Charlize Theron y John Lightgow

Charlize Theron y John Lightgow

Cine

'El escándalo': Las batallas del #metoo

El director Jay Roach prefiere ensalzar la voluntad y la fuerza de las tres mujeres que se enfrentaron a Roger Ailes, director de Fox News, a resaltar los aspectos más sórdidos de la historia

7 febrero, 2020 10:28

La era del #metoo ha supuesto una revolución cuyas verdaderas consecuencias quizá aun es pronto para calibrar en su justa medida. Fue la investigación de Ronan Farrow para New Yorker sobre los desmanes de Harvey Weinstein la que levantó la veda de un movimiento sísmico que ha puesto contra las cuerdas a algunos de los hombres más célebres y famosos del mundo. Es posible que muchos espectadores españoles no conozcan al otrora todopoderoso Roger Ailes, el villano de El escándalo, fundador y director de la cadena de noticias conservadora Fox News hasta 2016, pocos meses antes de su muerte en Florida por una accidente doméstico. Respuesta a la “progresista” CNN, la cadena de Ailes fue adquirida por Rupert Murdoch, el magnate de la prensa de derechas anglosajona, en los años 90 para convertirse en una poderosísima maquinaria mediática que jugó un papel determinante en la elección de Donald Trump como presidente y en el rearme ideológico de los conservadores de Estados Unidos. El imperio de Ailes, que dirigía la cadena con una mezcla entre paternalismo, brutalidad y machismo, se hizo pedazos cuando varias empleadas (todas rubias) lo acusaron de acoso sexual.

Tres de las más grandes actrices de Hollywood protagonizan la película. Charlize Theron se mete en la piel de Megyn Kelly, periodista que alcanzó fama mundial cuando se enfrentó a Trump en uno de los debates entre los aspirantes republicanos a la nominación presidencial provocando en el hoy mandatario una reacción de furia tuitera que la convirtió en la diana de una campaña de odio por parte de sus seguidores. Nicole Kidman, por su parte, da vida a Gretchen Carlson, otra de las estrellas de la cadena, la primera que se atrevió a alzar la voz contra su jefe y puso la primera denuncia después de ser despedida. Y Margot Robbie interpreta a Kayla Pospisil, la más joven de las tres, una chica de provincias proveniente de una familia conservadora que considera a Papá Noel “comunista” y ve cómo su sueño de trabajar para su cadena predilecta se convierte en una pesadilla cuando el octogenario Ailes (John Lightow) le pide favores sexuales a cambio de una promoción.

A ritmo de Bad Guy, la canción de Billie Eillish que acaba de ganar el Grammy, el director Jay Roach (Austin Powers) cuenta la historia a modo de sátira para poner en evidencia la debilidad moral de un liderazgo que parecía tan sólido como el de Ailes, el hombre que susurraba al oído de los presidentes y se jactaba de marcar la conversación política del país. A través de estas tres historias, que cada una de las protagonistas vive sin casi comunicarse con las otras víctimas, Roach prefiere ensalzar la voluntad y la fuerza de estas mujeres a resaltar los aspectos más sórdidos. Eterna revisión del mito de David contra Goliat, lo que vemos en El escándalo es cómo Carlson, Kelly y Posipil encuentran el coraje para enfrentarse a un hombre cuya sola mención provoca pánico entre los empleados y que parecía tan intocable como ese Weinstein que ha pasado de ser el productor más importante del mundo a un paria.

Sorprende ver una película basada en acontecimientos tan recientes donde se explican acontecimientos históricos como la propia elección de Trump, con el que Fox News llegó a un acuerdo tácito de conveniencia mutua. Roach propone una mirada vitriólica a las tensiones y los miedos que atenazan a los miembros de una redacción que trata de amoldarse como puede al estilo de una cadena que ha convertido el alarmismo en su razón de ser. En Fox News, el país siempre está al borde del precipicio moral y los comunistas pueden volver a aparecer en cualquier momento para destruir lo “más sagrado de América”. Un tono que busca con contundencia la confrontación política creado por un hombre como Ailes, al que nadie puede negar su olfato para convertir la información en espectáculo, que se pasa la vida haciendo comentarios machistas y contrata a sus reporteras por la belleza de sus piernas. Más allá de los casos más extremos de cariz criminal, quizá la verdadera revolución del #metoo tenga que ver con lo cotidiano, la forma en que se habla y se establece un marco común de conveniencia en los entornos laborales donde las mujeres, sencillamente, no sean consideradas un trozo de carne.

@juansarda