Image: El bebop redentor de Thelonious Monk

Image: El bebop redentor de Thelonious Monk

Escenarios

El bebop redentor de Thelonious Monk

24 octubre, 2014 02:00

El aullido de Josse de Pauw, un todoterreno de la escena. Fot. Kurt Van Der Elst.

Una mala racha estuvo a punto de alejar definitivamente de las tablas a Josse De Pauw. Tras agitar durante las últimas décadas la escena belga, una de las más vanguardistas del continente (ahí están Platel, Fabre, Vandekeybus...), cayó en una atonía creativa. El desplome lo agravó la diabetes que le diagnosticaron. "No es algo dramático, ya, pero fue un shock saber que el cuerpo del que me había valido a lo largo de mi carrera estaba flaqueando", explica el actor y director a El Cultural.

De Pauw consiguió salir del bache, impulsado por An Old Monk, obra producida por LOD music theatre y el Theatre Vidy-Laussane con la que llega el jueves (30) a los Teatros del Canal, dentro del Festival de Otoño a Primavera. En su renacimiento, Thelonious Monk, el sacerdote del jazz moderno, jugó un papel crucial: "Decidí trasladar mi turbación al escenario y le pedí al pianista Kris Defoort que me acompañara en el viaje. Estábamos buscando una base musical sobre la que trabajar. Y apareció Monk. Sus piezas siempre arrancan con una simple melodía y luego siguen su propio camino".

Esa espontaneidad les balizó el avance. Tenían una estructura que emular: "Escribí un texto que resume las tres etapas vitales del hombre: juventud, edad adulta y vejez. O sea, una melodía simple que todo el mundo puede tararear. El trío de Defoort toca a su vez los temas de Monk y las del propio Kris. Los cuatro confluimos y avanzamos sobre la marcha".

Cierto: no hay una representación idéntica a la otra. El repertorio de Monk varía en función de las vibraciones puntuales de cada comparecencia. "Hay unas canciones fijas: Crepuscule with Nelly, Round Midnight... Pero la mayoría surgen improvisadamente, dejándonos llevar", anuncia. De Pauw ha confeccionado así un collage en el que convergen diversas disciplinas. Una muestra de su talante y talento todoterreno: se arranca con el baile, perora como un conferenciante o sermonea como un monje... También se proyectan imágenes de él desnudo con un toque arty impuesto por Bennoît van Innis... "Para mí todo esto no es otra cosa que teatro, entendido en un sentido amplio y diverso, que es el que yo defiendo".

Con esa combinación de géneros De Pauw desarrolla una parábola sobre las muescas que deja el paso del tiempo en las personas. No es un biopic escénico del músico pero su bebop marca el ritmo y establece la atmósfera del tránsito vital que refleja su obra. "Monk era a la vez sombrío y alegre. Triste y lleno de humor. ¡Como la vida misma!", comenta De Pauw. Esos contrastes tensan todo el montaje, en el que se entreveran las fases expansivas y trepidantes con las de introspección y recogimiento.

Pulsión ascética

La alternancia de estados representa otro paralelismo con el jazzman neoyorquino. En el reverso de su faceta pública, habitaba una pulsión ascética. Monk (monje en inglés, de ahí el juego de palabras del título) buscaba la clausura monástica. "Vivía en su mundo. Atrapado en su propia soledad". An Old Monk evita, sin embargo, el hundimiento anímico. Tras sortear esos bajíos, la obra resurge para descargar sobre el público un chute de energía. Un invitación a abandonarse al baile. Pura redención.