Víctor Prieto y Osvaldo Sánchez, en 'En el camino'
David Pablos estrena 'En el camino': “El desnudo masculino asusta más que el femenino”
El cineasta mexicano elabora algunas de las escenas de sexo más crudas y valientes de los últimos tiempos, rompiendo tabúes.
El filme mezcla el drama 'queer', el 'thriller' de narcos y la 'road movie' para hablar de dos seres rotos.
Más información: 'Elle': una rubia muy legal, pero sin la chispa de Reese Witherspoon
David Pablos (Tijuana, 1983) atiende a El Cultural todavía con jet lag tras aterrizar en Madrid la noche anterior, pero feliz por la victoria de México frente a Ecuador de madrugada en los dieciseisavos de final del Mundial. “Mi país ha vivido una catarsis y una gran unión con estos triunfos, algo que es hermoso de ver”.
Pregunta. ¿Cree que la organización de este torneo puede ser un punto de inflexión?
Respuesta. Me temo que no es más que una tregua. Se extenderá hasta que México siga ganando y después todo volverá a ser igual.
Pocos días después, Inglaterra asaltaba el Azteca y acababa con ese impasse en el que los mexicanos han podido olvidar algunos de los problemas que llevan décadas azotando al país, como la desigualdad, la corrupción y la violencia. Muchos de ellos se reflejan en En el camino, en donde Pablos apunta al mundo de los traileros y las cachimbas, es decir, a los camioneros y sus áreas de descanso.
“Me parecía hermoso visualmente”, explica el cineasta mexicano. “Un tráiler es un gigante de acero, pero también un espacio muy íntimo, como un vientre que arropa y cobija a los personajes. Es un espacio seguro, entrañable, acogedor, aunque estén en medio de la noche en una carretera peligrosa. Son, además, extensiones de la personalidad de cada trailero”.
En este mundo, realmente precario y hostil, se introduce Veneno (Víctor Prieto), un joven homosexual en fuga de su pasado. Necesita que le lleven lejos, y, a cambio, tiene dos cosas para ofrecer: su cuerpo, para que los traileros alivien su soledad, y cocaína, para que estos aguanten las largas jornadas al volante.
Pronto, da con Muñeco (Osvaldo Sánchez), un camionero carismático que se ofrece a llevarle a su destino, con la idea de vender el alijo de polvo blanco que Veneno lleva en la maleta. Pronto, se establece entre ellos una ambigua e inesperada intimidad.
P. ¿De dónde surgen estos personajes?
R. Cuando empecé a investigar este mundo, los personajes y los temas empezaron a caer por sí solos. Es un oficio muy masculino, por la inseguridad que genera la violencia del narco, y muy machista. Pero es muy común el sexo entre hombres, aunque no se hable de ello. Lo ven como una necesidad, como una manera de desfogarse físicamente y aliviar la tensión. Piensan que el homosexual es solo el pasivo, el que es penetrado. Así que era una oportunidad de explorar cómo se expresa la sexualidad masculina en contextos tan machistas.
Abandonos
P. Hay escenas de sexo muy gráficas entre hombres. ¿Cree que es algo que incomoda?
R. Sin duda. En el estreno de la película en Venecia tres viejitos se marcharon de la proyección. El desnudo masculino asusta mucho más que el femenino, y es una consecuencia del machismo. De hecho, hubo distribuidoras que nos pidieron cortar las erecciones para algunos territorios. Es un tema más delicado que la violencia que también retratamos.
P. ¿Cómo de importante ha sido ganar el premio a la mejor película de Orizzonti y el QueerLion en Venecia?
R. Fundamental. Mi agencia de ventas sabía desde el principio, precisamente por las escenas de las que hablábamos, que sería una película difícil de vender. Soñaban con un premio que nos abriera puertas, y lo logramos. En México ha impulsado la asistencia a las salas y llevamos ya un mes en cartelera, aunque también está funcionando el boca a boca.
P. Ha rodado en el entorno de Ciudad Juárez, que tiene fama de ser una de las ciudades más peligrosas del mundo…
R. Hace unos 10 años estaba considerada, de hecho, la ciudad más peligrosa del mundo. Ahora ya no es ni la más violenta de México, pero sigue siendo una ciudad muy complicada. Creo que para todos los miembros de mi equipo fue la experiencia más difícil que habían enfrentado. Juárez es muy rudo. En cualquier sitio el narco tiene halcones, desde niños que están plantados en la calle a viejitos que venden dulces. Estás siempre vigilado por los distintos cárteles.
»Fuimos muy cuidadosos, pero eso no nos eximió de tener algún incidente desagradable. Siempre hay una cierta tensión en el ambiente, que va desgastando. Para la quinta semana había un cansancio físico y emocional tremendo. Pero amo Juárez, estoy enamorado de ella.
David Pablos
P. ¿Puede hablar de los incidentes que vivieron con el narco?
R. Uno de ellos ocurrió en la localización que nos parecía más segura, en una zona residencial de clase media. Justo al lado había una casa de seguridad de un grupo de sicarios, que en ese momento estaban muy drogados. A uno de ellos se le cayó un celular y culparon a un miembro del equipo de haberlo agarrado. Otra persona intentó mediar para calmar la situación, pero los sicarios se pusieron más nerviosos y acabaron llevándoselo y lo retuvieron durante varias horas a punta de pistola. La situación se resolvió finalmente gracias a la intervención del jefe de la policía de Juárez.
»Aun así, las amenazas fueron muy serias: dijeron que nos iban a matar a todos y que enviarían nuestros cuerpos en ataúdes a Ciudad de México. La persona que había sido retenida, con toda razón, decidió abandonar el proyecto: llegó al hotel, recogió sus cosas y se fue directamente al aeropuerto. No volvió. Esa escena resume muy bien lo que es Juárez: la violencia está presente en todas partes, en cualquier momento.
P. ¿Diría que el riesgo ha merecido la pena?
R. Sí, Juárez trasciende la pantalla. Y es gracias a su gente, a los espacios donde filmamos, a la vida de esos lugares… Cada uno de los rostros cuenta una historia y te pone en contexto, son todos contundentes.
P. El único actor profesional del filme es Osvaldo Sánchez, que interpreta a Muñeco. ¿Por qué se decidió por él?
R. Yo quería hacer la película con actores naturales puros. Hice un casting para el papel de Muñeco y llegué a tener dos opciones claras. El primero era un gran actor en potencia, pero lo metieron en la cárcel por robar en una tienda y allí se enganchó al cristal. Al segundo lo encontré en Ciudad de México haciendo ejercicio al aire libre.
»Era un joven con una gran capacidad de escucha y una cara tremenda, pero resultó que estaba también enganchado al cristal. Era un adicto funcional, así que lo confrontamos y lo admitió. Yo ya lo había elegido, pero me entraron mil dudas, morales y de todo tipo. Pero, de repente, desapareció, nunca lo volvimos a ver.
»Después de esta segunda experiencia decidí apostar por un actor profesional y Osvaldo ha ayudado a generar los lazos adecuados entre todos los elementos del filme.