Raoul Peck. Foto: Caramel Films

Raoul Peck. Foto: Caramel Films

Cine

Raoul Peck estrena 'Orwell 2+2=5': “Contar la historia implica asumir responsabilidades”

El director de 'I Am Not Your Negro' y 'El joven Karl Marx' estrena un documental que reivindica el compromiso anticolonial del autor de '1984', con imágenes de archivo y actuales de Gaza y del ascenso del autoritarismo.

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Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953) se ha convertido en la gran voz fílmica que clama contra los desastres del colonialismo.

Nacido en uno de los países más pobres, Haití, con un 80 % de la población por debajo del umbral de la pobreza, Peck debutó en el largometraje con la ficción Haitian Corner (1988). En ella reflejaba el calvario de un exiliado en Nueva York, traumatizado por las torturas sufridas durante un encarcelamiento por motivos políticos.

Ha sido el documental, sin embargo, el lugar en el que Peck ha brillado, realizando una serie de retratos de figuras políticas e intelectuales que han defendido a los “desposeídos”.

A Lumumba, el presidente del Congo asesinado tras una breve y revolucionaria presidencia, le dedicó un documental en 1990 y una ficción en el 2000. Y, en tiempos más recientes, ha rescatado la importancia histórica del escritor y activista afroamericano James Baldwin en I Am Not Your Negro (2016) y del fotógrafo que plasmó el apartheid en Ernest Cole: Lost and Found (2024).

Orwell 2+2=5 reivindica el compromiso anticolonial de uno de los escritores más célebres del siglo XX, el británico George Orwell, autor de la titánica 1984 (1949), en la que prefiguraba el mundo moderno de la hipervigilancia digital, u Homenaje a Cataluña (1938), sobre sus días como brigadista internacional en la guerra civil española.

En su película, Peck se centra en la experiencia de juventud del escritor en Birmania, donde sirvió como policía del gobierno imperial británico, algo que reflejó con crudeza en Los días de Birmania, donde denuncia las atrocidades del colonialismo.

En el filme, Peck mezcla imágenes de archivo con actuales, relativas a la guerra en Gaza o el ascenso de los autoritarismos, para trazar un presente aún marcado por el abuso sistemático de los débiles.

Pregunta. ¿Por qué quiso hablar de George Orwell?

Respuesta. Tenía otros autores en mi lista, pero intentar adquirir los derechos de un solo libro es extremadamente caro y complejo tal y como está la industria. En el caso de Orwell, me ofrecieron una oportunidad muy rara: podía utilizar toda su obra. Era imposible decir que no.

Una imagen de la película de Peck

Una imagen de la película de Peck

P. Orwell decía que para que los ingleses vivan bien, cien millones de indios deben vivir en la pobreza.

R. Es algo que no ha cambiado. Tenemos el mismo sistema económico. Lo vimos en Sudáfrica durante el apartheid. ¿Quién se benefició? Europa y EE.UU. Por eso sostuvieron el sistema durante décadas. Es lo mismo con Palestina e Israel. La historia no empezó el 7 de octubre. Hay cientos de resoluciones de la ONU incumplidas. Si se contara toda la historia, el punto de vista de mucha gente cambiaría. Pero contarla implica asumir responsabilidades.

P. ¿Cuándo empezó a vislumbrar la película?

R. Era indispensable que encontrara un vínculo orgánico entre el pensamiento de Orwell y mi manera de aproximarme a la historia y la política. En todos mis filmes necesito sentir una intimidad con el tema, con los personajes, y temía que Orwell no pudiera ofrecérmela. De manera que la película podría haber sido algo más intelectual, más distante. Pero finalmente logré sentirme totalmente implicado como individuo.

Una mirada universal

P. Orwell habla mucho de racismo y discriminación. ¿Encuentra puntos en común entre él y James Baldwin?

R. Absolutamente. Ambos hicieron el esfuerzo de ir a ver al otro, de salir de detrás de su escritorio. Y fueron extremadamente críticos.

»No hay un análisis más eficaz de la sociedad estadounidense que el de Baldwin, ni uno más lúcido de la inglesa que el de Orwell. Hablaron desde la experiencia, con sinceridad, modestia y una enorme fuerza. En los dos hay también una mirada universal.

Una ilustración de 'Rebelión en la granja' en la película

Una ilustración de 'Rebelión en la granja' en la película

P. Habla de una degradación de los contrapesos democráticos en la película. ¿Realmente regresa el fascismo?

R. Claramente. Hoy tenemos menos instrumentos de contrapoder. Lo vemos en EE.UU.: la administración Trump ataca a las instituciones. Es algo que rara vez se ha visto en un país que se presenta como el padre de la democracia, que se fundó sobre la idea de libertad, como la Revolución francesa. Pero esa promesa ya contenía una contradicción: ni los indígenas ni los negros estaban incluidos. Esa traición está en el origen y continúa hoy.

P. ¿Qué es lo que ha cambiado realmente entonces?

R. Las capacidades de respuesta y de defensa. Mucha gente se ha vuelto incrédula frente a los grandes discursos. No votan. Se refugian en el bienestar personal, en el “yo”. El mundo se ha vuelto más egoísta.

»Además, hay una fragmentación extrema de las identidades. Reunir a todos alrededor de un combate común es muy complicado, sobre todo en un mundo saturado de imágenes, de fake news, de estímulos no palpables.

P. Usted viene de Haití. ¿Cree que su origen ha marcado su vocación por un cine político?

R. No hay elección posible. Cuando vienes de un país como Haití, cuando eres negro en un contexto europeo o americano, o aceptas el lugar que te asignan o te defiendes. Yo aprendí a defenderme. Incluso dentro de la izquierda.

P. ¿Haití sigue desangrándose en el caos?

R. Haití es el resultado de su historia. Fue la primera república negra del mundo, en 1804. Venció a los ejércitos napoleónicos, británicos y españoles. Sin Haití no habría independencia en América Latina: armamos y financiamos incluso a Bolívar. Por eso Haití es respetado en América Latina y silenciado en Europa y EE.UU.

»Además, Haití tuvo que pagar una deuda a Francia –el equivalente a casi 100.000 millones de euros actuales– durante más de un siglo para compensar a los antiguos esclavistas. Cuando un Estado paga una deuda así, no hay dinero para escuelas u hospitales.