Andrea Soto Moncloa y Daniel Teba en 'El disfraz'

Andrea Soto Moncloa y Daniel Teba en 'El disfraz'

Escenarios

La CNTC busca oro femenino en un triplete decimonónico

Lluís Homar propone un programa que ensarta tres piezas de escritoras del XIX: Joaquina de Vera, Caterina Albert y Emilia Pardo Bazán

15 abril, 2022 04:49

Lluís Homar, director de la CNTC, dejó claro desde el primer día en que se anunció su nombramiento que quería que la compañía trascendiese el Siglo de Oro. Pretendía abrir horizontes, hacia atrás y sobre todo hacia delante. En esta vocación se inscribe la curiosa propuesta que podremos ver en la Sala Tirso de Molina de La Comedia. Un programa triple que, desde este viernes, ensarta tres piezas casi desconocidas de escritoras del XIX: El disfraz, de Joaquina de Vera; Las cartas, de Caterina Albert (que firmaba como Víctor Catalá); y La suerte, de Emilia Pardo Bazán.

De esta última, la más popular de la tripleta, hace nada conmemoramos su centenario. A toro pasado, la CNTC le hace un guiño. La suerte, estrenada en el Teatro de la Princesa de Madrid en 1904 y que ahora dirige Júlia Barceló, reflexiona sobre la fortuna y sus caprichos. La protagonista es una buscadora de oro que custodia un saquito del preciado mineral. Ella lo ve como una garantía ante un porvenir poco prometedor pero, a la vez, tal pertenencia agranda su avaricia. Algo que Barceló justifica: “Si el destino decide que tu vida transcurra a orillas de los cañones del río Sil, en una casa humilde y con un futuro gris, es muy razonable que inviertas tus fuerzas y juventud en buscar el poco oro que pueda surgir de entre las arenillas”.

Es el determinismo social, que marcó, por otro lado, a la autora catalana Caterina Albert. Una sociedad que no asimilaba bien el sexo femenino en literatura le empujó a trocar su identidad mediante un pseudónimo masculino con el que publicó Las cartas, monólogo que, según su directora, María Prado, “destila comedia y violencia”. Lo escribió en 1899 pero no subió al escenario hasta 1967. Albert había muerto un año antes. “Hemos querido ahondar en el juego de múltiples capas de ficción que propone (un actor presenta al personaje de Madrona, que relata a su vez sus experiencias citando y ‘representando’ a los que aparecen en ellas)”, apunta Prado, que destaca también la modernidad del texto por su difusa frontera entre realidad y ficción, persona y personaje. “Más que un monólogo, hemos querido tratar la obra como un intento desesperado de diálogo de Madrona con el público, que pasa por ser un extraño, un confidente, un confesor, y un juez”.

Sin esas pretensiones psicologistas, se presenta a su vez El disfraz, un sainete de origen francés (el autor no se ha podido identificar) que trasvasó a nuestra lengua la jienense Joaquina de Vera. Actriz secundaria, que llegó a actuar en Una vieja de Bretón de los Herreros, se especializó en esta práctica de adaptar o versionar el patrimonio dramatúrgico galo. Fueron piezas que se publicaron en la década de 1830. De El disfraz solo hay constancia de una representación: en el Teatro Variedades el año 1847. “Casi 180 años después”, señala Íñigo Rodríguez-Claro, artífice de la puesta en escena, “desplegamos su talento, su finísimo olfato teatral y el espíritu lúdico que desborda sus textos”.