Willem Dafoe en 'El anfitrión'.

Willem Dafoe en 'El anfitrión'. A Contracorriente

Cine

'El anfitrión': Willem Dafoe domina con su carisma una sátira cruel sobre los poderosos

El cineasta español Miguel Ángel Jiménez censura la brutalidad de las élites.

Una película a medio camino entre la farsa y el drama sórdido.

Más información: Penélope Cruz y Javier Bardem competirán por el León de Oro en el Festival de Venecia con 'Búnker'

Publicada

Al pensar en un magnate griego del sector naviero en los años 70, es inevitable pensar en Aristóteles Onassis, quien llegó a ser uno de los hombres más ricos y famosos del mundo y se casó con Jacqueline Kennedy después del magnicidio del presidente de Estados Unidos.

Basada en una novela de Panos Karnezis titulada The Birthday Party, no publicada en España, El anfitrión está dirigida por el español Miguel Ángel Jiménez (Una ventana al mar) y cuenta con un reparto internacional encabezado de manera estelar por Willem Dafoe.

También aparecen numerosos actores españoles, como Emma Suárez, en el papel de exmujer del magnate; Carlos Cuevas, como un antiguo novio de la hija, o Francesc Garrido, como un aristócrata español franquista y corrupto.

La película transcurre durante la fiesta del 25.º cumpleaños de la hija de Markos Timoleon (Dafoe), celebrada en una isla privada. Es una celebración de lujo, placeres y, por supuesto, negocios, reflejo de una vida llena de éxitos, pero también marcada por la temprana muerte del hijo y heredero, enterrado en la misma isla. Su tumba anuncia que la suya fue una "vida de promesas incumplidas".

Ambientada a mediados de los 70 —en un momento se nos anuncia que estamos en los estertores del franquismo—, la fiesta es, como no podía ser de otra manera, un nido de víboras.

Por allí deambulan ese marqués con ganas de hacer negocios turbios en Marruecos, un biógrafo del magnate con intenciones ambiguas y una exmujer que sigue enamorada y que no se ha alejado demasiado de la familia.

El drama se estructura en torno a la figura de la hija (Victoria Carmen Sonne), convertida en la gran heredera tras la muerte del primogénito. Lleva una vida disipada que el padre, obviamente, desaprueba, pero lo peor del asunto es que se ha quedado embarazada. El magnate ha montado un quirófano en la mansión y contratado a unos médicos para que le practiquen un aborto contra su voluntad.

Los males de los ricos

Willem Dafoe es uno de los mejores actores del mundo y El anfitrión está concebida para su absoluto lucimiento. Como buen magnate, su personaje da órdenes, se enfada, gestiona millones mientras toma el café y disfruta de su poder. Pero no solo eso: Dafoe también canta, baila y protagoniza una escena de alto voltaje emocional con su hija en la que saca a relucir todas sus dotes de manipulación.

Dafoe domina el filme con su carisma, pero por momentos da la impresión de que el director está demasiado deslumbrado por su estrella y olvida que el personaje que interpreta no es, precisamente, admirable por sus acciones.

Al pensar en una fiesta de la clase alta encerrada en un espacio —en este caso, una isla griega—, es inevitable recordar El ángel exterminador, la obra maestra de Buñuel sobre unos burgueses mexicanos que no pueden salir de un suntuoso salón, donde acaban malviviendo en condiciones insalubres e inhumanas.

Fotograma de 'El anfitrión'.

Fotograma de 'El anfitrión'. A Contracorriente.

Aquí la cosa no llega a tanto: la fiesta solo dura una noche, pero se mantiene intacta la voluntad de realizar una sátira mordaz sobre unas élites para las que, como dice Dafoe, "el dinero lo es todo". El duelo por la muerte del hijo humaniza a un personaje que, sin embargo, demuestra una brutalidad considerable en su voluntad de arrancar al bebé del vientre de su hija.

Las películas realizadas por equipos internacionales —hubo una época en la que se las llamaba europuddings— siempre han tenido cierta mala fama porque, en muchas ocasiones, aunque no siempre, perdían algo de personalidad para convertirse en productos paradójicamente demasiado estandarizados.

Su narrativa universal y convencional les restaba aquello que siempre le ha quedado al cine europeo frente a la maquinaria hollywoodiense: la personalidad.

Algo de ese mal hay en un filme cuyos personajes son griegos, pero hablan en inglés, y en el que la presencia de tantos invitados españoles parece justificarse más por necesidades de producción que narrativas.

Lo cual no impide que Dafoe esté magnífico en algunos momentos, que la película, por lo general, esté bien contada y que consiga que nos creamos la atrocidad que estamos viendo sin caer en un panfleto sobre la "maldad de los ricos".