Elio Germano y Alba Rohrwacher en 'Tres adioses'
'Tres adioses': Isabel Coixet viaja a Roma para añadir un aire de fábula a su intimismo naturalista
El espíritu cosmopolita y la mirada frontal a la aflicción humana se dan la mano en esta nueva incursión de la directora en los claroscuros de la experiencia femenina.
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Después de transitar por las calles de Portland en Cosas que nunca te dije (1996), por las afueras de Vancouver en Mi vida sin mí (2003), por los karaokes nipones en Mapa de los sonidos de Tokio (2009), y por la tundra groenlandesa en Nadie quiere la noche (2015), Isabel Coixet (Barcelona, 1960) prosigue su vuelta dramática al mundo con un recorrido por las avenidas y callejuelas de Roma en Tres adioses, su angustiada y a la vez serena adaptación de Tres cuencos (Altamarea, 2025), el último libro de la novelista italiana Michela Murgia, fallecida en 2023 tras una larga lucha contra una enfermedad renal.
Así, el espíritu cosmopolita y la mirada frontal a la aflicción humana se dan la mano en esta nueva incursión de Coixet en los claroscuros de la experiencia femenina. Se trata de una odisea existencial registrada a escala microscópica, aunque también podría verse como la versión fílmica de una sonata, donde los dos temas contrastantes de la forma musical serían aquí la congoja sentimental, en toda su agitación, y la asunción de una fatalidad, confrontada con sosiego y pundonor.
La protagonista de Tres adioses –una película que arranca con una ruptura matrimonial y que telegrafía un proceso de autodescubrimiento– es Marta, una profesora de instituto a la que da vida la florentina Alba Rohrwacher, una actriz que maneja con discreción y virtuosismo sus ademanes quebradizos y un fulgor interior que desborda los límites de la pantalla –si sus facciones no proclamaran con tanta elocuencia sus raíces germánicas y latinas, se diría que estamos ante la Gena Rowlands de nuestro tiempo–.
Pero cabe señalar que Rohrwacher no atraviesa en solitario el campo de minas afectivo que perfila Tres adioses, sino que aparece bien flanqueada por el actor Elio Germano, que añade una pizca de garra a la lánguida ensalada emocional del filme, y por el infalible Francesco Carril, que encarna a un iluso romántico que bien podría haberse escapado de una comedia de Nanni Moretti.
En su perenne discurrir por la frontera que separa la sutilidad del drama y el arrobamiento del melodrama, el cine de Isabel Coixet tiende a conducir a sus protagonistas a un estado de parálisis, una potencial carencia de agencia que no combina demasiado bien con la poética translúcida de la autora barcelonesa.
Por suerte, Tres adioses logra esquivar en parte estos peligros gracias a unos giros narrativos afortunados, que combinan un factor de empoderamiento con unos bienvenidos toques de humor. Ahí está, por ejemplo, la fijación del personaje de Marta con un icono pop surcoreano, o también el resurgir de la pulsión amorosa, que aparece ribeteada con una elipsis espectacular.
En definitiva, después de sus heterogéneas adaptaciones de novelas de Sara Mesa, Philip Roth o Penelope Fitzgerald, Coixet vuelve a demostrar en Tres adioses que su marcado sello estilístico –un intimismo de aliento naturalista– admite sugerentes variaciones: en este caso, un deje fabulístico y unas dosis extraordinarias de fortaleza estoica.
Tres adioses
Dirección: Isabel Coixet.
Guion: Enrico Audenino, Isabel Coixet.
Intérpretes: Alba Rohrwacher, Elio Germano, Francesco Carril, Sofia D’Elia, Silvia D’Amico.
Año: 2025.
Estreno: 6 de febrero