los integrantes de su compañía, La Phármaco– dialoga con la arquitectura sensible que alzan Russo y De Rosa en la otra parte del programa. Los componentes del colectivo artístico Kor’sia regresan a la que fuera su compañía, la CND, con un personal TABLERO, material con el que interactúan los bailarines sobre el escenario. Su propuesta nos remite a la tierra, evocando la idea de construir una superficie, pero también ese regreso a la compañía, base de toda su danza.
“Son las tablas donde se construye todo –cuenta Russo–. En este caso, nos parecía interesante hablar de la cultura que se eleva sobre un cimiento. El tablero representa un territorio que puede significar para nosotros un lugar como España, donde hemos empezado una trayectoria. Además, queríamos investigar cómo estas tablas pueden pasar del suelo a moverse en otro plano, creando formas arquitectónicas vivas –como plazas, pequeños teatros o tablaos–”.
Con esa idea de sostener y crear desde abajo, vemos cómo las piezas que conforman este número se colocan, se agrupan y se apoyan. “Es una propuesta muy visual porque el perímetro se vuelve de madera. Las tablas todas juntas generan una superficie, ese rectángulo simboliza para nosotros el territorio”, señala De Rosa. “Geográficamente la tierra es igual para todo el mundo, pero encima de esto cada uno ha construido su propia cultura, en este caso la mediterránea, a la que también pertenecemos –ambos son de origen italiano–”.
De hecho, en este particular Tablero, explican, hay muchas referencias a la pintura, a las naranjas y a los limones. También la música, de Alejandro da Rocha, cuenta con la participación de Niño de Elche. “Queríamos que oliera un poco a España, que tuviera su esencia pero sin irnos al Norte o al Sur”, explica Russo. Así, a su ya habitual uso de la música electrónica, se suma aquí el sonido de los cuerpos, de los propios pies contra el suelo –la tierra otra vez– las gaitas, guitarra o percusión.
Un momento del ensayo de 'TABLERO', de Mattia Russo y Antonio de Rosa. Foto: Albirú Muriel
“Son elementos más humanos. En este caso hemos utilizado más lo acústico”, reconoce De Rosa, para quien todos esos componentes se utilizan como objetos escenográficos que se convierten en algo vivo, acompañan y transforman el cuerpo y el movimiento. “Es decir, estas tablas se utilizan en la coreografía, también se transportan, se llevan de un lado a otro, se introducen dentro de algunas imágenes y de ellas nacen algunas acciones”.
La mayor dificultad nace precisamente del uso de esos tableros y de la necesidad de encontrar la manera de poder manipularlos a través de los dieciséis bailarines, dejando patente cómo el movimiento moldea también la tierra que nos sostiene. “Sin los cuerpos, el espacio casi no existiría”, comentan ambos. Es ahí donde su propuesta dialoga con la masa que ha concebido Arcas. Dos sensibilidades, dos maneras distintas de entender la danza y mostrarla en sendas obras corales.