Jackson Yee, en un momento de 'Resurrection'
'Resurrection': la Historia portátil del cine chino que revolucionó el Festival de Cannes
La ambición estética y el influjo poético del cineasta chino Bi Gan resurge con más fuerza en una película que se propone recapitular la historia del cine a través de una fábula surrealista.
Más información: 'La risa y la navaja': una mirada alternativa y extraordinaria al pasado colonial portugués
Desde la aparición, a finales de la década de 1990, de Jia Zhang-ke –que se convertiría en el principal cronista de la transición china a la economía de mercado global–, el cine del gigante asiático no había encontrado a otro director que, en el ámbito de la ficción, pudiera rivalizar con el autor de Naturaleza muerta (2006) en cuanto a vigor artístico y prestigio internacional. Una búsqueda de relevo generacional que se vio truncada en 2017 por el suicidio del novelista y cineasta Hu Bo, que deslumbró de forma póstuma con An Elephant Sitting Still (2018).
En este contexto de relativo vacío y desconcierto, surgió la figura de Bi Gan, nacido en 1989 en Kaili, al sureste del país, y autor de una obra marcadamente formalista e interesada por el tránsito entre diferentes esferas espaciales y temporales. Su ópera prima, Kaili Blues (2015), retrataba, a través de la experiencia al borde de lo onírico de un médico rural, la sensación de estar estancado en el tiempo, mientras que Largo viaje hacia la noche (2018) transitaba por la memoria de otro habitante de Kaili, y terminaba sumergiéndose en un intricado plano secuencia de una hora filmado en 3D.
La ambición estética y el influjo poético de las anteriores películas de Bi Gan resurge con más fuerza si cabe en Resurrection, que se propone recapitular la historia del cine a través de una fábula surrealista. En un futuro cercano, en el que la gente ha perdido la habilidad de soñar, un monstruo, o quizá un fantasma, decide recorrer el siglo XX a través de los relatos e imágenes del séptimo arte.
Apostando por un discurso lírico y alegórico –Bi Gan decidió que quería ser cineasta tras descubrir Stalker (1979) de Andréi Tarkovski–, Resurrection encadena cinco historias conectadas con los cinco sentidos. La primera (centrada en la vista) evoca el cine mudo y contiene guiños al expresionismo alemán y a Vértigo (1958); la segunda (oído) es una ficción noir coronada por un tiroteo que remite a La dama de Shanghai (1947); la tercera (gusto) es un cuento folclórico que transcurre en un templo budista; la cuarta (olfato) funciona como un drama intimista entre un padre y una hija; y la quinta (tacto), ambientada en la última noche de 1999, está protagonizada por una vampira que parece salida de una película de Wong Kar-wai.
A medio camino entre la oda y la elegía al arte cinematográfico, Resurrection corre el riesgo de quedar varada en una nostalgia de aliento devocional. Sin embargo, Bi Gan logra insuflar un aura contemporánea a su gran mausoleo fílmico; una vitalidad que emerge de la cara más lúdica del juego de máscaras que propone el filme.
Como hiciera Denis Lavant en Holy Motors (2012) de Leos Carax, aquí el actor Jackson Yee va transformando su apariencia para dar vida a los diferentes avatares del “monstruo”. Una brillante tarea actoral que se complementa con la presencia magnética de la actriz Shu Qi, que con su encarnación de una mujer enviada para matar al protagonista trae a la memoria sus inolvidables apariciones en Millenium Mambo (2001) y La asesina (2015), ambas dirigidas por Hou Hsiao-hsien. Ingredientes gourmet para el memento mori cinéfilo definitivo.
Resurrection
Dirección y guion: Bi Gan. Intérpretes: Jackson Yee, Shu Qui, Mark Chao, Li Gengxi. Año: 2025. Estreno: 30 de abril