Carlo Padial. Foto: Cecilia Diaz Betz

Carlo Padial. Foto: Cecilia Diaz Betz

Cine

Carlo Padial estrena 'Pizza Movies': “Me sorprende que el cine sea hoy tan cínico y feo”

El director de 'Algo muy gordo' y de la serie 'Doctor Portuondo' regresa con 'Pizza Movies', una comedia delirante sobre una pareja hastiada con la vida que decide dejarlo todo para montar una pizzería temática.

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“Una comedia sobre una pareja que se quiere es algo subversivo en estos momentos, casi un gesto punk”, afirma Carlo Padial (Barcelona, 1977). El director aborda en su nueva película, Pizza Movies, la historia de Thais (Judit Martín) y Alan (Berto Romero), una pareja de cuarentones a los que la vida no está tratando demasiado bien.

Tienen un familiar con demencia, un hijo con autismo, una adicción al ibuprofeno y una deprimente vida laboral: él, con vocación artística, se ha acomodado en una agencia de publicidad que no le motiva; ella navega la precariedad en una profesión decadente como la crítica de cine. Ante tal panorama, una idea se introduce en el cerebro de Thais: montar una pizzería. El problema es que no tienen dinero ni saben nada del tema, pero lo importante es que están dispuestos a afrontar la empresa juntos.

Con esta premisa, Padial levanta una disparatada película, que sirve de metáfora de la industria audiovisual, con la que sigue ahondando en ese humor absurdo e incómodo de sus anteriores trabajos –Mi loco Erasmus (2012), Algo muy gordo (2017), Vosotros sois mi película (2019)–, pero ahora introduciendo ternura a la receta.

“Me sorprende que el cine contemporáneo sea tan cínico y feo, sin que por ello deje de ser muchas veces genial”, apunta el director. “Las parejas se odian, se engañan… Es raro que no se ponga en cuestión la relación a mitad de la cinta”.

Pregunta. ¿Cuál fue el origen de Pizza Movies?

Respuesta. En los últimos tiempos me he dado cuenta de que la gente de una edad parecida a la mía está fatal. Creo que tiene que ver con el covid, con lo increíblemente grave que fue. Me da la impresión de que hemos entrado en una especie de variante del tiempo extraña e inesperada, donde todo el mundo está muy cansado, muy estresado y muy frustrado. Y en el mundo cultural ya es un disparate, la pérdida de valor, de propósito, de sentido. Por eso, me parecía muy interesante hacer una comedia al estilo Capra que tocara esa especie de crisis profunda que tiene todo el mundo.

P. ¿Cómo surge el argumento?

R. Yo comparto mi vida con Desirée de Fez, que es crítica de cine, programadora de festivales y escritora. Y en ella veía una personificación de todos estos problemas, pero muy divertida porque los dos nos tomamos las cosas con humor. A veces no tenemos claro si nuestra vida es una sitcom, un slapstick o una obra de teatro absurdo de Ionesco.

»Ella, en cualquier caso, siempre está muy harta de su profesión, dice que el periodismo cinematográfico se ha devaluado mucho y que un día lo va a dejar para abrir una pizzería. Lo cual es un disparate porque a ella nunca la he visto comer pizza, es vegetariana, y además somos dos personas que no sabemos hacer nada. Cuando se funde una bombilla en una habitación, dejamos de entrar en ella.

Ibuprofeno como bálsamo

P. ¿Cómo afila esa percepción de lo cotidiano para sacarle punta en sus películas?

R. El monologuista George Carlin, que es una de mis grandes influencias, decía que el humorista es aquel que señala aquello que habías olvidado en una habitación. Que tomemos ibuprofeno todos los días como si fuese un bálsamo psicológico, si lo piensas, es muy raro. En definitiva, esa es mi misión, señalar las incongruencias de la sociedad en forma de bromas.

P. ¿Buscaba conectar con más público?

R. De todos los proyectos que he hecho este es sin duda el más abierto, el más accesible en el mejor sentido. Ahí tiene que ver mucho Desirée, que es coautora del guion y que es una persona con una sensibilidad pop increíble. Pero también Berto Romero, Judit Matín, Joaquín Reyes, Bruna Cusí… Entre todos han llevado el material a una zona muy feliz donde no dejas a nadie fuera.

»Doctor Portuondo, mi serie de Filmin, ya tenía una barrera de entrada muy loca, porque en España a nadie le importa el psicoanálisis. Algo muy gordo es una película rota, que se presenta ya como un making of completo. Quizá tenían un tono más hermético e intelectualizado y un humor más cerrado y cerebral que se lo ponía difícil al espectador. Creo que, a medida que me hago mayor, me empieza a interesar que esas barreras caigan.

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P. Judit Martin es el gran descubrimiento del filme. ¿Por qué se decidió por ella?

R. Judit es como una sorpresa para el cine español, pero en Cataluña es muy conocida. Tuve la suerte de tenerla con Berto en Doctor Portuondo y ya ahí decidí que quería hacer una comedia con ambos, porque tenían una química brutal. Vienen de la escuela de los superdotados para el humor que han tenido que pasar por el gimnasio muy loco de la radio y la televisión diaria, que es algo que te hace desarrollar una velocidad muy potente, y ese era un músculo que era interesante explorar en el cine. Es una pareja cómica que parece que lleva diez películas trabajando juntos, como Gene Wilder y Gilda Randner o Walter Matthau y Jack Lemmon.

P. ¿Cuánto espacio tuvieron para improvisar?

R. Teníamos un guion cerrado con diálogos convencionales, pero volvimos al tratamiento inicial para dejarles espacio a Berto y Judit para que pudieran crear los diálogos dentro de la escena, aunque de manera muy pautada. Esto genera muchos malentendidos, porque la gente piensa que como son muy graciosos con decir acción ya aparece la magia. Pero si lo haces así, sale un churro.

P. ¿Cómo fue trabajar con los críticos de cine?

R. Son increíbles, gente muy pintoresca, muy de verdad. Salen Phillipe Engel, Pere Vall, Fausto Fernández… La figura del crítico define mucho a las ciudades. Para mí Barcelona es ver a Pere Vall con una bolsa con blu-rays, con la camiseta desgastada de una distribuidora y encima una americana. Y me emociona y me divierte su estajanovismo hacia el cine, su capacidad de ver sin fin, y cómo la pérdida de relevancia del cine les ha dejado un poco descolocados.

»Me encantaría dedicarles un documental. Por ejemplo, ahora que se van a Cannes y comparten piso con 60 años en régimen de camas calientes, comiendo doritos…

P. ¿La puesta en marcha de la pizzería era una metáfora sobre un rodaje?

R. La historia de estos personajes montando una pizzería en una dark kitchen cochambrosa y chuchurría es una metáfora de lo que es hacer cine en España. Es como: “pero esto, ¿para qué?, ¿qué estamos haciendo?”. Y, luego, no entender las reacciones, como les pasa a los personajes, esa alternancia de entusiasmo y rechazo. Es totalmente así.