Abdallah Alkhatib y Taqiyeddine Issaad con el Premio al mejor debut por 'Chronicles From the Siege'. Foto: EFE/EPA/CLEMENS BILAN

Abdallah Alkhatib y Taqiyeddine Issaad con el Premio al mejor debut por 'Chronicles From the Siege'. Foto: EFE/EPA/CLEMENS BILAN

Cine

Batalla campal en el Festival de Berlín: así fue una gala de clausura en la que el Oso de Oro fue lo de menos

Sobre el escenario en el que se entregaron los premios se enfrentaron dos Berlinales, en la práctica, irreconciliables.

Más información: 'Yellow Letters' del turco-alemán İlker Çatak, Oso de Oro a mejor película de la Berlinale

Berlín
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Anoche se enfrentaron sobre el mismo escenario dos Berlinales, en la práctica, irreconciliables.

Berlinale #1

La primera es la institución bien puesta, la que reparte los tiempos y se presenta con discursos escritos hasta el agotamiento y leídos directamente del prómpter, de aquellos que sacan toda la punta a la elocuencia con declaraciones precocinadas para reel.

La directora artística Tricia Tuttle y el presidente del Jurado Oficial Wim Wenders representan esta primera Berlinale. Esta es, asimismo, la Berlinale educada pero inamovible, la que se disculpa sin sentirlo, casi como otra formalidad.

Cuestionada una semana atrás en la carta que 81 personalidades del mundo del cine publicaban en denuncia de la “complicidad”, el “silencio” y la “censura” del certamen para con el genocidio en Gaza, anoche Tuttle pedía “abrazar la crítica, porque forma parte de la democracia. También lo es el desacuerdo”.

La presentadora de la gala Desiree Nosbusch y la directora artística de la Berlinale Tricia Tuttle. Foto: EFE/EPA/CLEMENS BILAN

La presentadora de la gala Desiree Nosbusch y la directora artística de la Berlinale Tricia Tuttle. Foto: EFE/EPA/CLEMENS BILAN

“Este año también hemos sido cuestionados públicamente, y eso es bueno. No siempre se siente bien, pero es bueno porque significa que la Berlinale es importante para la gente”, afirmaba la directora artística.

Pero Tuttle guardaba el “pero”, escondido tras un alegado gesto de reconocimiento: “Esta Berlinale se ha celebrado en un mundo vulnerable y fracturado, y mucha gente llegó con mucho dolor, rabia y cierta urgencia por el mundo en el que vivimos, tanto fuera como dentro de las salas de cine. Estos sentimientos son muy reales y pertenecen a nuestra comunidad”.

Permitidme que la distinga en sus palabras un cierto paternalismo relativizador. El posicionamiento político claro no es cuestión de opiniones, sino de responsabilizarse para con los hechos probados.

Y remataba con un –ahí sí, realmente ofensivo–, “si ha sido una edición emocionalmente cargada no es un fracaso de la Berlinale, sino sólo la Berlinale haciendo su trabajo, del cine haciendo su trabajo”. “Emocionalmente cargada” supone equiparar una crítica con argumentos como simple producto de un arrebato de emoción. Es luz de gas de manual.

Berlinale #2

Luego, estaba la Berlinale de la oposición. Eran todas aquellas voces que, a lo largo del día (los premios de secciones paralelas se entregan por la mañana), han aprovechado la tarima para reivindicar alto y claro el genocidio que el certamen se niega a admitir.

Uno de ellos era Fernando Eimbcke, Premio del Jurado Ecuménico por Moscas: “Uno de los cineastas más importantes, Jean-Luc Godard, dijo que no se trata de hacer cine político, sino de hacer cine políticamente. Charles Chaplin dijo que las películas no deben de mandar mensajes, que los mensajes deben darse desde el atril. Por eso ahora aprovecho mi posición”, recordando los más de 17 mil niños asesinados en Gaza los últimos dos años.

