Un momento del programa 'Range of Motion', de la Compañía Nacional de Danza. Foto: CND

Un momento del programa 'Range of Motion', de la Compañía Nacional de Danza. Foto: CND

Danza

'Range of Motion' en los Teatros del Canal: la precisión de la CND frente al vértigo del movimiento

La Compañía Nacional de Danza presenta dos coreografías de William Forsythe y Johan Inger, ejecutadas con precisión aunque con un movimiento constante que, por momentos, deja a la danza corriendo detrás de sí misma.

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La Compañía Nacional de Danza regresó a los Teatros del Canal con Range of Motion, un programa concebido como diálogo entre dos momentos de la creación coreográfica reciente.

El final del siglo XX se abre con William Forsythe y The Second Detail; el comienzo del XXI toma forma en Johan Inger con Become. Dos universos, dos maneras de pensar el cuerpo en escena, unidos bajo una misma premisa: observar cómo el movimiento atraviesa el tiempo.

El planteamiento resulta atractivo sobre el papel. El encuentro entre Forsythe e Inger propone una reflexión sobre la evolución del lenguaje coreográfico en las últimas décadas.

El primero llevó la técnica clásica a un territorio analítico donde cada línea del cuerpo adquiere un valor estructural. El segundo trabaja desde una dimensión más sensorial, donde el gesto busca impactar en el espectador a través de la energía que desprende el conjunto. El programa quiere mostrar ese tránsito entre rigor formal y pulsión contemporánea.

En la práctica, la experiencia escénica se articula alrededor de un movimiento continuo que tiende a la aceleración. Los bailarines cruzan el escenario una y otra vez, recorren diagonales con velocidad, aparecen y desaparecen en trayectorias que exigen resistencia y precisión.

Imagen promocional de 'Range of Motion', de la Compañía Nacional de Danza. Foto: CND

Imagen promocional de 'Range of Motion', de la Compañía Nacional de Danza. Foto: CND

Es una dinámica que, con cierta ironía, podría describirse como ese gesto coreográfico que consiste en “correr para aquí y correr para allá”. El desplazamiento constante domina el espacio. En algunos momentos surge la sensación de que la carrera ocupa el lugar de la danza.

El comentario –por supuesto— pertenece al terreno del gusto, donde la subjetividad tiene más peso que la exactitud. La preferencia por un tipo de escritura coreográfica frente a otra forma parte del diálogo entre escena y espectador.

Más allá de esa inclinación personal, conviene reconocer el trabajo realizado por la Compañía Nacional de Danza en la ejecución de ambas piezas. El nivel de precisión que exige este programa es elevado y el conjunto respondió con un compromiso evidente.

The Second Detail abre la velada con la estética característica de William Forsythe. Su coreografía trabaja la estructura del ballet clásico desde una mirada que examina cada elemento con minuciosidad. Los brazos trazan líneas limpias, las extensiones se proyectan con claridad, el espacio se ordena a partir de patrones que requieren un control absoluto del tiempo y del peso del cuerpo.

Aquí la partitura coreográfica plantea una sincronía exigente donde cada intérprete se convierte en pieza de una arquitectura mayor.

La noche del estreno dejó ver pequeñas imprecisiones que desaparecerán con el paso de las funciones. En un trabajo de este nivel, el rodaje afina las relaciones entre los bailarines y el espacio. Aun así, la elegancia buscada por Forsythe apareció con nitidez.

El conjunto mostró una disciplina que se percibe en el cuidado de las entradas, en la estabilidad de los equilibrios, en la manera en que el grupo respira al unísono. La escena se sostuvo gracias a ese coro danzario que la compañía ha sabido consolidar en los últimos años.

En Become, Johan Inger propone otra relación con el movimiento. Aquí el gesto se orienta hacia el impacto directo. La música ocupa el espacio con una intensidad sonora que empuja a los intérpretes hacia un movimiento expansivo.

La coreografía se organiza en bloques de energía que buscan provocar una reacción inmediata en el espectador. La acumulación de impulso lleva a un desenlace que apunta al efecto final, a ese instante que se queda grabado como imagen dominante.

En esta pieza, la técnica deja paso a una escritura más física. El interés se desplaza hacia la presencia escénica y la capacidad de transmitir una emoción colectiva. La CND respondió con inteligencia a ese planteamiento. Cada intérprete asumió la dinámica del grupo con entrega y concentración. El escenario se llenó de una calidez que nace del trabajo compartido y el resultado mostró un conjunto cohesionado, capaz de sostener la intensidad sin perder claridad.

El contraste entre ambas obras constituye el eje conceptual del programa. Forsythe construye desde la estructura; Inger impulsa desde la energía. El primero examina la tradición del ballet; el segundo busca una reacción visceral.

Ese diálogo entre dos miradas se plantea con equilibrio. La idea de situar ambas coreografías en una misma velada revela una intención clara por parte de la dirección artística: ofrecer un panorama amplio de la danza contemporánea que dialoga con la herencia clásica.

Desde una perspectiva personal, Range of Motion no ocupará un lugar destacado entre las propuestas que permanecen en la memoria. El predominio de la carrera sobre el desarrollo coreográfico deja la sensación de un lenguaje que avanza con impulso constante, pero que en ocasiones descuida la pausa donde la danza encuentra su profundidad.

He de recalcar que la observación no pretende desmerecer el trabajo presentado. Se trata más bien de una reflexión sobre la dirección estética de las piezas elegidas.

La Compañía Nacional de Danza demostró, una vez más, su capacidad para afrontar repertorios exigentes con rigor. El nivel técnico de los intérpretes sustenta cualquier planteamiento coreográfico que llegue al escenario. Ese compromiso se percibió en cada transición, en cada entrada del grupo, en la forma en que el conjunto mantuvo la tensión escénica durante toda la función.

El público de los Teatros del Canal respondió con un aplauso prolongado al final de la noche. Ese reconocimiento pertenece tanto a la dificultad del programa como a la dedicación de quienes lo llevaron a escena.

Range of Motion quizá no figure entre mis elecciones personales, pero la entrega y la precisión de la compañía merecen el respeto y el aplauso que cerraron la función.