Sonia Almarcha y Manolo Solo en 'A la cara'.
'A la cara', la película que enfrenta a un 'hater' con su víctima: "Las redes sociales amplifican el odio"
Javier Marco relata el duelo de una presentadora famosa de televisión que, mientras lidia con el intento de suicidio de su hija, decide confrontar en persona a su 'hater'.
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¿Diríamos “a la cara” las barbaridades que algunos escriben por redes sociales? Sin duda, resulta mucho más fácil insultar o humillar hasta extremos insoportables desde X o Instagram que en persona. El problema es que esos mensajes van dirigidos a personas reales, con sentimientos reales.
En A la cara vemos la sorpresa de Pedro (Manolo Solo), un tipo divorciado y cascarrabias, cuando abre la puerta de su casa y se encuentra frente a frente con Lina (Sonia Almarcha), una famosa presentadora de televisión a la que ha insultado en redes sociales con enorme crueldad. La tensión emocional es todavía mayor porque la estrella televisiva atraviesa una crisis personal devastadora: su hija ha intentado suicidarse y permanece conectada a una máquina en la UCI mientras ella debe decidir si firma el consentimiento para desconectarla.
Todo ello configura el centro dramático de una película austera y muy apoyada en los actores, donde el inesperado encuentro entre un trabajador amargado de un club de golf y una mujer famosa, rica y emocionalmente destruida se convierte en el motor absoluto del relato. ¿Será capaz Pedro de decirle “a la cara” las mismas barbaridades que escribió protegido tras una pantalla?
Javier Marco (Alicante, 1981), ganador del Goya por el cortometraje homónimo de 2021 y director de Josefina (2021), vuelve a construir una película basada casi por completo en la intimidad emocional de sus personajes.
Explica el cineasta: “Nos interesaba contar cómo dos personas aparentemente tan distintas terminan descubriendo que son un espejo la una de la otra. No queríamos hacer una película de buenos y malos, sino de personajes heridos. La película parte del odio, pero quería evolucionar hacia algo más humano y esperanzador. Nos interesaba mucho hablar de la posibilidad de encuentro entre dos personas enfrentadas”.
La película no construye un misterio alrededor del famoso mensaje ofensivo —que se revela muy pronto y resulta brutal— sino alrededor del deterioro emocional de sus protagonistas. Ambos son personajes que, desde lugares completamente distintos, han terminado endureciéndose y perdiendo progresivamente la empatía: ella arrastrada por la vorágine de la fama y la televisión; él consumido por la rutina, el fracaso sentimental y el resentimiento. Aunque Marco introduce un matiz importante: “Pedro busca desesperadamente visibilidad mientras Lina solo quiere desaparecer”.
La película también reflexiona sobre cómo las redes sociales han alterado la forma en la que nos relacionamos con el dolor ajeno. “El odio ha existido siempre, pero las redes sociales lo amplifican y aceleran. Cuando tenemos una pantalla de por medio nos comportamos de una manera muy diferente”, sostiene el director.
En el caso de Lina, el comentario de Pedro resulta especialmente devastador porque llega en el peor momento imaginable. El personaje es además profundamente contradictorio: una presentadora que ha hecho de la polémica y la confrontación parte de su identidad pública pero que, cuando la tragedia golpea su propia vida, descubre toda la violencia que puede esconderse detrás de esa exposición constante.
“Hay comentarios que te destrozan dependiendo del momento vital en el que te llegan, pero si realmente viéramos el dolor que causamos en los ojos de la otra persona, seguramente nos pensaríamos dos veces escribir ciertos mensajes”, afirma Marco.
La protagonista no solo decide buscar a su hater: también acaba refugiándose en su casa mientras huye tanto de los medios de comunicación como de la insoportable decisión sobre la vida de su hija. Explica el director: “Lina está completamente vacía emocionalmente y busca sentir algo, aunque sea a través del conflicto. Ella va a buscarle porque piensa que él tiene un poco de razón”.
Manolo Solo en 'A la cara'.
Frente a ella aparece Pedro, una figura que representa una de las expresiones más incómodas de nuestro tiempo: el hater digital que encuentra en internet una vía para canalizar su frustración y su necesidad de reconocimiento.
Sin embargo, Marco evita convertirlo en un simple monstruo moral. “Nos interesaba entender por qué alguien acaba convirtiéndose en un hater. El personaje de Pedro solo siente que pertenece a una comunidad cuando está en redes sociales soltando odio. Creo que muchas veces reaccionamos demasiado rápido y pensamos que conocemos perfectamente a la persona que está al otro lado cuando en realidad no sabemos nada de su vida”.
Aunque el daño que provoca es real, también lo es la profunda soledad del personaje. “Pedro se siente vivo cuando recibe atención en redes sociales. Cada vez que lanza odio obtiene más seguidores y eso le refuerza. Queríamos entender esa necesidad de pertenencia que puede esconderse detrás del odio. Creo que las relaciones hoy son más superficiales porque vivimos permanentemente distraídos. Cuando realmente escuchas al otro cara a cara, la empatía vuelve. La película habla mucho de la necesidad de ser escuchado”.