Por la noche, el conflicto entre la Berlinale bien puesta y la contestataria estallaba con la aparición de Abdallah Alkhatib, director de Chronicles From the Siege, al escenario. Vestido con una kufiya, ha señalado directamente a Tricia Tuttle, apuntando que él no leería de un prómpter:

Palestina recuerda. Recuerda a todo el mundo que nos dio apoyo, y a quien estuvo contra nosotros, contra nuestro derecho de vivir con dignidad y a todos quienes escogisteis el silencio”.

Y ha dirigido un puñal a las instituciones públicas alemanas: “Me dijeron que debería tener cuidado con lo que voy a decir ahora, por ser un refugiado palestino en Alemania y porque hay muchas líneas rojas. Pero no me importa, me importa mi gente. Mis últimas palabras son para el gobierno alemán. Sois socios del genocidio israelí en Palestina. Creo que sois suficientemente inteligentes para reconocerlo, pero habéis decidido que no os importe”.

Desde el patio de butacas, las dos Berlinales han arrancado en gritos y abucheos mutuos, que la presentadora de la gala, la actriz Désirée Nosbusch, apenas ha podido contener sin romper a llorar.

Berlinale #3

Por último está la tercera Berlinale; la más representada. Era la faceta abanderada por el discurso de elastano, el que utiliza ideas sólo medio precisas y que, por lo tanto, nunca falla.

El ganador del Oso de Oro, İlker Çatak (por el drama familiar Yellow Letters) confesaba haberse preparado “un discurso político, pero permitidme que no lo lea. Aquí hay tanta gente inteligente, que ha dicho cosas tan acertadas…”.

Ideas parecidas improvisaba Sandra Hüller, Oso de Plata a la Mejor Interpretación Principal: “Todo lo que decís es verdad, todo. Me parece muy destacable estar en una sala llena de gente que dice tantas verdades”. Es la tercera vía.

El principal apelado, Wim Wenders, también querría incluirse en este último grupo, el de la equidistancia. “Tenemos que hablar sobre la discrepancia artificial que ha sucedido aquí, en Berlín”, arrancaba, catalogando la diferencia en las perspectivas de cada posición en el debate como sólo “lenguajes diferentes”.

Según Wenders, cineastas, críticos, periodistas y políticos, así como usuarios de internet, hablan cuatro idiomas distintos. Su postura pasa por terminar con “el debate sobre qué lengua debería tener la soberanía de la interpretación de este festival”, admitiendo una convivencia productiva.

Eso es algo que él mismo se encargó de descartar en su polémico discurso sobre cómo “el cine debería ser todo lo opuesto a la política”, en tanto que radicalizaba dos extremos que se repelen mutuamente.

Hoy ha apelado, en cambio, a la simbiosis: “No es una competición, es una alianza”, decía, presuponiendo una jerarquización de los temas que, por otra parte, nunca se ha defendido desde la parte contestataria.

La clausura del año pasado se desarrolló el día antes de las elecciones alemanas, en las que la ultraderecha de la AfD acabó posicionándose como segunda fuerza política. Ante una amplitud acrítica, negacionista o desconcertada, los monstruos se nos cuelan.

Y, en fin, resulta sintomático de una competición oficial demasiado heterogénea –si no directamente indefinida– que el palmarés hoy sea la última de nuestras preocupaciones. Porque el debate nos importa, pero más nos gustan las películas.

A continuación, la lista de obras ganadoras:

Oso de Oro a la Mejor Película

Gelbe Briefe (Yellow Letters), de İlker Çatak

Gran Premio del Jurado

Kurtuluş (Salvation), de Emin Alper

Premio del Jurado

Queen At Sea, de Lance Hammer

Mejor Dirección

Grant Gee por Everybody Digs Bill Evans

Mejor Interpretación Protagonista

Sandra Hüller, por Rose de Markus Schleinzer

Mejor Interpretación de Reparto

Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, por Queen At Sea de Lance Hammer

Mejor Guion

Nina Roza, de Geneviève Dulude-de Celles

Oso de Plata a la Contribución Artística

Anna Fitch y Banker White, por Yo (Love is a Rebellious Bird) de Anna Fitch y Banker White