Un momento de 'Serenade'. Foto: Erin Baiano

Un momento de 'Serenade'. Foto: Erin Baiano

Danza

Una noche con Balanchine, el New York City Ballet y una ruptura en el Teatro Real

La complejidad de 'Serenade' es más que evidente y su interpretación exige una sincronización casi cuántica, pero no ocurrió en la noche del estreno

24 marzo, 2023 09:51

Hablar de George Balanchine es referirnos a coreografías donde la importancia recae en el movimiento. En cambio, si nos referimos al New York City (NYC) Ballet es imposible obviar el nombre de Balanchine.

Por estos días, el Teatro Real de Madrid ha programado cinco únicas funciones con la prestigiosa compañía de danza que fundó el coreógrafo georgiano devenido genio de la danza mundial con creaciones, tan personales, que han merecido ser en sí mismas un estilo.

La noche comienza con Serenade. Este es el primer ballet que George Balanchine coreografió en tierras americanas y, por sobrados méritos, una de las obras emblemáticas del NYC Ballet. Inspirada en la Serenata para cuerdas op. 48 de Chaikovski, Balanchine concibió esta pieza como una suerte de lección de ballet en la que se puede perfilar los “errores” y la “improvisación” que impregnan toda puesta a punto detrás del escenario -sin público, ni críticos-.

La complejidad de Serenade es más que evidente y su interpretación exige una sincronización casi cuántica. Mas esto no fue del todo palpable la noche en el que el NYC ballet desembarcó en Madrid. Sin restar excesivamente brillantez al resultado final, todos esperábamos una ejecución perfecta, digna del legado Balanchiano al que nos tiene acostumbrado la compañía que el insigne coreógrafo fundó. Pero esto no ocurrió.

La magia de la danza precisa se materializó en algunos momentos y se disolvió en otros tantos. En cambio, fue destacable la magnífica interpretación de la orquesta dirigida por la brasileña Clotilde Otranto, actual directora musical residente de la compañía neoyorquina.

[El New York City Ballet desembarca en el Teatro Real: mujeres que vuelan al compás de Balanchine]

Luego del primer intermedio, el escenario desnudo se vuelve a iluminar para mostrarnos Square Dance. Dicen que Balanchine tuvo la intención de fusionar en esta obra las tradiciones de la danza folclórica estadounidense con el ballet clásico. Cierto o no, Square Dance es una exposición sin igual del estilo que distingue al coreógrafo de cualquier otro diletante imitador. Allí está la punta fluida e inteligente, el solo pujante y el apoteósico final, todo ello malaxado con música de Vivaldi y Corelli.

'Square Dance'. Foto: Paul Kolnik

'Square Dance'. Foto: Paul Kolnik

La interpretación del NYC Ballet de esta excelsa coreografía recompuso el sabor, no del todo dulce, que Serenade me había dejado. La pareja formada por Megan Fairchild y Anthony Huxley, ambos bailarines principales de la compañía, destacó por su sintonía y expresividad. En otra cuerda, el cuerpo de baile -en especial las bailarinas- transmitieron esa aparente ligereza que caracteriza el sello Balanchine.

Y para el final, la ruptura que adelanté en el titular.

Fiel a su esencia, el NYC Ballet cierra el programa con una quebradura en la línea conductora. Una “fractura” deliciosa que lleva por nombre The Times Are Racing para terminar la noche. Aquí tenemos un ballet que se desprende de la punta y aterriza en las aceras de cualquier ciudad con zapatillas deportivas y ropa de calle.

'The Times are Rising'. Foto: Paul Kolnik

'The Times are Rising'. Foto: Paul Kolnik

Acompañados de la música electrónica de Dan Deacon, esta obra se inspira en una pléyade de estilos donde ha habido lugar hasta para la claque de Fred Astaire y Gene Kelly. Una valiosa elección que arrancó merecidos vítores por parte del público asistente debido a la excelente ejecución, no exenta de alguna olvidable desventura. Balanchine, la ruptura y el NYC Ballet en el Teatro Real es sin duda un perfecto triunvirato para disfrutar de danza por estos días en Madrid.

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