Denis Podalydès interpreta  a Maigret en la película de Pascal Bonitzer

Denis Podalydès interpreta a Maigret en la película de Pascal Bonitzer

Cine

'Maigret y la muerte del embajador': el comisario humanista de Simenon entra en el siglo XXI

Un elegante ejercicio de tradición y modernidad que reivindica al personaje como figura plenamente vigente.

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Desde que el comisario (o inspector, según la traducción) Maigret hiciera su aparición oficial en 1931, en la novela Pietr el Letón (a veces conocida en español como La banda de Pedro el Letón), el carismático personaje creado por Georges Simenon no nos ha abandonado. Aunque había sido esbozado en algunas obras anteriores del novelista belga, fue a partir de entonces cuando cobró inusitada popularidad internacional, a través de 75 novelas y 28 relatos, publicadas hasta 1972, e incontables adaptaciones radiofónicas, televisivas y, por supuesto, cinematográficas.

Jules Maigret, Maigret para los amigos, la familia y todo el mundo en general, se convirtió en la respuesta francobelga y europea a los arquetipos detectivescos anglosajones, en las antípodas tanto de Holmes o de su ficticio compatriota Poirot, como de Sam Spade, Marlowe y los duros policías e investigadores del hard boiled estadounidense.

La creación de Simenon vino a representar algo así como una ‘tercera vía’ en el género, donde a la primacía de la deducción y el juego intelectual de unos o de la violencia y el realismo de otros opuso una sobria determinación humanista. Un predominio de la psicología, el ambiente y la humanidad de sus personajes, donde Maigret se mueve de forma reflexiva, incisiva y aparentemente tranquila, absorbiendo la atmósfera que le rodea, conociendo a sospechosos, testigos y víctimas, penetrando en sus entresijos personales, morales y psicológicos, identificándose a veces con la mentalidad del asesino, hasta dar así con el culpable y la verdad de cada caso, entre vaso de cerveza, copa de calvados y guiso de venado. Maigret nunca “deduce”, nunca “piensa”, según él mismo afirma.

Simenon rodeó a su protagonista de un equipo fijo de colaboradores, donde destaca siempre el sanchopanzesco Janvier; supo describir con realismo (a veces algo impostado) el trabajo policial cotidiano, trazó con pinceladas sutiles la vida personal y familiar de Maigret (su esposa, sus amigos, la pérdida de una hija, sus gustos culinarios, sus viajes, sus obsesiones...) y, en general, sentó las bases de una forma de ejercer el relato policial netamente europea, que han heredado los mejores y los peores autores del nordic noir, con personajes como el Martin Beck de los pioneros Maj Sjöwall y Per Wahlöö (bien) o el Wallander de Henning Mankell (regular), con la diferencia de que aquello que hacía espléndidamente Simenon en poco más de cien páginas a ellos les lleva cuatrocientas, de las que suelen sobrar doscientas.

Más simpática resulta su peculiar iteración ibérica: el Plinio de García Pavón, que traslada algo del método y estilo del parisino Maigret al ambiente pueblerino de Tomelloso, con notable éxito y personalidad. Su alargada sombra se proyecta también sobre personajes televisivos como el alemán Der Kommissar (1969-1976) –canción de Falco incluida– o el español El comisario (1999-2009).

Doce rostros

En cine, Maigret ha conocido no menos de doce rostros diferentes, entre ellos, los de Albert Préjean, que lo encarnó en tres ocasiones; Charles Laughton, que lo hizo en una; Jean Gabin, en otras tres, y al que muchos consideran el perfecto Maigret; y así hasta llegar al protagonista de Maigret y la muerte del embajador, Denis Podalydès, tras el desastre protagonizado por Gerard Depardieu: la tristona, oscura y aburrida Maigret (2022), firmada por un Leconte en horas bajas. En televisión, hemos tenido adaptaciones no sólo francesas, sino también estadounidenses, italianas, británicas (sorprendente Rowan Atkinson), canadienses, rusas y hasta japonesas.

Después del fracaso de Leconte, Pascal Bonitzer, que ya actualizara a la francesa a la mismísima Agatha Christie con Le grand alibi (2008), algo que a nuestros vecinos se les da muy bien (véase la serie Los pequeños asesinatos de Agatha Christie en sus distintas variantes), ha decidido algo curioso pero eficaz: llevar a Maigret a los primeros años 2000, manteniéndose al tiempo fiel a la letra y el espíritu no solo del personaje, sino de la novela Maigret y los ancianos (1960), en la que basa su película.

Bonitzer sabe que Maigret no funcionaría en un mundo global, digital y virtual, donde interrogatorios y búsquedas se hacen por zoom e internet (lo mismo que ha obligado a Jean-Christophe Grangé a convertirse en autor de thrillers históricos), por lo que le sitúa justo en la frontera final.

Denis Podalydès interpreta a Maigret en la película de Pascal Bonitzer

Denis Podalydès interpreta a Maigret en la película de Pascal Bonitzer

El resultado es ejemplar: un filme elegante, corto y conciso como la prosa de Simenon, que utiliza prácticamente sus mismos diálogos, pero añadiendo una coda final para sorpresa de quienes crean conocer la historia, que sin embargo encaja como un guante y recuerda irónicas conclusiones de otras novelas del personaje (como Maigret y el extraño vagabundo). Podalydès e Irène Jacob son el perfecto matrimonio Maigret, pero la pantalla se la comen dos mujeres, no precisamente jovencitas: Anne Alvaro, como la hierática e irritante Jacotte, y Dominique Reymond, como la hierática y estilosa princesa de Vuynes.

En definitiva, un Maigret nuevo y viejo a la vez, totalmente satisfactorio, digno de iniciar una nueva serie protagonizada por Podalydès y compañía.

Maigret y la muerte del embajador

Dirección y guion: Pascal Bonitzer.

Intérpretes: Denis Podalydès, Irène Jacob, Olivier Rabourdin, Anne Alvaro, Manuel Guillot, Dominique Reymond, Laurent Poitrenaux y Micha Lescot.

Año: 2026.

Estreno: 27 de abril