Midori Francis, en 'Insaciable'
'Insaciable' es la nueva 'La sustancia': Presión estética, posesión bulímica
Una película absorbente que denuncia la presión estética a través del terror.
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Insaciable llega a nuestras pantallas con el viento a favor de un conjunto de obras recientes que han abrazado la denuncia contra la presión estética que experimentan las mujeres desde tiempos inmemoriales.
Cuando la protagonista del filme, Hana –una joven estudiante de medicina angustiada por su supuesto sobrepeso–, recibe una misteriosa pastilla que promete un milagroso efecto adelgazante, resulta difícil no pensar en La sustancia (2024), la icónica película de Coralie Fargeat con la que Insaciable comparte el gusto por el terror corporal, las imágenes de impacto y un cierto aliento pop.
Luego, cuando el anhelado proceso de transformación física va destapando un trasfondo de amoralidad –Hana, gracias a su bagaje científico, descubrirá pronto que las pastillas que consume están hechas de cenizas humanas–, la película conecta con La hermanastra fea (2025), el otro gran referente contemporáneo del cine querellado contra la dictadura de la esbeltez. Como la cinta noruega que dirigió Emilie Blichfeldt, Insaciable subvierte los códigos de la fábula romántica, al tiempo que actualiza, como también hacía La sustancia, el sempiterno referente de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde.
Entre las virtudes de la australiana Insaciable –una obra que confirma el buen estado de salud del terror venido de nuestras antípodas–, cabe destacar la habilidad con la que la directora australiana-estadounidense Natalie Erika James (1990) rompe continuamente las expectativas del espectador.
En este sentido, lo que comienza como un retrato impresionista y subjetivo de un trastorno bulímico evoluciona, en primera instancia, hacia un sutil ejercicio de terror caníbal que colinda con la ciencia ficción de tintes quirúrgicos (David Cronenberg daría su aprobación al filme solo por la escena en la que una profesora de anatomía pronuncia uno de los mantras de la película: “Mortui vivos docent”: “Los muertos enseñan a los vivos”).
Pero cuando Insaciable parece acomodada en el horror más gráfico, la directora y guionista ejecuta una nueva pirueta narrativa que orienta el relato hacia la figura del “fantasma hambriento”, cuyo origen debe rastrearse en el folclore asiático y las tradiciones budista y taoísta. Este giro explica por qué la protagonista –interpretada con fiereza por la joven Midori Francis– es de descendencia japonesa.
Como contrapartida negativa, Insaciable abusa de unos efectistas bombardeos de chocantes planos detalle que remiten de forma directa al “montaje hip hop” que Darren Aronofsky puso de moda con Réquiem por un sueño (2000). Además, la sombra del director de La ballena (The Whale) (2022) aflora tanto en la vertiente más fustigante de Insaciable como en una débil y algo moralista subtrama familiar.
Midori Francis, en Insaciable
En todo caso, Natalie Erika James logra asordinar estos pequeños lastres para componer una película absorbente, que golpea la consciencia del espectador sin dejarse devorar por la denuncia explícita.
Insaciable
Dirección y guion: Natalie Erika James.
Intérpretes: Midori Francis, Danielle Macdonald, Madeleine Madden, Showko Showfukutei, Robert Taylor.
Año: 2026.
Estreno: 24 de julio