Mona Fastvold, durante el rodaje de la película. Foto: Searchlight Pictures
Mona Fastvold estrena 'El testamento de Ann Lee': “En Venecia, 15 hombres se fueron durante la escena del parto”
Aborda la historia de los Shakers, una secta del siglo XVIII que se entregaba a su fe en exuberantes ejercicios de canto y bailes. Tras 'The Brutalist', vuelve a formar dupla con Brady Corbet en la escritura, aunque ahora dirige ella.
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Cuando Mona Fastvold (Oslo, 1981) y Brady Corbet estaban poniendo el punto final a The Brutalist (B. Corbet, 2024), iniciaron la escritura de un largometraje que parecía en las antípodas, El testamento de Ann Lee. El matrimonio de guionistas y directores se despedía del arquitecto húngaro huido a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para desentrañar la vida de una líder religiosa inglesa del siglo XVIII en un musical.
La sorpresa llegó durante la campaña de promoción de la película para los Óscar. El proyecto que se traían entre manos conformaba en realidad un díptico con el drama que le procuró a Adrien Brody su segundo premio de la Academia. Ambos eran relatos sobre la experiencia migrante y reflejaban sus propias experiencias como artistas.
“Somos cineastas independientes constantemente en el brete de empujar una piedra hasta la cima de una colina”, establecía como paralelismo con sus antihéroes la autora noruega.
Hablamos con ella en la reciente Berlinale, donde ahondó en su crónica sobre la fundadora de los Shakers, una secta protestante que se autoimpuso el celibato y se entregaba a su fe en exuberantes y espasmódicos ejercicios de canto y de baile.
Pregunta. Esta propuesta camina sobre la cuerda floja. ¿Cómo equilibró su curiosidad intelectual con el retrato honesto de la devoción de
Ann Lee?
Respuesta. Fue un equilibrio difícil, la verdad. Hubo momentos durante el rodaje en que nos inclinábamos hacia el absurdo y lo disfrutábamos, resultaba divertido y cómico. Y luego hacíamos tomas más contenidas y sinceras. Amanda (Seyfried, la actriz que da vida a la protagonista) siempre me daba varias opciones en cuanto al tono. Después, en el montaje, llegamos a una armonía muy elaborada. Porque mi objetivo era presentar esta historia con una mentalidad abierta.
»No me estoy burlando de ellos. Pero a veces tienes que reírte de lo absurdo que era todo esto: rompían a cantar y a bailar como forma de adoración, en sus testamentos hablaban de ser poseídos, de que un dedo les señalaba el lugar donde construir su iglesia... Todo eso es completamente disparatado y gracioso, y debía serlo en la película.
»Al mismo tiempo, sus ideas sobre igualdad, empatía, justicia socioeconómica y comunidad son hermosas. Yo veo a Ann Lee como una feminista radical y también como una humanista. He querido mantenerme constantemente en ese punto intermedio.
¿Qué demonios acabo de ver?
P. ¿Cómo ha procesado esta dualidad el público?
R. Como hemos evitado decirles exactamente cómo sentirse, han llorado, reído y salido del cine preguntándose qué demonios acababan de ver. Necesitan procesar lo vivido. A veces nos sentimos mal cuando tenemos que hacer un coloquio justo después de la proyección, porque siento que necesitan unos minutos. Sé de gente que ha vuelto a verla tres veces, solo para procesarla. Eso, para mí, es el mayor cumplido.
P. Tanto The Brutalist como El testamento de Ann Lee están protagonizadas por emigrantes europeos en EE.UU. Como noruega, ¿cómo influye su propia experiencia?
R. Mi historia como inmigrante es de un gran privilegio. Hace poco he conseguido la ciudadanía estadounidense. Estuve en una sala con 140 inmigrantes de 40 países distintos.
»La jueza que nos tomó juramento, nieta de inmigrantes polacos que escaparon de los nazis, nos habló con la voz temblorosa sobre la libertad de expresión, la protección de la democracia y la obligación de votar. Estoy segura de que había dado ese mismo discurso muchas veces antes, quizás una vez a la semana, pero en este momento en EE.UU. esas palabras tienen un significado diferente.
»La democracia está siendo atacada. Es aterrador. Vivo allí, pero siempre tendré un pie en Europa, donde he rodado todas mis películas. Eso me permite combinar el sistema privado de financiación estadounidense con incentivos y fondos europeos. Pero ya veremos cuánto dura esta situación.
Amanda Seyfried, en 'El testamento de Ann Lee'
P. Esta película también es, como The Brutalist, una metáfora sobre el oficio de cineasta.
R. Las semejanzas son fáciles de apreciar. La diferencia clave es que una es una experiencia masculina y la otra femenina. Para Laszlo, su legado es algo fundamental. Sabe que sus edificios permanecerán después de que haya muerto. Es algo que conecta con nuestra experiencia como artistas y con el ego.
»Ann Lee, en cambio, fue casi borrada de la historia. No le interesaba el legado personal, sino crear comunidad, un espacio para compartir. Es algo común a muchas líderes femeninas a lo largo de la historia, que han trabajado desde ese lugar: haciendo un trabajo inmenso e invisible.
P. ¿Achaca las diez nominaciones al Oscar para The Brutalist, dirigida por su marido, y la nula representación de El testamento de Ann Lee a eso precisamente?
R. Quizá pese un componente de género. Hay una familiaridad respecto a la historia de Laszlo que la hace más llevadera, aunque la película sea radical en otros aspectos.
»Esta nueva historia incomoda mucho a cierta gente. En Venecia, 15 hombres se levantaron y se fueron durante la secuencia del parto. ¿Está la Academia predominantemente formada por hombres blancos de mediana edad? Sí. ¿Es ese mi público principal para esta película? Probablemente no.
»Pero mucha gente está viendo el filme independientemente de las nominaciones y la recepción crítica ha sido impresionante. No hacemos las películas por eso, obviamente, pero los textos están siendo tan reflexivos, tan inteligentes… La audiencia está dialogando con ella, aunque sea doloroso.
P. Hoy día quedan tres shakers en el mundo. ¿Cree que les agradará su película?
R. No creo que la película sea para ellos ni que tan siquiera les interese. Para ellos es una religión viva, son cristianos muy devotos y tienen una interpretación diferente de su historia.