Image: Dudamel tutea a Wagner en España

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Escenarios

Dudamel tutea a Wagner en España

16 enero, 2015 01:00

Gustavo Dudamel en el Palau de la Música Catalana en abril del pasado año. Foto: A. Bofill.

Cuarenta años después de que los primeros niños empezaran a pedalear con el "Sistema" de José Antonio Abreu, uno de sus máximos deudores, Gustavo Dudamel, recala en nuestro país con la Orquesta Simón Bolívar para enfrentarse a la obra de Wagner. El maestro venezolano, director de formaciones como la Filarmónica de Los Ángeles, despliega en Madrid, Valencia y Barcelona La cabalgata de las valquirias, La muerte de Sigfrido...

Gustavo Dudamel cree que ha llegado el momento de tutear a Wagner. Le deslumbró la experiencia de escuchar Tristán e Isolda en París (Gergiev) en la temporada de 2005. Y buscó consejo en la persona de Daniel Barenboim, aunque el periodo de maduración ha supuesto una cautela de diez años. Y ha producido un resultado fragmentario, pues el último disco del maestro venezolano y la gira europea que recala en Barcelona (viernes, 16, y sábado,17), Valencia (19) y Madrid (20) representan una especie de "clasicos wagnerianos", que incluye tanto La cabalgata de las valquirias como La muerte de Sigfrido.

Está "iniciándose" Dudamel. Está familiarizándose con el gigantismo wagneriano. Y está implicando en el viaje lisérgico a las huestes de la Orquesta Simón Bolívar, expresión absoluta, propagandística, de la cultura venezolana y demostración no menos evidente de la pujanza del ‘Sistema', precisamente 40 años después de haberse reclutado los primeros niños. Niños que se iniciaron en la música por iniciativa de un proyecto social cuyo ideólogo y visionario, José Antonio Abreu, ha localizado en el Caribe su gigante revolución.

Fue en 1975 cuando reunió a 11 chavales desahuciados en un garaje de Caracas. Se trataba de redimirlos con un instrumento musical, aunque era imposible imaginar entonces que esta experiencia embrionaria incitaría cuatro décadas después la adhesión de 600.000 alumnos. Incluido, claro, Gustavo Dudamel, cuya lealtad y devoción al Sistema explica su liderazgo en la gira europea de la Bolívar (Londres, Bruselas, París...).

Es el lugarteniente, cuando no el comandante en jefe del Sistema. De hecho, las obligaciones profesionales de Dudamel con su orquesta principal, la Filarmónica de Los Ángeles, y su abrumadora agenda con las mejores agrupaciones del planeta, nunca le han distraído de su vinculación a la Simón Bolívar ni de su significación explícita en un proyecto de Estado.

Tanto es así, que el presidente Maduro le ha encargado a Frank Ghery, autor del Guggenheim, la construcción de un auditorio mayúsculo en la ciudad de Barquisimeto. Que es donde nació Gustavo Dudamel hace 33 años. Y donde ahora se le va a recompensar con una sala dedicada a su figura.

Se trata de la enésima prueba de la precocidad del joven maestro, pero también es cierto que la lealtad incondicional de Dudamel a Maduro, tan evidente como la que mantuvo con Chávez, le convierte en una figura polémica para quienes le reprochan haberse dejado politizar. Y para quienes observan al prodigio como un "artista del pueblo".

También lo había sido la pianista Gabriela Montero. Venezolana, como Dudamel. Y exponente del Sistema, como su compatriota, pero la represión del Gobierno de Maduro en la primavera de 2014 la indignó de tal manera que denunció en su cuenta de Facebook la degradación moral y social de la patria. "La música no salvó al Titanic", escribía Montero. "Venezuela se hunde y el Sistema se hundirá con él. Música, ambición y fama no valen nada al lado del sufrimiento humano".

El desahogo apuntaba a la complicidad de Dudamel. Y le urgía a retratarse. Hubo una respuesta, en efecto, en las páginas de Los Ángeles Times, pero se produjo en unos términos de tibieza -"soy un artista, no un político"- con los que el maestro destacaba su compromiso incondicional hacia la "misión" cultural. Semejante especulación contradecía su compadreo con Maduro el pasado mes de diciembre. Juntos anunciaban la creación del Centro de Acción Nacional por la Música, inquietante enunciado que demuestra las connotaciones propagandísticas y que denotan hasta qué extremos el presidente Maduro, como hizo Chávez, se ha apropiado del Sistema.

Se explica así que Dudamel sea un héroe nacional, aunque sus ambiciones personales, por otro lado legítimas, apuntan inequívocamente a la sucesión de Simon Rattle en la Filarmónica de Berlín, con más razón después de haber trascendido que el director británico termina su "mandato" en 2018. Un año después, Dudamel finaliza su contrato californiano, sabiendo, como sabe, que forma parte de los directores predilectos de los berliner, por su talento musical, su pegada mediática y sus equivalentes aportaciones mercadotécnicas.

Quizá el problema sea la edad. Cumpliría 37 años en la fecha del traspaso de poderes, de tal forma que el precedente de Rattle y hasta las similitudes con el director británico en cuestiones de precocidad y de simpatía universal podrían favorecer la llegada de la alternativa más sensata, incluso natural: Christian Thielemann. Y no sólo por los méritos artísticos del candidato. También por el pasaporte. Sorprenda o no, la eminente orquesta germana no ha contratado a un director titular alemán desde que Furtwängler reasumió el puesto entre 1952 y 1954.

Hay pues razones históricas, patrimoniales y musicales en favor de Thielemann, pero Dudamel podría asumir el cargo por todos esos valores coyunturales -una imagen, un carisma, un liderazgo, un aire nuevo de Latinoamérica- que se añaden a su instinto musical y a su periodo de madurez, incluso de mutación escénica. En cierto modo, Dudamel representaba el arquetipo del director del siglo XXI en cuanto a simpatía, "buen rollo" con los músicos, aptitudes de telepredicador con la audiencia y derrochador de energía. Requería ese papel una cierta sobreactuación, pero los últimos conciertos y las conquistas del repertorio han servido de ocasión para observarlo mucho más sereno y contenido.

Necesitaba evolucionar, sobrepasar la novedad y la apología de la juventud. La crítica ha vapuleado su último disco de Mahler (Séptima sinfonía) puede que con excesiva crueldad, pero el ejemplo demuestra que a Dudamel se le empieza a juzgar sin el entusiasmo incondicional de antaño, razón por la cual la música de Wagner que interpretará en España, amén de la Quinta de Beethoven, indican un nuevo camino que relaciona de extremo a extremo Barquisimeto con Berlín.